Milagro, el teatro como confesión: Leticia Brédice se sube a su propio escenario en el Santa María
La actriz debutó como autora y directora con una pieza que comparte con su sobrina Ananda Li Brédice, en medio de un presente profesional que también la lleva a Netflix y a eltrece.
Cuando uno entra al Teatro Santa María en estas noches de septiembre, lo primero que encuentra es una sala chica, íntima, con esas butacas de madera que crujen apenas y una luz tibia que todavía no termina de decidirse entre el escenario y la platea. Es el tipo de lugar donde la distancia entre el público y quien actúa se vuelve casi un trámite, una línea que se puede cruzar con la mirada. Y justamente de eso parece tratarse Milagro, la obra que Leticia Brédice estrenó el viernes 4 de septiembre, escrita y dirigida por ella misma, en la que se pone al frente de un personaje que decide, literally, alquilar un teatro para decir en voz alta todo lo que nunca se animó.
Porque claro, antes de hablar del debut hay que decir que esta no es una actriz cualquiera que se dio el gusto de animar una sala: Leticia Brédice lleva décadas en escena y en pantalla, desde que empezó a los 13 años y construyó una carrera que incluye títulos tan distintos como Ceniza del paraíso y Nueve reinas, dos películas que marcaron a fuego el cine argentino de los noventa y que todavía hoy se siguen revisitando. Verla hoy firmando su primer texto propio y poniéndose atrás de la dirección tiene, por eso, un peso especial: no es un capricho de estrella, es una actriz con oficio que eligió contar algo en primera persona.
Un personaje que habla de los milagros cotidianos
En Milagro, Brédice encarna a María de los Milagros Figueroa Alcorta, una mujer que decide tomar un teatro prestado —o alquilado, según se mire— para hacer algo tan simple y a la vez tan corajudo como revisar su propia vida en voz alta. Lo que sube a escena no es un catálogo de grandes tragedias ni una épica familiar: son, como ella misma lo definió, los milagros cotidianos, esas cosas chiquitas que uno nombra cuando mira para atrás y se da cuenta de que fueron enormes. La propia Brédice lo dijo con una frase que, a mi entender, condensa el espíritu de toda la pieza: Lo que tengo para contar es el milagro de la vida. Todo lo que sucede en el escenario es inesperado y a la vez gracioso. Es como la vida.
Ananda Li Brédice, la sobrina que completa el juego escénico
A su lado, en una especie de diálogo de espejos, aparece Ananda Li Brédice, su sobrina, que despliega una galería de personajes que funcionan como reflejo y contrapunto de la protagonista. No es un partenaire cualquiera: las dos se formaron desde chicas en la escuela del director Norman Briski, así que comparten un mismo ADN actoral, esa mezcla de rigor y de desparpajo que Briski supo sembrar en varias generaciones de intérpretes. Ananda, además, venía de trabajar como asistente de dirección en el propio proyecto, lo que le dio una mirada técnica del armado antes de saltar a escena, y eso, claro, se nota. Estar con mi sobrina es un sueño y un aprendizaje, resumió Leticia, y agregó que en la familia son un linaje de mujeres artistas, como quien enuncia una herencia que no necesita explicarse demasiado.
Una obra que fue mutando hasta encontrar su forma
Lo que se ve ahora en el Santa María no es el mismo boceto que imaginó Brédice cuando arrancó a trabajar en el proyecto. La actriz contó que Milagro empezó como una performance más experimental, más suelta, y que con el tiempo fue ganando cuerpo, capas, hasta solidificarse en el espectáculo que hoy se presenta. Logramos solidificar una parte de la obra que realmente queríamos contar, explicó, y la frase dice mucho del proceso: hubo ensayo, hubo descarte, hubo un trabajo de ir quitando lo que sobraba hasta que quedara solo lo esencial. La producción lleva la firma de Darío Arellano.
Un presente profesional que no se detiene
Como si el teatro no le alcanzara para completar la agenda, Brédice atraviesa uno de los momentos de mayor actividad de su carrera. En paralelo al estreno de Milagro, la actriz se metió en un proyecto completamente distinto: interpreta a Susana Giménez en la serie sobre Moria Casán que se puede ver en Netflix, un papel que ya de por sí es una declaración de intenciones, porque meterse en el cuerpo y la voz de Suar no es algo que cualquier actriz se anime a hacer. Y por si fuera poco, este año se la vio concursando en Es mi sueño, el reality de canto que conduce Guido Kaczka en eltrece, donde mostró una faceta poco habitual para el público que la conoce solo de sus papeles más dramáticos.
- Milagro se presenta en el Teatro Santa María, con funciones los viernes, sábados y domingos, según la programación de la sala.
- La producción general está a cargo de Darío Arellano.
- La pieza marca el debut de Leticia Brédice como autora y directora teatral.
- Ananda Li Brédice, sobrina de la protagonista, participa como asistente de dirección y como intérprete de varios personajes.
Mirando el conjunto, lo que más me moviliza de esta Milagro es algo que va más allá del reparto o del género: es la idea de que una actriz con décadas de oficio haya decidido sentarse a escribir lo propio, poner el cuerpo en su propio texto y, encima, compartir escenario con alguien de su propia sangre. Hay una honestidad en ese gesto que se siente apenas se levanta el telón. No es una celebridad haciendo un número para mostrarse vulnerable: es una artista que tomó la decisión íntima de contar su vida en un teatro, en una sala donde la butaca de al lado te escucha. Y a mí, que ya la vi en papeles memorables del cine argentino, este Milagro me deja una sensación muy concreta: la de estar viendo a una actriz que por fin se cuenta a sí misma, sin la intermediación de un guionista ajeno. A veces los milagros, como dice ella misma, son las cosas que suceden cuando uno se anima a decir lo que nunca dijo.
