El búfalo que ahora mira a Kayce: el duelo como paisaje en la segunda temporada de Marshals
La serie derivada de Yellowstone reemplaza al lobo como animal espiritual del personaje de Luke Grimes y abre una lectura más íntima, ligada a la muerte de Monica y a la relación con su hijo Tate. Una presencia que se repite en momentos clave y que el propio protagonista intenta descifrar.
La imagen llega sin aviso, en un plano abierto del Campamento Este, donde la tierra se estira hasta donde la vista se pierde. Kayce Dutton está de pie, mirando hacia sus campos, y allá lejos, casi como una mancha en el horizonte, aparece un búfalo pastando tranquilo. No hay música que lo subraye ni un primer plano que lo explique. Es apenas una presencia, chica y enorme al mismo tiempo, que se planta ahí, en mitad del duelo que el personaje viene arrastrando desde que Monica murió. A mí, esa primera aparición me resultó casi un susurro de la serie, como si estuviese probando un idioma nuevo antes de animarse a hablarlo en voz alta.
Del lobo al búfalo: qué cambia en el lenguaje simbólico
Para quienes seguimos a Kayce desde Yellowstone, la elección dice mucho. Durante cuatro temporadas el lobo fue su espejo, su conflicto y, también, su forma de mirarse por dentro. Había una escena, ya convertida en clásica, en la que el personaje se acercaba a uno de esos animales y le decía, de frente, sin esquivar la mirada: "No soy tu amigo. Soy tu enemigo. Me guste o no, lo soy." Aquella frase condensaba todo lo que le costaba ser un Dutton y, al mismo tiempo, estar en paz consigo mismo.
El punto más alto de ese simbolismo llegó en el final de la cuarta temporada de la serie original, cuando Kayce participó del Haŋbléčeyapi, el ritual indígena de visión. Una niña vestida de blanco lo guió hasta el borde de un acantilado donde se abrían dos caminos y, según la lectura que quedó instalada, esa niña era el lobo como animal espiritual del personaje. A partir de ahí, cada vez que un lobo aparecía en pantalla era una señal de que Dutton estaba por tomar una decisión sin camino limpio.
El búfalo se repite cuando Tate entra en escena
En la nueva temporada, el búfalo aparece dos veces y las dos pegadas en el mismo lugar emocional. La primera es la del Campamento Este, después de la cual Kayce camina hasta la tumba de John Dutton y se queda ahí, con su hijo Tate, revisando en silencio lo que les viene pasando. La segunda llega ni bien el personaje descubre que el chico, que nunca había mostrado interés por las armas, está practicando tiro al blanco como si buscara algo que todavía no sabe nombrar. El padre intenta hablarle, no logra atravesar la distancia y, cuando se da vuelta, ahí está otra vez el búfalo, mirándolo desde el horizonte con la misma actitud de antes.
La conversación con Mo y el sentido nuevo del animal
Después del segundo avistaje, Kayce habla con Mo y la charla deja entrever, sin cerrar del todo el misterio, qué puede estareando esa presencia. La lectura que se abre es bastante clara: el búfalo ya no marca la pelea entre Kayce y el mundo Dutton, como hacía el lobo, sino que señala algo más personal, más de oso por dentro que de pelea por afuera. Es la necesidad de hacerse cargo de lo que siente, de ponerle nombre al dolor por Monica y, sobre todo, de encontrar un motivo real para seguir adelante, incluso cuando el día a día con Tate se vuelve cuesta arriba.
“No soy tu amigo. Soy tu enemigo. Me guste o no, lo soy.”Kayce Dutton, en Yellow
Una nota a favor de la serie, sin fanatismos
Visto lo visto, lo que más me gusta de este cambio es que la serie se anima a mover las piezas del lenguaje visual sin romper con el pasado. El búfalo no borra al lobo, lo complementa: si antes la tensión era con la familia y el rancho, ahora el viaje parece más de padre e hijo, más de armándose de nuevo por dentro. Me quedo con eso, con la sensación de que Marshals está encontrando una voz propia sin traicionar de dónde viene, y de que Kayce, por primera vez en mucho tiempo, parece estar aprendiendo a escucharse en lugar de correr detrás de un animal que ya no le pertenece.
