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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La grasa del abdomen se va cuando se va todo lo demás: por qué el cuerpo no obedece por zonas

Aunque uno entrene y coma mejor, el abdomen suele ser el último en responder. La genética, el sueño y los cambios hormonales forman parte de un proceso que no se resuelve con voluntad aislada.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 37 d
La grasa del abdomen se va cuando se va todo lo demás: por qué el cuerpo no obedece por zonas

Son las siete y pico de la mañana en Belgrano y el aire todavía tiene esa humedad fina de los días que se anuncian calurosos. En la plaza, María Laura, de 48 años, termina su caminata de siempre y se acomoda la remera mientras suspira: "Llevo meses comiendo más sano y haciendo actividad, pero el abdomen no me responde como a una amiga que empezó al mismo tiempo que yo". Lo que le pasa a María Laura tiene nombre clínico y tiene, sobre todo, una explicación que pocas veces se cuenta con claridad.

Reducir la grasa del abdomen no depende de hacer más abdominales ni de comer menos de manera aislada, como si fueran decisiones independientes. El organismo no elimina grasa de una zona específica por decisión propia: la genética, la edad, los cambios hormonales y la calidad del sueño forman parte de un proceso mucho más amplio. La evidencia disponible señala que la combinación simultánea de mejor alimentación y mayor movimiento produce los resultados más consistentes, y aun así la zona del abdomen suele ser la última en ceder.

Por qué el abdomen es distinto al resto del cuerpo

Muchas personas que ajustan su dieta y suman actividad física notan avances generales pero no ven cambios rápidos en el abdomen. Esa experiencia tiene una explicación fisiológica: el cuerpo no elige de qué zona toma la grasa que necesita como energía. La zona abdominal acumula dos tipos de tejido adiposo bien diferenciados, el subcutáneo, que está justo debajo de la piel y es el que más se ve, y el visceral, que rodea los órganos internos y se asocia a mayores riesgos para la salud cardiovascular y metabólica, según múltiples consensos médicos.

Los ejercicios localizados, como los abdominales, fortalecen la musculatura, mejoran la postura y aportan tonicidad. Sin embargo, no determinan de qué parte del cuerpo se pierde grasa, por eso es posible que alguien gane firmeza en la zona media sin ver una reducción visible del volumen abdominal. La acumulación de grasa visceral depende de variables como la edad, la carga genética y los patrones hormonales individuales, lo que explica por qué dos personas con rutinas similares pueden registrar cambios muy distintos, como le pasa a María Laura frente a su amiga.

Lo que la evidencia dice sobre dieta y movimiento juntos

Un estudio publicado en JAMA Network Open, que siguió a más de siete mil adultos durante un promedio de siete años y dos meses, encontró que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física, cuando ocurren al mismo tiempo, se asocian con menor acumulación de grasa visceral. El grupo con mayores mejoras conjuntas presentó 149 gramos menos de grasa visceral al final del seguimiento, una cifra que parece chica y que sin embargo tiene impacto clínico.

El descanso es otro factor que incide directamente y que muchas veces queda afuera de la conversación. Un estudio de Mayo Clinic encontró que restringir el sueño se asoció con un aumento del 9% en el área adiposa total del abdomen y del 11% en la grasa visceral, respecto de condiciones controladas. Además, dormir menos altera los mecanismos del hambre y la saciedad, lo que dificulta sostener cualquier estrategia alimentaria en el tiempo, porque el cuerpo pide más y peor.

La orientación que surge de la evidencia apunta a estrategias que articulan alimentación, movimiento y descanso de forma sostenida, sin apuros. Medir el progreso solo por el espejo puede distorsionar la evaluación: la evolución de la fuerza, la continuidad de los hábitos y los cambios en la circunferencia de cintura ofrecen una lectura más completa del proceso, y suelen anticipar lo que después el espejo confirma.

En la plaza de Belgrano, María Laura se despide con una sonrisa cansada y dice que va a empezar a prestarle atención al sueño, no solo a la comida. El sol ya entra de lleno y el día se hace pesado. La grasa abdominal, me quedo pensando mientras la miro irse, no se va por capricho ni por zonas: se va cuando se va todo lo demás, y vuelve cuando algo del conjunto se rompe. Saberlo, creo, es el primer paso para no castigarse frente al espejo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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