El retiro corporativo que se desmorona: llega a Netflix una comedia española sobre despidos y traiciones de oficina
La película de Diego Núñez Irigoyen, con Alexandra Jiménez a la cabeza, retrata cómo el compañerismo se fractura cuando un grupo de empleados descubre que la jornada de trabajo en equipo esconde una mala noticia.
Me imagino la escena sin haber visto todavía un solo fotograma: un salón de hotel con las cortinas corridas, unas mesas redondas dispuestas en forma de U, sillas tapizadas en verde institucional y una pizarra donde alguien escribió con fibrón indeleble las palabras que le dan título a la película, Gracias equipo, con la falta de la coma incluida, que ya de entrada parece una invitación al malentendido. Es el arranque que uno puede reconstruir mentalmente a partir de la premisa que presenta este filme español que se suma desde este viernes al catálogo de Netflix.
La película arranca con un retiro de empresa, la promesa de trabajo en equipo y, en el fondo, la certeza de que algo se está cocinando afuera de esa sala. La directora Diego Núñez Irigoyen, que ya había codirigido la primera temporada de División Palermo, elige contar la historia con un tono de comedia de situación más cercana al sitcom que al thriller corporativo, y por eso el visionado se vuelve liviano: hay un presentador que arenga al grupo con consignas motivacionales, hay risas forzadas, hay photocalls espontáneos y hay, sobre todo, un elenco que se presta al juego de arquetipos laborales.
El guion es de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, los mismos guionistas que vienen de trabajar en series como Fariña, y eso se nota en la construcción de los personajes. Cada uno encarna una forma de habitar el mundo del trabajo: la competitiva que no puede dejar de medirla con los demás, el tibio que sobrevive haciendo lo justo, el ambicioso que se vende como líder cuando en realidad está haciendo números propios, la funcionaria de recursos humanos que repite el manual de la empresa como un mantra. La galería funciona porque las caricaturas tienen algo de verdad detrás, y por eso el costado humano de la historia termina asomando, aunque el tono general se mantenga del lado de la comedia.
Una protagonista que sostiene la película
Alexandra Jiménez es el nombre propio más importante del reparto, y otra vez vuelve a demostrar por qué se consolidó como una de las actrices más confiables del género en España. Le toca componer a una mujer que tiene que combinar el registro cómico con el costado más dramático cuando se le cae la máscara laboral y queda expuesta su vulnerabilidad, y Jiménez transita ese pasaje con naturalidad, sin sobreactuar ni refugiarse en el golpe fácil. Es el tipo de actuación que sostiene una comedia liviana cuando los personajes de alrededor empiezan a girar demasiado rápido.
- Elenco encabezado por Alexandra Jiménez, que vuelve a lucirse en el género.
- Dirección de Diego Núñez Irigoyen, con mano ordenada para el conjunto, oficio que ya había mostrado en la primera temporada de División Palermo.
- Guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, conocidos por su paso por la serie Fariña.
- Tono de comedia de situación, más cercana al sitcom que a la sátira afilada.
- Una premisa reconocible: el compañerismo se quiebra cuando aparece la amenaza del despido.
La competencia entre los empleados escala de forma gradual y los personajes se mantienen fieles a sí mismos a lo largo del relato, lo que evita los giros forzados. El desenlace resulta algo previsible, aunque el recorrido hasta llegar ahí resulta ameno: uno termina queriendo saber cómo resuelven los personajes esa encerrona laboral, aunque sospeche que el final va a tirar a la conciliación. La película no pretende decir nada nuevo sobre la toxicidad laboral, pero ofrece una lectura moderadamente crítica sobre cómo nos comportamos cuando sentimos en riesgo la estabilidad económica, y eso alcanza para que la historia deje alguna huella antes de que aparezcan los títulos finales.
A mí, mientras escribo esta nota, se me cruzan dos o tres escenas de oficina de mi propia historia profesional: la vez que un jefe dijo trabajo en equipo y a la semana siguiente aplicó una reestructuración, la vez que un compañero se candidateó para el puesto del que se hablaba en off, la vez que una colega organizó un asado de despedida sin avisarle al despedido. Son escenas universales, y ahí está la gracia de una comedia como Gracias equipo, que se permite usar el filtro del humor para mostrar una verdad incómoda. Si al terminar la película uno reconoce algún comportamiento que haya visto o tenido en un trabajo real, entonces el filme habrá cumplido con creces su modesta pero efectiva promesa.
