El estreno más pobre de Hollywood se vio en una sala de Dallas y terminó con seis personas en la butaca
Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore protagonizaron un thriller de John Penney que, antes de encontrar su público internacional, pasó por una función alquilada en Texas que apenas juntó 30 dólares.
A veces las historias más insólitas del cine no nacen en las luces de un estreno con alfombra roja, sino en una sala alquilada al mediodía, en algún suburbio que nadie suele recordar. Eso es, justamente, lo que me propongo contar acá: la rareza casi sin parangón de «Zyzzyx Road», un thriller que en el verano de 2005 se rodó en el desierto de Mojave con la convicción de que podía funcionar en el mercado internacional y que, sin embargo, llegó a su único público estadounidense bajo la forma de un experimento comercial que aún hoy se cita como curiosidad.
La pareja, el crimen y el cuerpo que se esfuma
La película que firmó John Penney —que aquí ofició de guionista, productor y director de su propio material— está ambientada en Las Vegas y gira alrededor de un triángulo bastante oscuro: después de que una mujer y su pareja terminan con la vida del exnovio de ella, deciden deshacerse del cadáver enterrándolo en una ruta que da nombre al film. Cuando regresan a buscar el cuerpo, ya no está. Esa promesa de misterio, que mezcla el género negro con el road movie, sostiene el interés de una propuesta que se apoya mucho más en el giro argumental que en la pirotecnia visual.
Un elenco que ya miraba hacia lugares muy distintos
El elenco principal lo encabezan Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore, tres nombres que por entonces transitaban caminos muy dispares. Lo más llamativo fue Heigl: según el material de base, la actriz aceptó participar después de que Thora Birch rechazara el papel, cuando ya había filmado el piloto de lo que luego se convertiría en «Anatomía de Grey». Es decir, estamos ante una Katherine Heigl de antes de la fama masiva que la consagra como «Anatomía de Grey». Sizemore, por su parte, llegaba con una trayectoria consolidada en títulos como «Rescatando al soldado Ryan» y «Heat», dos referencias ineludibles del Hollywood de los noventa. Grillo, finalmente, articulaba todo el proyecto alrededor de una estrategia personal que detallo más abajo.
Un rodaje modesto en el desierto
La producción contó con un presupuesto de 1,2 millones de dólares y un rodaje de apenas veinte días durante el verano de 2005. Penney tenía experiencia como guionista y venía de haber trabajado con figuras como Brian Yuzna y Joey Travolta, de modo que «Zyzzyx Road» fue, sobre todo, su bautismo como director de un proyecto propio. La austeridad del set —sol, arena y dosificador de calor— forma parte inseparable de la identidad de este thriller de bajo presupuesto.
La estrategia insólita: alquilar un cine para seis espectadores
Ahora bien, lo que vuelve a esta película un caso de manual es su recorrido comercial. Leo Grillo, productor y protagonista, no buscaba tanto una carrera de boletería en Estados Unidos como juntar ingresos en el mercado internacional para financiar futuros proyectos vinculados con animales. Para mantener vivos los derechos del film y poder venderlo afuera, el estreno en el país se organizó como una pieza estratégica antes que como un lanzamiento convencional. Los números, por decirlo suavemente, llaman la atención:
Lo que pasó fuera de esa sala, en cambio, ofrece la otra cara de la moneda. Los derechos internacionales para DVD llegaron, aproximadamente, a los 368.000 dólares repartidos en 23 países. Es decir: la película reunió más plata afuera con aquellos DVD que todo lo recaudado en su único cine estadounidense, y aun así la cifra resulta modesta al lado del millón doscientos mil dólares que costó hacerla. Por eso «Zyzzyx Road» quedó en la memoria colectiva del cine menos por sus espectadores en Dallas que por el contraste entre aquel estreno paupérrimo y el inesperado, relativo recorrido exterior.
Si me permitís una opinión en primera persona —algo que este caso, por su propia rareza, casi me exige—, confieso que cada vez que vuelvo sobre esta historia vuelvo a pensar en esa sala vacía de Highland Park Village con seis butacas ocupadas y una cajera devolviendo cinco dólares por cabeza. Hay algo que se parece mucho a una postal del viejo Hollywood independiente: gente filmando en el desierto con dinero propio, buscando la forma de pagar la siguiente película y tropezando, casi sin quererlo, con una de las anécdotas más repetidas de la historia del cine. «Zyzzyx Road» es, en definitiva, el recordatorio de que no siempre hace falta un millón de espectadores para que una película termine ocupando un lugar propio.
Te puede interesar
