La rebelión de los makers: cuando el caimán de GTA VI se imprime en la mesa del comedor
Una réplica digital del muñeco de Macca recorre los foros y revive el debate sobre el precio de los paquetes de colección y el sentido de la exclusividad.
Me imagino la escena: un escritorio cualquiera de la Argentina, con la notebook abierta, la luz de la pantalla azulada y la impresora 3D masticando filamento mientras arma, capa por capa, la figura de un caimán que mide apenas unos centímetros pero concentra una discusión enorme. Esa imagen, casi hogareña, es el reverso perfecto de lo que propuso Rockstar con su flamante paquete de colección de GTA VI.
La movida nació al calor de la presentación del bundle que se conoció el 24 de septiembre y que se ofrece a 400 dólares. Adentro vienen una gorra, pines, pegatinas, la figura del caimán Macca y un par de gafas Oakley, que son las que más peso le ponen al ticket final. Lo más llamativo es que no incluye ni una copia del juego: es solo merchandising, nada más y nada menos.
Un archivo casero contra la caja cerrada
Ante ese panorama, un grupo de seguidores digitalizó al caimán y subió el modelo para que cualquiera pueda bajarlo e imprimirlo. La mecánica es bien directa y muy del espíritu maker que sobrevive en los foros: te llevás el archivo, lo imprimís y, si te nace, le dejás al diseñador un aporte por el monto que vos mismo elijas. Una forma de apoyar el ingenio sin atarse al paquete completo.
La idea prendió fuerte entre los jugadores que solamente querían la figura y veían al conjunto como una mochila demasiado cara para un accesorio puntual. Imprimir a Macca en casa se volvió, para muchos, una manera de zafar del desembolso completo sin resignar el objeto más querido del set.
- Una gorra con motivos del juego.
- Pines y pegatinas coleccionables.
- La figura del caimán Macca, el objeto más codiciado.
- Gafas Oakley, el componente más caro del paquete.
- Ninguna copia de Grand Theft Auto VI incluida.
Lo que la impresora puede y lo que no
Ahora bien, no todos los artículos del paquete corren la misma suerte en la ruta del hacé-lo-vos-mismo. El caimán ya tiene un archivo listo para mandar a la impresora y los resultados, según muestran quienes lo probaron, son bastante fieles al original. En cambio, las gafas Oakley son otra historia: replicar la marca, los materiales y la estética cuesta muchísimo más, así que la movida casera se concentra casi exclusivamente en el muñeco y deja al resto del set como terreno todavía vedado.
La grieta entre coleccionistas
Como suele pasar cada vez que aparece una alternativa a un producto pago, el foro se partió en dos. Hay quienes festejan que el modelo esté disponible porque democratiza el acceso y evita pagar 400 dólares por un solo objeto que les interesa. Y hay quienes miran con recelo a las réplicas: argumentan que si cualquiera puede imprimir a Macca, se cae la sensación de y se diluye el espíritu del coleccionismo, que para ellos vive justamente de la escasez.
En medio de esa charla se coló una comparación inevitable con la edición especial de Red Dead Redemption 2, que allá por 2018 se ofreció a 100 dólares e incluía, entre otras cosas, un mapa impreso del juego. La diferencia de precio y de contenido volvió a poner sobre la mesa la pregunta de qué justifica pagar cuatro veces más por un paquete que tampoco trae el juego.
“Cuando un coleccionable se vuelve inalcanzable para buena parte de la comunidad, la imaginación popular busca su propia puerta de salida, aunque esa puerta sea la impresora 3D de una pyme o de un usuario en su casa.”Florencia Cabral, Cultura y espectáculos
Si me preguntan a mí, les confieso que miro todo esto con una mezcla de ternura y de fascinación. Ternura, porque ver a una comunidad organizándose para que el que quiera tener a Macca pueda tenerlo, sin pedirle un crédito, tiene algo de acto de resistencia cotidiana frente a la lógica del paquete cerrado y carísimo. Y fascinación, porque la escena del escritorio con la impresora trabajando resume, mejor que cualquier comunicado oficial, cómo se mide hoy el valor de las cosas: ya no alcanza con que un objeto sea exclusivo, también tiene que poder ser pensado, discutido y, llegado el caso, reconstruido por quienes lo quieren de verdad. Como fan de los Red Dead de la vida, no puedo evitar pensar que Rockstar supo, alguna vez, ofrecer ediciones especiales que valían lo que costaban. Ojalá esta historia les sirva, al menos, para volver a pensarlo.
