Saltar al contenido
Jueves, 22 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

La alerta interna que puede quedar encendida desde la infancia

Crecer en un hogar emocionalmente inestable puede enseñar a detectar cambios de tono, gesto o silencio mucho antes de que una amenaza ocurra. La psicología explica por qué esa hipervigilancia, útil para sobrevivir en su origen, puede seguir funcionando en la vida adulta y afectar el descanso, los vínculos y las decisiones.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 2 h
La alerta interna que puede quedar encendida desde la infancia

La hipervigilancia no es una simple costumbre de prestar atención ni una forma superior de entender a los demás. Es un estado de vigilancia excesiva que busca detectar amenazas en el entorno y que puede permanecer activo incluso cuando el ambiente cambió. Quienes crecieron con humores adults impredecibles aprendieron temprano a leer una puerta cerrada con fuerza, una pausa diferente o una voz apenas alterada. Ese aprendizaje helped a reducir la incertidumbre, pero también dejó un sistema de alerta dispuesto a interpretar casi cualquier detalle como una señal de peligro.

Sobrevivir primero, vivir después

Desde la psicología, esta respuesta se relaciona con la necesidad de anticiparse y protegerse en contextos impredecibles. Por eso no conviene equipararla con la empatía ni con la inteligencia emocional. La empatía apunta a comprender lo que siente otra persona; la hipervigilancia, en cambio, tiene como objetivo evitar una consecuencia posible. Una persona puede perceber rápido que alguien está molesto y, al mismo tiempo, no estar acompañada: puede estar intentando prevenir una discusión, una reacción fuerte o el retiro del otro.

También aparece con frecuencia la sensación de ser responsable del clima emocional de todos. Algunos niños asumen funciones que les exceden,median entre adultos, anticipan necesidades o intentan sostener la calma del hogar. Esa responsabilidad la edad puede generar en la adultez dificultades para poner límites y para distinguir lo que uno siente de lo que se espera que resuelva.

  • Observar un cambio de tono o una pausa es una percepción; interpretarlo como rechazo o enojo es una hipótesis que debe ser comprobada.
  • Mantener una vigilancia constante puede alterar el descanso y volver más difícil la confianza.
  • Anticipar conflictos y evitar desacuerdos puede favorecer relaciones aparente, aunque a costa de la propia tranquilidad.
  • Sentirse responsable de reparar el ánimo de los demás puede dificultar el cuidado de las necesidades propias.

El trabajo empieza por separar lo que se registra de lo que se supone. Un mensaje que tarda en llegar, un tono seco o un silencio no demuestra por sí solo que haya una intención hostil. En lugar de completar silencios conDpena feared interpretations, puede resultar más útil hacer preguntas directas y revisar lo que realmente se sabe antes de construir una conclusión. También puede ayudar reconocer que una decisión fue tomada desde la alerta y no necesariamente desde la situación completa.

La hipervigilancia debe comprender la historia personal y no reducirse a un defecto de carácter. Fue una estrategia que en un entorno difícil y, por eso, cambiar su función requiere aprender nuevas formas de seguridad. Si la ansiedad, la desconfianza o la vigilancia interfieren con la vida cotidiana, buscar acompañamiento profesional puede permitir trabajar esos patrones de manera gradual y sostenida, sin culpa y sin la presión de tener que resolver todo solo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

Te puede interesar