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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tres clásicos y una misma puerta de entrada al catálogo de Filmin

La pasión de Juana de Arco, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y El padrino funcionan como mapa para recorrer la plataforma: hay juicios, pánico atómico y mafia, y a partir de ahí se abren géneros, directores y elencos que vale la pena revisitar.

Por Florencia CabralCultura y espectáculos · · hace 20 d
Tres clásicos y una misma puerta de entrada al catálogo de Filmin

Me gusta imaginar al espectador entrando a Filmin como si cruzara la puerta de una sala de cine vieja, con la-wait, mejor dicho, con esa mezcla de curiosidad y respeto que da enfrentarse a un catálogo que no apuesta a lo fácil. La plataforma reúne ahora un puñado de clásicos que, lejos de competir entre sí, terminan dibujando un recorrido coherente por formas muy distintas de entender el lenguaje cinematográfico. Tres títulos funcionan como llave de entrada: La pasión de Juana de Arco, de 1928; ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de 1964; y El padrino. A partir de ellos, la oferta se abre hacia la comedia, el western, el cine negro y la ciencia ficción, con autores y elencos que todavía hoy siguen dando que hablar.

Un juicio, una guerra que empieza con un botón y una familia

La pasión de Juana de Arco, dirigida por Carl Theodor Dreyer, es de esas películas que se ven casi como un acto de fe: la cámara se pega a los rostros de Maria Falconetti, Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y Antonin Artaud, y lo que cuenta es menos el relato histórico del proceso a la joven francesa y más el peso de cada gesto, de cada mirada, de cada gota de sudor que baja por la cara de Falconetti mientras responde a sus acusadores. La propuesta visual hace del juicio un terreno íntimo, casi doméstico, y deja al espectador sin escapación: no hay adornos, no hay música que distraiga, hay caras y hay silencio.

Algo muy distinto propone Stanley Kubrick en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, una sátira de 1964 que toma el pánico nuclear de la Guerra Fría y lo convierte en absurdo. Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn se mueven en un mundo donde la posibilidad de un apocalipsis se trata con la misma liviandad con la que se habla del clima, y esa decisión es la que hace que la película siga pinchando cuarenta años después de su estreno. Kubrick eligió el humor como herramienta para hablar de algo que daba, y sigue dando, mucho miedo.

El padrino completa la mesa con una lectura muy distinta de la violencia: la de Francis Ford Coppola, que en 1972 puso a Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton dentro de una familia donde el sueño americano se construye, también, a partir de sombras. La película trabaja con contrastes de luz muy marcados y con una puesta en escena que estiliza la violencia hasta volverla casi ceremonial, y ahí está parte de su potencia: no muestra el golpe, muestra lo que el golpe deja en los ojos de quien lo recibe.

  • Buster Keaton, con una comedia que cruza el gag físico con elementos fantásticos y sigue funcionando como relojito.
  • Fritz Lang, con una propuesta de ciencia ficción que nace del expresionismo alemán y todavía conversa con el cine actual.
  • Ida Lupino, con una película de suspenso de 71 minutos que concentra toda la tensión dentro de un auto, sin respiro.

Me quedo pensando que esa última opción de Ida Lupino es, justamente, el tipo de hallazgo que uno agradece en un catálogo como el de Filmin: películas que no están en todas las plataformas, que exigen del espectador cierta paciencia y que, a cambio, devuelven una experiencia distinta a la del consumo rápido. Si tengo que ser honesta, mi debilidad en esta selección es La pasión de Juana de Arco: la descubrí tarde, en una reposición, y la sensación de estar delante de un cuadro vivo que respira me sigue pareciendo una de las cosas más emocionantes que le pasaron al cine. Y a mí, en esa butaca.

FC
Florencia CabralCultura y espectáculos

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