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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Días grises, huesos en alerta: por qué la vitamina D no se gasta tan rápido como creemos

Las jornadas cubiertas hacen pensar que el cuerpo se queda sin su combustible solar, pero las reservas suelen aguantar. Un especialista marca quiénes sí deben hacerse los análisis y en qué casos conviene suplementar bajo control médico.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 45 min
Días grises, huesos en alerta: por qué la vitamina D no se gasta tan rápido como creemos

Amanece en Buenos Aires con esa luz chata que se filtra entre nubarrones, la típica mañana de julio en la que uno sale a la calle con el piloto de lluvia a mano y la sensación de que el sol se fue de vacaciones. En el bar de la esquina, Jorge, vecino de Caballito, comenta mientras acomoda el diario sobre la mesa que por estos días le duelen los huesos más de lo habitual y no descarta que sea culpa de la falta de sol. Esa percepción es compartida por muchos porteños cuando se acumulan las semanas sin una tarde radiante, y abre una pregunta que recorre consultorios y farmacias: basta con el cielo encapotado para que el cuerpo se quede sin vitamina D?

La respuesta, según explica Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, es más tranquilizadora de lo que parece. La vitamina D se fabrica sobre todo en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B y también se obtiene de algunos alimentos, aunque la síntesis cutánea sigue siendo la fuente principal para la mayoría de las personas. Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la borran del mapa. Por eso, una racha de lluvias o de cielo tapado no implica, por sí sola, una caída brusca de los niveles en el organismo.

A eso se suma que el cuerpo atesora reservas que le permiten sostener los valores durante lapsos de menor exposición. El riesgo real de caer en una deficiencia depende del punto de partida de cada uno, de los antecedentes clínicos y de las condiciones de salud. Lo que comemos, cuánta piel solemos exponer al sol y cómo absorbe cada organismo esos estímulos pesa más que una semana o dos de mal tiempo.

Quiénes sí deben mirar de cerca sus niveles

  • Adultos mayores, por la menor capacidad de síntesis cutánea y la exposición reducida al aire libre.
  • Personas con obesidad, ya que la vitamina D tiende a quedar atrapada en el tejido adiposo y pierde biodisponibilidad.
  • Pacientes con enfermedad celíaca o con problemas de malabsorción.
  • Quienes atravesaron cirugías bariátricas, internaciones prolongadas o cuadros críticos.
  • Personas con osteoporosis diagnosticada o antecedentes de fracturas.
“Para los adultos sanos sin deficiencia documentada no hay una recomendación general de suplementación. Además, el exceso puede ser perjudicial: consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal.”Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna (UBA)

La vitamina D cumple un papel central en la absorción de calcio y fósforo, dos minerales clave para la salud ósea. Cuando falta de forma sostenida, puede derivar en osteomalacia en adultos, una mayor fragilidad de los huesos y un riesgo más alto de fracturas. En la infancia, una carencia pronunciada puede llegar a raquitismo. También participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, lo que explica por qué su déficit se asocia a cuadros variados y no solo a cuestiones óseas.

En la mesa diaria, los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados aportan una cuota de esta vitamina. Sin embargo, cuando ya existe una deficiencia, la alimentación suele no alcanzar para revertirla y se vuelve indispensable la indicación médica. Heredia también aclara que la relación entre la falta de luz natural y los cambios de ánimo merece un capítulo aparte y no debe mezclarse, automáticamente, con la necesidad de suplementar esta vitamina.

Como le dije a Jorge antes de dejar el bar, antes de comprar un frasco en la farmacia conviene hacerse los análisis correspondientes y, sobre todo, consultar al médico de cabecera. Es la forma más segura de saber si esas jornadas grises nos están pasando realmente la cuenta o si, como tantas veces, el cuerpo ya hizo los deberes con el sol que acumuló en meses anteriores. La prudencia, en estos temas, es la mejor aliada.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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