Toto Kirzner y el apellido que casi no fue: la historia de cómo un locutor torpe inventó a Leo Suar
El actor contó que el nombre artístico de su padre nació de un trabalenguas en la radio, y explicó por qué él prefirió mantener su propio apellido cuando le propusieron sumarse a esa tradición familiar.
Me imagino la escena como si la estuviera viendo: un estudio de radio de los años setenta, con las luces bajas, el operador técnico acomodando los discos de vinilo y un locutor con la lengua trabada intentando decir un nombre que no le sale. Leibele Schwartz, cantante lírico de voz formidable, parado frente al micrófono, esperando a que el tipo terminara de masticar las palabras. Y el locutor, rendido, optando por lo más fácil: Leo Suárez. Así, casi sin querer, empezó todo.
Esa es la postal que Toto Kirzner reconstruyó al contar el origen del apellido artístico de su padre, el actor y productor Adrián Suar. Y la verdad es que la historia tiene una lógica casi de comedia: un nombre que nadie podía pronunciar se transformó, con el paso del tiempo y por la insistencia de los locutores, en una de las marcas más reconocibles de la televisión argentina.
Un nombre que nació de un trabalenguas
Leibele Schwartz había construido una carrera importante como cantante lírico, con más de treinta álbumes grabados, presentaciones con la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Israel y la Sinfónica Nacional Argentina, y un paso también por la actuación. Pero cada vez que pisaba un estudio de radio, el nombre le jugaba en contra. "Cuando él iba a la radio le decían Leo Suárez, no les salía Leibele Schwartz ni en pedo. Entonces, era todo Leo Suárez y terminó siendo Leo Suar", recordó Toto, con esa mezcla de cariño y resignación que aparece cuando uno cuenta las historias que escuchó mil veces en la mesa de su casa.
“Le causó gracia y lo tomó. Dijo: 'Bueno, es más sencillo'.”Toto Kirzner
Así, lo que había empezado como un apodo improvisado se convirtió en el nombre artístico con el que su padre construyó buena parte de su identidad pública. Adrián Schwartz para el documento, Leo Suar para la calle, la televisión y el imaginario colectivo.
La propuesta que Toto descartó
Cuando Toto empezó a laburar en televisión y teatro, la conversación lógica en cualquier familia del espectáculo apareció en la suya: el apellido es una marca, y las marcas se heredan. Su padre le planteó la posibilidad de usar Suar, aunque con una duda genuina sobre cómo sonaría. "Mi viejo en un momento me decía: 'Toto Suar nos queda mal'", recordó el actor, dejando entrever que la idea se charló pero nunca terminó de cerrar.
El descarte fue directo y sin demasiados rodeos. "No me siento cómodo. Usemos nuestro apellido. ¿Para qué carajo lo tengo, si no?", dijo Toto, y la decisión quedó firme: Kirzner, el apellido que figura en su documento, sería también su nombre artístico. Una elección que, vista en perspectiva, habla tanto de un vínculo familiar como de una forma de entender el oficio.
- Leibele Schwartz fue cantante lírico, actor y jazan, con más de 30 álbumes grabados y presentaciones junto a la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Israel y la Sinfónica Nacional Argentina.
- Falleció el 11 de julio de 1992, a los 59 años.
- Su esposa, la actriz Lilian Keller, murió el 30 de septiembre de 2020, a los 74 años, tras un accidente cerebrovascular.
Una decisión personal
Hay algo que me gusta mucho de esta historia, y es que no hay en ella una épica ni una gran declaración de principios, sino algo mucho más terrenal: un locutor que no podía con un nombre, un padre que le encontró la vuelta y un hijo que, cuando le tocó elegir, prefirió no disfrazarse. Cada uno hizo lo que le parecía más cómodo en su momento, y los tres terminaron construyendo, sin proponérselo del todo, una pequeña saga de identidades cambiantes.
Porque, si lo pienso un segundo, eso es algo que todos atravesamos en algún momento, aunque sea en una versión mucho más doméstica: el nombre que te ponen al nacer, el apodo que te queda en la escuela, el usuario que elegís en una red social. Vamos armando una identidad a partir de lo que nos toca y de lo que decidimos. En el caso de los Kirzner-Swartz-Suar, esa construcción quedó documentada en estudios de radio, en créditos de televisión y en el documento nacional de identidad, que es, como decía el propio Toto, el lugar donde uno tiene que sentirse cómodo con lo que le pusieron.
