Juana Viale vuelve a calzarse el traje de conductora mientras Mirtha le gana la pulseada a la tos en su casa
La diva de los almuerzos transita la recuperación en su domicilio después de cinco jornadas en el sanatorio Mater Dei y, según su hija Marcela Tinayre, lo que demora el regreso es una tos que no se rinde. Mientras tanto, su nieta vuelve a ponerse al frente del ciclo con una mesa que combina actores, un presidente de Diputados y dos periodistas.
A esta altura ya lo sabemos de memoria: cuando la mesa queda vacía, alguien de la sangre de Mirtha Legrand se sienta en la cabecera y la hace temblar. Y otra vez es Juana Viale la que toma el micrófono, vuelve a las luces, a las cámaras y a ese ritual de sábados que la abuela supo convertir en patrimonio de la televisión argentina. La escena, para quien la mire de afuera, parece repetida; pero esta vez tiene un condimento especial, porque del otro lado del mostrador hay una Mirtha que pelea en su casa contra una tos que se niega a irse.
Porque el programa de Mirtha Legrand tendrá nuevamente a Juana Viale al frente mientras su abuela completa la recuperación de una bronquitis que la mantuvo cinco días internada en el sanatorio Mater Dei. La conductora, que el 23 de febrero cumplió 99 años y ya avisó que piensa seguir sumando, recibió el alta un domingo por la tarde y desde entonces se instala en su domicilio, rodeada de afectos, esperando que el cuerpo le dé tregua.
La tos, la única enemiga que falta
Lo dijo Marcela Tinayre, su hija, y lo repito porque me parece lo más humano de toda esta historia: lo único que frena el regreso a las grabaciones no es otra cosa que una tos persistente. No es un cuadro grave, no es una preocupación mayor, es ese síntoma rebelde que se niega a soltar a una mujer de casi un siglo que sigue trabajando como si el calendario fuera un detalle. Esa tos, simple y obstinada, es la que mantiene en suspenso las tradicionales meriendas dominicales, que ya llevan dos semanas sin realizarse y todavía no tienen fecha confirmada para volver.
El último parte del Mater Dei fue claro y, a la vez, contenedor: “Continuará con su recuperación en su casa para retomar con sus actividades lo antes posible”, decía el comunicado que se difundió después del alta. Y así pasó: Mirtha en su casa, recibiendo amigos, compartiendo almuerzos, encontrándose con los suyos, mientras el estudio espera y el público también.
La mesa del sábado: los cinco que se sentarán
- Juana Repetto
- Guillermo Pfening
- Martín Menem
- Álvaro Navia
- Jésica Bossi
Cinco nombres para una mesa que vuelve a tener a Juana como anfitriona. Hay actores, hay política, hay humor y hay periodismo. Es, si se quiere, una pequeña radiografía del país condensada en una sobremesa. Juana Viale, que ya lució el traje de reemplazo en incontables oportunidades, vuelve a ponerse la responsabilidad al hombro con la naturalidad de quien sabe que esa silla, aunque sea prestada, también es suya.
Y mirá qué curioso: mientras Mirtha se recupera, su nieta sostiene el ciclo como si fuera una cuestión de familia, que literalmente lo es. Y la anciana, lejos de mirar de lejos, había mantenido hasta hace muy poco una agenda cultural que hasta las actrices más jóvenes envidiarían. A mediados de agosto se la vio en el teatro Liceo acompañando a Carlos Rottemberg en la presentación de su libro Pasen y Lean. También fue a ver Secreto en la montaña, con Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe sobre el escenario. Y unos días antes, dicen, se escapó con amigas a una función de Midachi, la despedida, esa gira final que el trío está llevando a cabo como quien cierra un capítulo glorioso con la música sonando hasta el último minuto.
Una mujer que piensa seguir
“Voy a ser centenaria y voy a seguir viniendo, recibiendo el beso y abrazo de todos mis colegas.”Mirtha Legrand, al recibir el premio Martín Fierro a la labor periodística femenina, en mayo
Esa frase, dicha en mayo cuando recibió el Martín Fierro a la labor periodística femenina, vuelve a resonar ahora que la vemos en su casa peleándole a la tos. Mirtha no se fue, no se va y, por lo que se ve, no piensa irse. Está en su domicilio, con su familia cerca, con el ciclo sostenido por su nieta y con una sola condición pendiente: que el cuerpo le diga que ya está lista. La semana próxima, si todo marcha como Tinayre insinúa, podría volver a sentarse en esa cabecera que es, a esta altura, un trono sin corona.
Yo, que la vengo mirando desde hace años, les confieso algo: cada vez que Mirtha se ausenta y aparece Juana al frente, algo se reordena. No es reemplazo, es relevo. No es ausencia, es continuidad con apellido propio. Y mientras la abuela le gana la pelea a la tos en la intimidad de su casa, la nieta sostiene el micrófono con la misma elegancia con la que ella lo sostuvo durante décadas. A los 40, a los 50, a los 60 y pico, uno aprende a mirar a estas dos mujeres y entender que en esta familia la cámara no se apaga nunca, simplemente cambia de manos. ¿Qué invitados les gustaría ver en las próximas emisiones, cuando Mirtha vuelva a sentarse en su sillón?
