Una mujer lesionada en el sendero al Frey y la pregunta que vuelve cada verano: ¿estamos listos para la montaña?
Un operativo de casi siete horas en el Parque Nacional Nahuel Huapi volvió a poner el foco en el Registro de Trekking, los tiempos de caminata y el equipo mínimo. Claves para que una salida termine en el refugio y no en una camilla.
Son cerca de las doce del mediodía del sábado y el termómetro en Bariloche ya pasó los veintipocos grados, con ese sol finito que pincha en la nuca y un viento que todavía no termina de decidirse. En el kilómetro siete del camino a Villa Catedral, un grupo de senderistas se detiene a estirar las piernas antes de meterse en la picada al refugio Frey. Llevan botellas, frutos secos, buen calzado. Algunos ya completaron el Registro de Trekking en la web del parque, otros todavía no. Pienso en ellos mientras releo el parte que mandó la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi: una mujer de 36 años, de Buenos Aires, llamó al 911 desde el sendero, con una lesión en la pierna, entre el cruce a Playa Muñoz y el último tramo de ascenso al refugio. Iba con familiares y amigos, tenía el registro al día y, aun así, terminó en camilla.
Lo que siguió fue un operativo que se extendió casi siete horas, con un despliegue que mezcla oficios distintos y una logística que no aparece en las postales de la montaña. Participaron siete brigadistas del Departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias del parque, dos guardaparques de Zona Centro y seis integrantes de la Comisión de Auxilio, incluido un paramédico. Los equipos subieron en un camión URO y una camioneta RAM, estabilizaron a la turista en el lugar y la bajaron en camilla varios kilómetros hasta Playa Muñoz. Una embarcación la llevó a la seccional, donde esperaba una ambulancia que la dejó en el hospital pasadas las 19:30, en buenas condiciones. La cordillera, en estos casos, no distingue entre un miércoles y un sábado: cuando alguien se lastima lejos del refugio, se activa una cadena que mueve gente, combustible, tiempo y, sobre todo, paciencia.
Por qué el Frey sigue siendo protagonista
La caminata al Frey es una de las más pedidas de la zona andina. Son alrededor de once kilómetros de ida, con desnivel fuerte, tramos de raíz, roca suelta y sectores donde la huella se pierde si no se conoce. Mucha gente la subestima porque el primer tramo parece accesible, y porque el clima del lago invita a confiarse. En eso coincide Miguel, un vecino de Villa Los Coihues que cada temporada hace el trayecto y conoce el filo entre una buena jornada y una mala decisión. Miguel me dice, mientras prepara su mochila, que lo más difícil no es caminar, sino parar a tiempo: uno siempre puede un poco más, y ese un poco más es el que termina en una llamada al 911. La Intendencia del parque advierte que el rescate del sábado no fue un hecho aislado: en los días previos hubo otras intervenciones por visitantes que encararon actividades de montaña sin contemplar lo que el recorrido realmente pide.
Los cuatro pilares que repiten las autoridades del parque
- Registro de Trekking al día, completado antes de salir: es lo primero que mira un equipo de rescate cuando recibe un alerta y el dato clave para ubicar a una persona si no vuelve en el horario previsto.
- Cálculo realista de los tiempos, pensando en las horas de luz para el regreso y no solo para la ida, porque en la montaña el día se cae mucho antes de lo que parece.
- Equipamiento adecuado al terreno: calzado con suela de agarre, ropa de abrigo impermeable, mochila con agua y alimentos suficientes, y un kit básico de emergencia.
- Evaluación honesta de las propias capacidades físicas antes de elegir un recorrido de dificultad alta, porque la montaña no se negocia con el entusiasmo del primer día.
Estas cuatro puntas, remarcan desde el parque, no evitan todos los accidentes, pero acortan los tiempos de respuesta y mejoran las condiciones en que los equipos de emergencia pueden trabajar. Una persona registrada, con tiempos previstos, buen equipamiento y un recorrido acorde a lo que su cuerpo tolera, le facilita la tarea a los brigadistas y, sobre todo, se facilita su propia salida. En el parte oficial lo resumen con una idea que conviene tener siempre a mano: quien sale de la montaña sin contratiempos no es el que corre más, sino el que planifica mejor.
Vuelvo a la imagen del grupo detenido en el acceso a la picada. Algunos ya miran el reloj, otros ajustan los cordones, y casi todos se preguntan cuánto falta para el primer tramo de bosque. Les queda una jornada larga, con un cielo que todavía está limpio pero que a la tarde puede cambiar, como pasa siempre en esta parte de la cordillera. Antes de empezar a subir, la recomendación es tan simple como repetida: registrarse, calcular tiempos, revisar la mochila y mirarse por dentro. La diferencia entre volver a tiempo a casa y terminar en una camilla suele estar en esos cuatro pasos que, en Bariloche, ya forman parte del manual del buen caminante.
