Jonathan Lipnicki, el nene de Jerry Maguire que ahora se anima a meterse en las sombras más turbias de la pantalla
El actor que emocionó a medio mundo como el pequeño Ray Boyd vuelve a la conversación grande con Primetime, el thriller de Lance Oppenheim estrenado en Venecia donde comparte cartel con Robert Pattinson y se atreve con un personaje incómodo, basado en los operativos reales del periodista Chris Hansen.
Imaginen la sala de proyección del Festival de Venecia a principios de septiembre, con esa luz tibia que tienen los palacios del Lido, y a un público en silencio conteniendo la respiración. Del otro lado de la pantalla, un tipo cualquiera, de esos que uno se cruza en cualquier shopping, termina acorralado por las cámaras y por las preguntas de un conductor de televisión que no le da respiro. Esa imagen, cruda y un poco hipnótica, es la que dejó Primetime en su estreno, donde la película fue ovacionada durante siete minutos. Y en uno de esos papeles más turbios aparece, nada menos, que Jonathan Lipnicki, el mismo pibe que en 1996 nos hizo llorar con su escena del teléfono en Jerry Maguire.
La película marca el debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, un realizador que se había hecho un nombre en el mundo del documental. Para su paso a la ficción eligió un tema delicado: los operativos televisivos que encabezaba el periodista Chris Hansen, conocido por confrontar en vivo a adultos que creían estar hablando con menores por internet y terminaban siendo descubiertos frente a las cámaras. Robert Pattinson se mete en la piel de ese conductor, y Lipnicki interpreta a uno de los hombres que cae en la trampa, un personaje incómodo, construido a partir de casos reales y de ese mecanismo tan particular que combinaba investigación periodística, intervención policial y, sobre todo, un uso muy calculado del espectáculo.
De la inocencia de Hollywood a un personaje que incomoda
A los 35 años, Lipnicki sigue cargando en el currículum dos trabajos que le cambiaron la vida y que todavía mucha gente le recuerda: el pequeño Ray Boyd de Jerry Maguire, la película de Cameron Crowe donde compartía escenas con Tom Cruise y Renée Zellweger y se llevaba un Critics’ Choice Award y un Young Artist Award, y Stuart Little, el film de 1999 basado en el libro infantil, cuya secuelá también protagonizó y cuya recaudación mundial rondó los 300 millones de dólares. Son papeles que lo identificaron durante años con la infancia y con la ternura. Por eso llama la atención que, ya en la adultez, su regreso a las salas sea con un personaje como el de Primetime, una decisión que el propio actor cuenta como algo buscado, casi reclamado.
“Había rezado por un material oscuro. Era el tipo de propuesta que esperaba recibir para poder mostrar otros registros.”Jonathan Lipnicki
El film incluye una escena de desnudo frontal del actor, un detalle que él mismo se ocupa de explicar para evitar lecturas equivocadas. Contó que no es la primera vez que se muestra así, ya que en la obra teatral Lost Girls había pasado por una situación parecida, pero advierte que el contexto del personaje, un hombre en la mira de una investigación por delitos sexuales contra menores, hace que la escena se viva de manera completamente distinta. Ahí, según sus palabras, la experiencia le resultó intimidante, porque ya no se trata de un cuerpo desnudo en abstracto sino de la vulnerabilidad extrema de alguien que está a punto de quedar expuesto en todos los sentidos.
Cuando la televisión se vuelve tribunal
Lo interesante del planteo de Oppenheim es que no se queda en la superficie del morbo ni en el homenaje nostálgico al programa. La película pone el foco en los límites de un formato que convirtió el dolor y el delito en producto televisivo, y en cómo se construye el vínculo entre un conductor, su equipo y los sospechosos que terminan convertidos en personajes anónimos de la pantalla chica. Pattinson compone a un Hansen contenido, casi quirúrgico, y Lipnicki le pone el cuerpo, literalmente, a la otra cara de esa historia, la del hombre que no esperaba terminar siendo el centro de escena de esa manera.
Cierro con una reflexión que me parece inevitable después de ver el material: durante años asociamos a Lipnicki con la sonrisa tímida del chico de Jerry Maguire, y verlo hoy elegir un papel así, incómodo y arriesgado, dice mucho de cómo se recompuso su carrera después de los papeles infantiles. Primetime no es una película fácil ni complaciente, pero tiene el mérito de tomar un tema turbio de la cultura pop estadounidense y preguntarse, sin gritar, hasta dónde es válido que la televisión haga Justicia en vivo. Y de paso, nos muestra a un actor que dejó de ser el nene de Hollywood y se animó a ocupar, por fin, el lugar incómodo que siempre soñó.
