Una lección de orquesta que se mira y se escucha: la Sinfónica de Neuquén abre sus puertas con Nelson Castro como guía
El viernes 2 de octubre, en el Cine Teatro Español, el periodista y director invitado comparte escenario con Andrés Tolcachir para recorrer los instrumentos de la formación mientras suena Ravel, Rossini, Sibelius y Gershwin.
El otoño neuquino se instala con sus tardes tibias y un viento que baja desde el río, y esta noche del viernes 2 de octubre la ciudad tiene una cita distinta en el corazón del centro: a las 21, las puertas del Cine Teatro Español se abren para una velada que promete algo más que un concierto, porque la Orquesta Sinfónica de Neuquén, bajo la dirección de Andrés Tolcachir, comparte escenario con un invitado de lujo, Nelson Castro, que además de su cara conocida en los noticieros se formó como director de orquesta, y que va a guiar al público por un recorrido sonoro y didáctico a la vez, en lo que la Fundación BPN bautizó como Lección de Orquesta.
La idea es bien sencilla y a la vez novedosa para una ciudad que no suele tener este tipo de propuestas a la vuelta de la esquina: mientras los músicos ejecutan las páginas más reconocibles del repertorio clásico, Castro va explicando qué hace cada instrumento, cómo se agrupa en una formación de este tamaño, y por qué cada obra suena como suena, de modo que el espectador sale del teatro no solo con el oído satisfecho sino también con una idea más clara de lo que escuchó, una invitación a volver, y la sensación de haberse llevado algo nuevo bajo el brazo.
El programa de la noche
- Obertura de Guillermo Tell, de Gioachino Rossini, ese arranque vibrante que muchos asocian con las viejas películas del Oeste y que aquí funciona como una declaración de principios.
- Boléro, de Maurice Ravel, la pieza que empieza pianissimo y termina sacudiendo las butacas con su pulso obsesivo.
- Finlandia, Op. 26, de Jean Sibelius, un himno que suena a amanecer patagónico, con su brass de entrada y su melodía que se queda dando vueltas.
- Un americano en París, de George Gershwin, con sus claxons, su blues y su perfume a calles europeas después de la guerra.
Marta, vecina del barrio Centro, pasa por la boletería y cuenta mientras espera su turno que siempre le gustó la música clásica pero que nunca se animó a ir sola a un concierto sinfónico: me da como respeto, dice entre risas, pero esto de que alguien te vaya explicando mientras suena me parece una invitación para gente como yo, que quiere aprender sin quedar como tonta; por eso ni lo dudé y compré dos entradas, una para mí y otra para mi hija, y mañana a la noche nos vamos las dos juntas al Español, a ver qué pasa.
La velada tiene además un dato de color que vale la pena recordar: en septiembre de 2025, Castro debutó como director al frente de unos setecientos músicos en el Patio Cívico del Monumento a la Bandera de Rosario, donde condujo, entre otras piezas, la Marcha de San Lorenzo y se llevó una ovación de pie del público que colmó la plaza, una experiencia que le dio rodaje para plantarse ahora frente a la Sinfónica de Neuquén y para sostener el pulso de un concierto que es a la vez clase, show y encuentro.
En lo concreto, las entradas cuestan veinticinco mil pesos para el público general y veinte mil pesos para jubilados, y se venden exclusivamente en la boletería del Cine Teatro Español, de lunes a viernes entre las ocho y media de la mañana y las nueve de la noche, sin venta online, así que quien quiera asegurarse su lugar tendrá que pasar por la ventanilla; para los que no puedan ir, la función se transmite en vivo por RTN a través de YouTube, lo que vuelve a la velada accesible incluso para los seguidores de Castro que están lejos de Neuquén capital.
“Me formé como director de orquesta justamente para vivir este tipo de noches: una en la que la música se explica mientras suena y el público se va con la sensación de haber entendido algo que antes le pasaba por al lado.”Nelson Castro
La organización lleva la firma de la Fundación BPN con el acompañamiento del Gobierno de la Provincia del Neuquén, dos socios que vienen apostando a que la música sinfónica deje de ser un patrimonio de unos pocos y se transforme, de a poco, en una costumbre compartida por familias enteras, por estudiantes que se acercan por primera vez y por vecinos que, como Marta, se animan a cruzar la puerta del teatro con la excusa perfecta de una lección que se mira y se escucha al mismo tiempo, en una noche de octubre que en Neuquén ya se siente cerca del verano.
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