Dos aeropuertos del interior se repotencian para recibir el flujo turístico que crece sin pausa
Salta reabrió su terminal internacional con una inversión de 110 millones de dólares y una capacidad operativa que se eleva un 65 por ciento, mientras San Rafael habilitó la primera etapa de su nueva terminal con 1.790 metros cuadrados habilitados para operar dos Boeing 737 en simultáneo. Las obras, ejecutadas en paralelo a un calendario de pasajeros que sigue en alza, reconfiguran la conectividad aérea de dos polos clave del noroeste y del sur mendocino.
El aeropuerto de Salta movilizó 830.859 pasajeros entre enero y julio de este año, con 767.968 en vuelos de cabotaje y 62.891 en internacionales, lo que representa un crecimiento del 2,35 por ciento respecto del mismo período del año anterior, de acuerdo con los registros difundidos por Aeropuertos Argentina y el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA). Esa performance es la que enmarca la decisión de reabrir la terminal el pasado 27 de agosto con instalaciones prácticamente nuevas, tras una inversión de 110 millones de dólares que eleva la capacidad operativa un 65 por ciento y reordena por completo la experiencia del pasajero desde que cruza la puerta de acceso.
La intervención sobre el aeropuerto salteño incluyó un hall principal reconstruido, 32 puestos de check-in, una ampliación de 650 metros cuadrados en el sector de embarque doméstico y un paquete de obras técnicas que abarcó edificios de servicio, una nueva subestación eléctrica y un acceso vehicular renovado. En planta baja funcionará un drugstore, un servicio de embalaje de maletas y un café de especialidad, mientras que en el preembarque doméstico se incorporan una tienda y un espacio de gastronomía local. En paralelo, las entidades bancarias Nación y Macro instalan cajeros automáticos dentro del edificio para descomprimir los trámites previos al vuelo, una mejora menor en términos edilicios pero sensible para los viajeros que llegan desde el interior profundo del NOA.
San Rafael suma metros y operatividad
En el sur mendocino, el aeropuerto de San Rafael habilitó la primera etapa de su nueva terminal con una inversión ejecutada de 15 millones de dólares, sobre un total proyectado de 20 millones para cuando concluya la obra completa. La superficie incorporada supera los 1.790 metros cuadrados e incluye áreas de atención al pasajero, un edificio de check-in provisorio con cuatro posiciones, oficinas operativas, un nuevo sistema de manejo de equipajes con carrusel y un puesto de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. La reforma permite procesar en simultáneo un arribo y una partida de aviones tipo Boeing 737, una operación que la infraestructura anterior no podía sostener y que hasta ahora limitaba la conectividad de un departamento que en los últimos años recibió inversiones en su pista, plataforma y calle de rodaje, renovadas en 2023.
El esquema de trabajo en San Rafael se diseñó en dos etapas para no interrumpir las operaciones durante la construcción, y la segunda contempla la transformación del edificio existente, una decisión que apunta a consolidar el perfil turístico del departamento en torno a los viñedos, los ríos y las sierras que motorizan la demanda de pasajes durante buena parte del calendario. La conexión con la lectura federal del sistema aéreo argentino se vuelve inevitable: en un país donde la Corte Suprema ya fijó doctrina sobre el caudal del río Atuel al recordar que el agua es un recurso interjurisdiccional que no admite apropiaciones unilaterales, sigue pendiente la discusión sobre cómo se financian, mantienen y proyectan las terminales del interior que sostienen, en buena medida, la integración territorial y productiva de regiones históricamente relegadas.
- Salta: terminal rehecha con 110 millones de dólares, capacidad operativa 65 por ciento mayor y 830.859 pasajeros entre enero y julio.
- San Rafael: primera etapa habilitada con 1.790 metros cuadrados y capacidad para operar dos Boeing 737 en simultáneo.
- En San Rafael resta transformar el edificio existente y completar la inversión hasta los 20 millones de dólares previstos.
En el oeste mendocino, puesteros consultados en otras coberturas sobre la zona suelen resumir el sentir del interior con una frase que también aplica a los aeropuertos: cada obra que llega tarde se festeja, porque la comparación es con décadas de postergación. La pulseada ahora pasa por la segunda etapa de San Rafael, por el ritmo de las frecuencias que las aerolíneas sumen a partir de esta infraestructura y por la manera en que las provincias traduzcan estas terminales en rutas concretas hacia el turismo y la producción. Lo que falta hacer es tanto o más relevante que lo ya ejecutado: sostener los cronogramas, garantizar que las nuevas capacidades se traduzcan en vuelos efectivamente operados y evitar que estas inversiones se conviertan en cáscaras modernas sin la conectividad diaria que el interior argentino todavía reclama.
