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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La presión que no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo

En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez lo ignora. Una condición silenciosa que se detecta con un gesto simple y se atiende con hábitos de todos los días.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 13 d
La presión que no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo

Son las nueve de la mañana en la sala de espera del centro de salud de Barrio Norte y el termómetro de la calle marca un octubre templado, con esa luz limpia que invita a caminar hasta la farmacia. Marta, vecina del barrio desde hace veintidós años, se sienta con el turno en la mano y me dice, mientras acomoda el bolso, que fue por un trámite y terminó pidiéndole a la enfermera que le tome la presión. Hace seis meses que no se la controla y reconoce, con esa honestidad que solo aparece en las charlas de pasillo, que se olvidó. Le pregunto por qué y se ríe: porque me siento bien, me dice, como si eso alcanzara.

Lo que Marta no sabe es que ese razonamiento tan común, sentirse bien equivale a estar bien, es justamente la trampa que tiende la hipertensión arterial. La medición periódica permite conocer un dato de salud que no siempre se refleja en cómo se siente una persona. La condición puede desarrollarse sin molestias evidentes en sus primeras etapas, de modo que esperar a que aparezca algún síntoma deja abierta la posibilidad de que el problema avance sin ser detectado. La buena noticia es que el procedimiento es sencillo, no produce dolor y demanda poco tiempo; su verdadera utilidad está en identificar la presión elevada antes de que se manifiesten complicaciones.

Las cifras de un país que se mide poco

El Registro Nacional de Hipertensión Arterial aporta una foto elocuente de lo que ocurre en la Argentina: el 36,3 por ciento de los adultos mayores de 18 años tiene esta condición. Se trata de cerca de 12 millones de personas, de las cuales casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico. Y entre quienes ya reciben tratamiento, apenas alrededor del 44 por ciento mantiene sus valores controlados, lo que muestra que detectar la hipertensión y conseguir que la presión se mantenga en niveles adecuados son dos aspectos centrales del seguimiento. La problemática excede las fronteras locales: el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, señala que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el mundo y que solo uno de cada cinco la tiene controlada.

Hábitos que cuidan la presión todos los días

  • Reducir la cantidad de sal que se consume a diario.
  • Sostener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras y alimentos frescos.
  • Hacer actividad física de manera regular, adaptada a cada edad y condición.
  • Atender el estrés crónico con espacios de descanso, sueño reparador y, cuando hace falta, acompañamiento profesional.
  • Cumplir con los controles médicos y con el tratamiento indicado, sin interrumpirlo por cuenta propia.

El alcance de la hipertensión no se queda en los números: con el tiempo, puede deteriorar las arterias y afectar órganos vitales, con consecuencias tan serias como infartos y accidentes cerebrovasculares. Por eso los controles periódicos ocupan un lugar clave, porque permiten reconocer una condición que puede avanzar sin señales claras y forman parte de la prevención de esas complicaciones.

A la salida del centro de salud, mientras el sol de mediodía empieza a pegar de lleno sobre la vereda, vuelvo a cruzarme con Marta. La enfermera le tomó la presión, charlaron unos minutos y le anotaron el turno para dentro de un mes. Me mira y me dice, ya con el papel en la mano, que tenía razón: una se siente bien y no se acuerda de que el cuerpo necesita que alguien lo escuche de vez en cuando. En este caso, ese alguien es un tensiómetro y unos minutos que, vistos en perspectiva, pueden cambiarlo todo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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