De dormir bajo una carpa prestada a cortar la cinta en su propia fonda
Ezequiel Banegas llegó a Neuquén desde Azul sin trabajo ni techo, sobrevivió con la ayuda de un vecino y un refugio, aprendió a cocinar con dos hornallas y construyó una clientela de casi mil personas. A los 36 años, este viernes abre La Fonda en el barrio Mariano Moreno.
La mañana del jueves amaneció fría y gris en el barrio Mariano Moreno, como tantas en Neuquén cuando el invierno se hace rogar, y Ezequiel Banegas caminaba con las manos en los bolsillos por la vereda de Mitre y Correntoso, mirando de reojo la puerta todavía sin pintar del local que en unas horas abrirá sus puertas al público como La Fonda, la rotisería que soñó durante años mientras vivía en la calle, dormía dentro de una carpa prestada y cocinaba con apenas dos hornallas para gente que ni siquiera conocía su nombre.
Un viaje a dedo y una carpa que llegó de Facebook
Porque la historia de Ezequiel empieza en febrero de 2024, cuando tenía 33 años y decidió subirse a la ruta en Azul, provincia de Buenos Aires, sin dinero, sin contactos y con apenas la ropa puesta. Viajó dos días a dedo hasta Neuquén, durmió como pudo las primeras noches y entendió rápido que sin ayuda no iba a poder sostenerse.
“Necesitaba una carpa para aguantar el frío, publiqué en un grupo de Facebook y enseguida me respondió un vecino llamado Raúl, que me acercó una carpa, una almohada y un acolchado. Esa gente no sabe lo que me sirvió esa mano.”Ezequiel Banegas
Esa primera red de contención, mínima pero decisiva, le permitió aguantar hasta que apareció un lugar más firme: un refugio de la calle Belgrano al 2500, donde recibió acompañamiento para reordenar su vida cotidiana, tramitar documentos y empezar a buscar trabajo con cierta estabilidad.
De operario a jefe de ventas y, en paralelo, cocinero
El primer ingreso formal le llegó en el área de mantenimiento de una empresa de logística. Después saltó a un corralón de materiales en Cipolletti, donde arrancó como vendedor y, según cuenta él mismo, terminó haciéndose cargo del equipo de ventas. Fueron meses de aprendizaje sobre cómo se maneja un negocio, cómo se atiende a un cliente y cómo se lleva un número al día, herramientas que más tarde le servirían para otra cosa, bien distinta a la construcción.
Porque en paralelo a esos empleos formales, Ezequiel empezó a cocinar. Lo hizo como pudo: dos hornallas, un horno que no andaba, una heladera chica y muchas ganas. Arrancó con tortas fritas, chipá y bolas de fraile que iba a vender al Paseo de la Costa, el lugar donde cualquier neuquino sabe que un domingo al aire libre siempre hay público. Cuando vio que la gente repetía, fue sumando de a poco el resto del menú.
La Fonda, a metros de su casa
El local que eligió queda a metros de su casa, en Mitre y Correntoso, pleno barrio Mariano Moreno, y llevará un nombre bien criollo: La Fonda. Abrirá de lunes a domingo, excepto los martes, en dos turnos, mediodía de 12 a 15 y noche de 20 a 23.30. La carta inicial incluirá hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos, y más adelante proyecta sumar un menú diario al mediodía, con plato principal, guarnición y bebida, a precio pensado para familias.
Antes de la apertura, Ezequiel volvía una y otra vez sobre la misma idea, casi como un mantra que se repite en la cocina mientras prueba una salsa o acomoda una bandeja: lo que más le importa no es el ticket promedio ni la facturación del primer mes, sino que la gente que entre a La Fonda se sienta bienvenida, escuchado, bien atendida, como alguna vez se sintió él cuando Raúl le alcanzó esa carpa o cuando lo recibieron en el refugio de calle Belgrano.
Por eso, mientras el jueves se acomodaba el último detalle en el salón y afuera el viento patagónico seguía soplando, este pibe de Azul que llegó sin nada y hoy está a punto de cortar la cinta de su propio negocio repetía algo que suena a deseo y a promesa al mismo tiempo, y que también describe cómo piensa el largo plazo: "Mi sueño es abrirme un bodegón, con platos abundantes y precios accesibles para las familias. Pero vamos de a poquito, paso por paso".
Ese paso, el de abrir La Fonda, se concreta este viernes en el barrio Mariano Moreno, a metros de la casa donde hoy Ezequiel duerme bajo un techo propio, con la misma calma con la que dos años y medio atrás se acomodaba dentro de la carpa que le prestó un vecino de Facebook que, probablemente, nunca imaginó hasta dónde iba a llegar esa primera mano tendida.
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