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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Nicolas Cage, doble en una película que se escribe a sí misma mientras se filma

Adaptation, de Spike Jonze y con guion de Charlie Kaufman, toma un libro de Susan Orlean como punto de partida y convierte el trámite de adaptarlo en el verdadero asunto de la película. El actor se desdobla en dos personajes y, de paso, repasa una carrera que va del drama más crudo a la comedia más impensada.

Por Florencia CabralCultura y espectáculos · · hace 20 d
Nicolas Cage, doble en una película que se escribe a sí misma mientras se filma

Hay una escena en Adaptation que resume, mejor que cualquier texto crítico, de qué va la película: un guionista sentado frente a una máquina de escribir, mirando el vacío, convencido de que la historia que tiene entre manos es imposible de llevar a la pantalla. Lo que en otra película sería un arranque dramático, acá es el motor de todo lo que viene después. La sala donde transcurre la proyección -una sala oscura, con esa incomodad linda que tienen los cines de barrio un martes a la noche- funciona como el mejor espejo de lo que Spike Jonze decidió poner en escena: el momento exacto en que una obra literaria empieza a dejar de ser un libro para convertirse en otra cosa.

El libro en cuestión es The Orchid Thief, de Susan Orlean, una periodista que se obsesiona con un coleccionista de orquídeas en los pantanos de Florida. Charlie Kaufman, el guionista, recibió el encargo de convertirlo en película y, en lugar de simplificarlo, lo que hizo fue meter su propia crisis creativa dentro del guion. Así, Adaptation termina contando dos historias a la vez: la de Orlean investigando a su obsesivo personaje y la del propio Kaufman peleándose con la página en blanco. El resultado es un filme que se piensa a sí mismo mientras se filma, algo que en la pantalla grande no se ve todos los días.

Cage por dos, y un oficio que se nota

En ese juego de espejos, Nicolas Cage hace un trabajo que a mí, particularmente, me sigue pareciendo de los más arriesgados de su carrera: interpreta al mismo tiempo al guionista Charlie Kaufman y al hermano gemelo del guionista, Donald Kaufman, un personaje ficticio que el propio guion se encarga de aclarar que no existió. La diferencia entre uno y otro no se apoya en el maquillaje ni en el vestuario, sino en el ritmo interno de cada uno, en la manera en que cada cuerpo ocupa el espacio. Mientras Charlie se encorva y duda, Donald avanza, propone, festeja cada idea como si fuera un gol. Es un recordatorio de que Cage, mucho antes de convertirse en meme de internet, era un actor capaz de cargar una película entera con nada más que dos formas de respirar distintas.

Y esa capacidad no aparece de un día para el otro. Si uno repasa su trayectoria, encuentra al Cage que se llevó el Óscar por Leaving Las Vegas, hundiéndose en un pozo de alcohol con una precisión que todavía duele; al paramédico agotado de Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), donde Martin Scorsese y Paul Schrader lo meten en las calles nocturnas de Nueva York para mostrarle el deterioro físico y mental como un paisaje; o al hombre del tiempo de El hombre del tiempo (The Weather Man, 2005), de Gore Verbinski, que mezcla comedia y drama con la desilusión como tema central. En todos esos papeles hay un denominador común: la sensación de que el cuerpo del actor está contando algo que las palabras del guion todavía no terminaron de decir.

Lo que más me gusta de Adaptation, y se lo confieso a quien esté leyendo, es que no necesita que el espectador haya leído el libro de Orlean para funcionar. La película entiende algo que muchas adaptaciones olvidan: lo importante no es contar el libro tal cual, sino decidir qué se queda afuera y por qué. Kaufman eligió quedarse con el vértigo creativo, con la duda, con la sensación de que adaptar también es traicionar un poco. Y Jonze tradujo todo eso a imágenes que respiran, que se toman su tiempo, que permiten que un Nicolas Cage doble se luzca sin necesidad de estallidos.

En un Hollywood que suele resolver las adaptaciones simplificándolas, esta película sigue siendo una rareza: se anima a mostrarse en pleno trabajo, con las costuras a la vista, y por eso sigue vigente más de dos décadas después de su estreno. Si nunca la vieron, vale la pena buscarla. Y si ya la vieron, la pregunta queda flotando, como tiene que quedar en las buenas notas: ¿cuál de todas las caras de Nicolas Cage les gustaría volver a encontrar en la pantalla?

FC
Florencia CabralCultura y espectáculos

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