Una comadreja enana, una pila de leña y una lección que Cutral Co aprendió de memoria
Apareció escondida entre los troncos de una vivienda de Cutral Co y el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú la devolvió a la estepa en perfecto estado. La historia sirve para repasar, paso a paso, qué hacer cuando la fauna silvestre se cruza en el patio de casa.
La mañana en Cutral Co amanece con ese frío seco que se mete en los huesos y que ya nadie mira dos veces, porque acá, en el corazón de la provincia de Neuquén, el invierno no se anuncia: simplemente está. El cielo está gris, el viento pega de costado y en varias casas todavía se sacude la ropa que quedó tendida ayer. En una de esas viviendas, en una de esas jornadas que parecen iguales a todas las demás, alguien fue a buscar leña al fondo del patio y se topó con una sorpresa que no estaba en los planes: una comadreja enana, diminuta, aterida y perfectamente quieta, escondida como quien no quiere ser encontrada entre los troncos apilados.
Lo primero que hicieron los dueños de casa fue, justamente, lo que había que hacer: nada. No la tocaron, no la asustaron, no intentaron atraparla con un tarro ni con una manta. Llamaron al teléfono de la autoridad de fauna. Esa decisión, tan simple y a la vez tan poco frecuente, fue la que le salvó la vida al animal. María, vecina del barrio Belgrano, me lo resume con la claridad de quien ya escuchó la historia cien veces: "Yo antes agarraba cualquier cosa con una bolsa, hoy ya sabés, llamás y listo, que vengan los que saben". Esa frase, dicha mientras señala el sector de la leña, condensa el cambio cultural que la Dirección Provincial de Fauna de Neuquén viene promoviendo hace años.
Una especie que se confunde con un ratón pero no lo es
El animal en cuestión es la comadreja enana, cuyo nombre científico es Thylamys pallidior, un marsupial autóctono de los ambientes áridos y de estepa que predominan en esta parte de la Patagonia. Su cuerpo mide entre 8,5 y 12 centímetros y pesa entre 15 y 36 gramos, es decir, lo que pesan dos monedas chicas. Tiene pelaje grisáceo, vientre claro y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan un aspecto de mapache en miniatura. Por su tamaño es muy fácil confundirla con un ratón común, aunque pertenece a una familia completamente distinta: la de las comadrejas americanas, que son marsupiales y no roedores.
Es un animal nocturno, discreto, raro de ver. Se alimenta de insectos, de frutos y de pequeños animalitos que caza durante la noche. Una de sus características más curiosas es la cola prensil, que además le sirve para acumular reservas de grasa y así atravesar los períodos de frío y de escasez. Esa cola, que parece un quinto miembro, es también la que le permite colgarse de ramas y moverse por arbustos con una agilidad que sorprende a quien tiene la suerte de verla en acción, algo que no ocurre seguido.
El protocolo que siempre es el mismo
El equipo de Guardafaunas de Picún Leufú llegó a la vivienda, hizo una evaluación veterinaria con protocolo de manipulación mínima y confirmó que el ejemplar estaba en perfecto estado de salud. Poco después lo liberaron en su ambiente natural, en la estepa que siempre fue su casa. La tarea fue rápida, silenciosa y eficaz, como suelen ser estos operativos cuando el aviso llega a tiempo y el animal no fue molestado.
- No manipular al animal bajo ninguna circunstancia, ni siquiera con guantes o con una bolsa.
- No intentar retenerlo, alimentarlo ni, mucho menos, criarlo como mascota.
- Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna más cercana o al número de emergencias ambientales de la provincia.
- Evitar el contacto directo de mascotas domésticas con el ejemplar mientras se espera la asistencia.
- No mover pilones de leña, escombros ni residuos de manera brusca, porque ahí suelen refugiarse estos animales.
Desde la Dirección Provincial de Fauna de Neuquén insistieron en un mensaje que repiten hasta el cansancio y que, por eso mismo, vale la pena volver a poner por escrito: "la fauna silvestre no es mascota" y "protegerla es tarea de todos". El contacto directo, aunque sea bien intencionado, puede estresar al animal, transmitir enfermedades zoonóticas o acostumbrarlo a la presencia humana, lo que reduce de manera drástica sus chances de sobrevivir en libertad. Dejar que los profesionales intervengan es, entonces, la mejor ayuda que puede dar un vecino.
Una historia que se repite y una decisión que salva vidas
El episodio de Cutral Co no es aislado ni excepcional: cada año, con la llegada del frío, los Guardafaunas de distintas localidades neuquinas reciben decenas de llamados por hallazgos parecidos. Comadrejas, lagartijas, pichones de aves e incluso zorros chicos aparecen en galpones, garages o entre leñeras como la de esta mañana. Lo que cambió en los últimos años es la respuesta de los vecinos, que cada vez más optan por el llamado y cada vez menos por la captura improvisada. Esa transformación, silenciosa y cotidiana, es la que permite que hoy la comadreja enana vuelva a correr libre por la estepa, sin un rasguño, mientras en Cutral Co la mañana sigue gris, el viento sigue pegando de costado y la pila de leña ya tiene un hueco pequeño que nadie va a olvidar.
