Mafalda espera en la esquina: una recorrida por San Telmo entre la estatua, la feria y el humor de Quino
La escultura de Chile y Defensa sigue siendo punto de reunión para turistas y vecinos que quieren una foto con la nena más famosa del comic argentino. La caminata puede extenderse por la feria dominical, donde la imagen del personaje aparece en cerámicas, mates y muñecas tejidas.
Es domingo a la mañana y la esquina de Chile y Defensa ya tiene movimiento. El sol, que todavía no aprieta sobre los adoquines, se reparte entre los paraguas abiertos de la feria y las cámaras que se detienen frente a la banca donde Mafalda lee el diario con cara de fastidio. Me acerco con el café en la mano y la sensación de que, una vez más, San Telmo vuelve a convertirse en escenario de una pequeña peregrinación popular, esa que no se hace en silencio ni con velas, sino con selfies, risas y alguna que otra frase en portugués.
La estatua que homenajea al personaje de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, forma parte del Paseo de la Historieta, ese recorrido a cielo abierto que invita a cruzarse con Isidoro, Larguirucho y otros sobrevivientes de la historieta nacional. Pero el público que se concentra aquí, en pleno corazón del barrio, tiene una predilección clara: la nena que cuestiona el mundo con la misma velocidad con la que tira un pamphletazo. La parada es gratuita, el museo también, y la fila, aunque nunca se anuncia oficialmente, se vuelve paisaje.
La feria como prolongación del personaje
Desde la vereda, mientras espero el turno para la foto, hablo con Marta, vecina de San Telmo desde hace más de veinte años, que atiende un puesto de artesanías sobre Defensa. Me cuenta, con esa paciencia que solo tienen los que ya vieron pasar a miles de turistas, que los domingos Mafalda se multiplica en cada cuadra. "Mirá -me dice, mientras señala una repisa- cerámicas, mates, cuadernos, muñecas tejidas. Tenés la nena en versión taza, en versión llavero, en versión almohadón. Hay para todos los gustos y para todos los presupuestos", resume entre sonrisas.
Esa proliferación, sin embargo, no siempre respeta la letra del maestro. Entre los artículos oficiales y los autorizados, se cuelan piezas con frases que Quino nunca escribió. Es una advertencia que vale la pena repetir: reconocer la cara de Mafalda en un objeto no garantiza que el mensaje provenga de las historietas. La advertencia se vuelve útil, sobre todo, para los que llegan desde afuera y quieren llevar un recuerdo auténtico a su casa.
“Uno de los rasgos distintivos del personaje es la complejidad de esas personalidades y la incorporación de los asuntos del mundo a las tiras.”Tute, humorista gráfico
La referencia ineludible al universo de Quino aparece apenas uno empieza a caminar: Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad. Cada uno con su tic, cada uno con su manera de habitar una mesa de bar o un living de clase media. El elenco creció con los años, del mismo modo en que creció el público que se acerca a la estatua con la misma devoción con la que, alguna vez, se acercó al kiosco a comprar la revista.
Consejos para una visita sin sobresaltos
- Llegar temprano: la esquina de Chile y Defensa es punto de encuentro y la espera para la foto puede extenderse sobre todo después del mediodía.
- Caminar Defensa abajo: la feria dominical permite sumar artesanías, antigüedades y objetos con la imagen de Mafalda en distintos formatos.
- Mirar con atención las inscripciones: entre los recuerdos oficiales circulan piezas con frases que Quino no escribió.
- Aprovechar el Paseo de la Historieta: además de Mafalda, hay otras estatuas de personajes de la historieta argentina en el barrio.
- Combinar con Plaza Dorrego: la feria se extiende hasta la plaza, ideal para cerrar la recorrida con un cafecito al aire libre.
Cuando por fin me toca el turno, la cámara del celular ya está lista. La nena sigue ahí, sentada en su banco, con su libro bajo el brazo y esa expresión entre indignada y divertida que tanto le debemos a Quino. A mi alrededor, el ruido de la feria, un chico que pide una foto más, una abuela que le toma la mano al nieto, una pareja de brasileños que improvisa un retrato. La escena, pienso mientras dispara el obturador, es la misma de cada domingo, pero nunca igual. Y en eso, justamente, se parece bastante a las tiras que leíamos de chicos: un mismo banco, una misma plaza, un mismo mundo que sigue cambiando sin perder nunca su humor.
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