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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mover el cuerpo, mover la vida íntima: lo que el ejercicio hace (y lo que no) por el deseo sexual

La fisioterapeuta Erika Lydon explica cómo empezar con caminatas breves, por qué el suelo pélvico merece atención personalizada y en qué casos entrenar de más puede jugar en contra del libido.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 18 d
Mover el cuerpo, mover la vida íntima: lo que el ejercicio hace (y lo que no) por el deseo sexual

Son las siete y pico de la mañana en Caballito y la calle todavía tiene esa bruma húmeda que deja la Sudestada de ayer. Me cruzo con Mónica, que vive a tres cuadras, y me cuenta que empezó a caminar antes de que salga el sol porque le recomendó la médica. Me dice, mientras se acomoda el cuello de la campera, que nota que duerme mejor y que hasta se le nota en el humor. Lo que no sabe, todavía, es que esa misma decisión de moverse quince minutos por día puede tener derivaciones que ella ni se imagina: en la vida sexual, en el deseo, en la manera en que el cuerpo responde cuando alguien quiere habitarlo de otra manera.

La conversación que sostiene esta nota nace de los consejos que viene difundiendo Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, y que resumen algo que suele olvidarse: la actividad física no es un tratamiento mágico para el bajo deseo, pero sí una aliada silenciosa de la función sexual cuando se dosifica con sentido común. Empezar con caminatas de quince minutos, elegir algo que resulte agradable y posible de sostener en el tiempo, e ir subiendo la exigencia de a poco es la puerta de entrada que ella propone.

Una pauta general, no una promesa de milagro

Como referencia para la mayoría de las personas, Lydon menciona la cifra que repiten las guías de salud: 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana, o 75 minutos de actividad intensa, sumados a dos jornadas de trabajo de fuerza. Es una pauta pensada para la salud general, aclaró la especialista, no una indicación terapéutica que asegure cambios en el libido. Ahí también pesan el descanso, la alimentación y el estado emocional de cada uno, variables que no se modifican solo con una rutina en el gimnasio.

Antes de lanzarse a sumar ejercicios específicos, conviene frenar en las señales del propio cuerpo. Si hay dolor o alguna preocupación vinculada con el desempeño sexual, lo razonable es consultar a un profesional de salud o a un especialista en fisioterapia de suelo pélvico, insistió Lydon. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse: a veces lo que falta es aprender a relajarla.

Cuando más no siempre es mejor

Los famosos ejercicios de Kegel ilustran bien el punto. Pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros, advirtió la fisioterapeuta. Si los músculos del suelo pélvico permanecen contraídos o les cuesta relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas, algo que se escucha poco pero que pasa más de lo que se dice. La otra cara del problema aparece cuando alguien entrena en exceso, sin alimentarse como corresponde y sin darle al organismo el descanso necesario: ahí, lejos de mejorar, el deseo puede verse afectado.

“La salud y el estado emocional de cada persona también intervienen, no es solo una cuestión de moverse más.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico

Por qué moverse puede sumar a la vida sexual

Lydon mencionó al menos tres mecanismos que ayudan a explicar los posibles beneficios. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico favorece al corazón y a los vasos sanguíneos, y facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales, un flujo que interviene en la erección y puede contribuir a la excitación y a la función sexual femenina. El segundo es el descanso: la tensión sostenida suele dificultar el interés sexual, mientras que el ejercicio puede ayudar a mejorar el ánimo y facilitar la relajación. El tercero es el entrenamiento de fuerza, que según la profesional puede colaborar con procesos vinculados a la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.

Los tiempos, eso sí, no son iguales para todos. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede ocurrir antes que cualquier cambio perceptible en la vida sexual, y esa es una de las cosas que conviene tener presente para no abandonar la rutina a las dos semanas. La clave, insistió Lydon, está en sostener algo que se pueda mantener, no en consagrarse al gimnasio como si la libido fuera un trofeo que se gana a fuerza de repeticiones.

Vuelvo a pensar en Mónica, en su campera azul, en las siete y pico de Caballito con olor a pasto mojado. No le voy a decir que con caminar va a resolver todo, porque no es así y sería faltarle el respeto a su historia. Pero sí le voy a decir lo que dice la especialista, con sus mismas palabras: que empezar es empezar, que moverse es cuidarse, y que a veces el deseo, como el cuerpo, responde mejor cuando uno deja de exigirse tanto y empieza a escucharse un poco más.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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