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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tres islas, un solo mar turquesa: el archipiélago donde las mantarrayas se dejan tocar

Gran Cayman, Little Cayman y Cayman Brac concentran más de 600 firmas bancarias, playas de arena fina y un banco de arena donde los animales gigantes se acercan a los visitantes a centímetros. Un recorrido por el territorio caribeño que alguna vez fue bautizado Las Tortugas.

Por Paula IturriozAmbiente y agua · · hace 42 d
Tres islas, un solo mar turquesa: el archipiélago donde las mantarrayas se dejan tocar

Desde el aire, las Islas Caimán se estiran como una franja verde rodeada por un mar que cambia de color según la profundidad: turquesa pegado a la costa, azul intenso hacia el horizonte. El archipiélago reúne a más de sesenta mil habitantes provenientes de más de cien países y está compuesto por tres islas principales —Gran Cayman, Little Cayman y Cayman Brac— que suman playas de arena blanca, agua tibia durante buena parte del año y una red de puntos de buceo reconocida a nivel internacional, con arrecifes poco profundos, naufragios históricos y túneles submarinos que llevan hasta el paredón de Bloody Bay.

Playas, arrecifes y un banco de arena con mantarrayas

La playa más visitada es la de Siete Millas, en Gran Cayman, donde la arena fina y la temperatura estable del agua atraen a quienes practican snorkel o paddleboarding sobre la superficie. Bajo el mar, la oferta varía de isla en isla: en Gran Cayman abundan los naufragios históricos y los arrecifes de poca profundidad; en Little Cayman, los túneles y las grietas que desembocan en el arrecife de Bloody Bay; en Cayman Brac, un buque de guerra hundido junto a bancos de peces. A pocos kilómetros de la costa, sobre un banco de arena, vive una colonia de mantarrayas acostumbradas a la presencia humana desde hace más de cuatro décadas: el hábito comenzó cuando los barcos pesqueros descartaban allí los restos de sus capturas y los animales aprendieron a acercarse a las embarcaciones. Hoy los tours llevan a los visitantes al agua y los ejemplares, de entre dos y cinco metros de largo, nadan entre las personas, los rozan y se dejan observar a centímetros de distancia. Los guías, dicen los operadores, conocen a cada una por nombre.

George Town, la capital, concentra los comercios, los muelles donde atracan los cruceros y el Museo Nacional, una construcción pequeña frente al mar que repasa la historia del archipiélago. El nombre original del lugar fue Las Tortugas, impuesto por exploradores europeos alrededor de 1503 que encontraron gran cantidad de esos animales en las costas; hacia 1530 la denominación derivó hacia los caimanes que habitaban las aguas, y así quedó registrado. La misma ciudad funciona como el centro financiero del territorio, con más de seiscientas firmas bancarias registradas, una estructura offshore que convive con el turismo de playa y de buceo en un espacio geográfico muy reducido.

La gastronomía refleja la mezcla de orígenes de su población: arroces, guisos, pescados fritos y platos picantes conviven en los menús, y los domingos la tradición local incluye un brunch extendido después de la misa en las pequeñas iglesias del archipiélago. Como detalle pintoresco que se repite en las guías locales, las gallinas caminan sueltas por calles y jardines, en una escena que resume el pulso tranquilo de un territorio donde conviven el dinero offshore, el turismo internacional y una naturaleza marina que sostiene buena parte de su economía. Lo que falta, del lado ambiental, es discutir en serio cuánto turismo aguanta ese banco de arena donde las mantarrayas aprendieron a confiar en los seres humanos.

PI
Paula IturriozAmbiente y agua

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