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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cinco preparados caseros que recomienda el INTA para cuidar el jardín sin química

Con la primavera los hongos hacen de las suyas y en verano se disparan los insectos y los ácaros. Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria explican que existen recetas simples, a base de ortiga, ajo, naranja y cebolla, que sirven como prevención y en los primeros ataques. Una guía paso a paso.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 19 h
Cinco preparados caseros que recomienda el INTA para cuidar el jardín sin química

Son las siete de la mañana de un martes de octubre y el barrio de Villa del Parque todavía está envuelto en esa bruma finita que deja la sudestada. El aire huele a jazmín y a pasto recién cortado, y María Inés, que vive en su casa de toda la vida sobre la calle Helguera, ya está regando las plantas del frente con la manguera. Me mira por encima del cerco y, mientras acomoda un macetón con albahaca, me dice casi enojada: "Mirá cómo tengo los rosales, che. Esta primavera aparecieron unos pulgones que me están volviendo loca, y yo no quiero echarles veneno porque tengo un nene chiquito que juega en el patio". María Inés, como tantos vecinos de la zona, arrancó a buscar soluciones caseras y terminó topándose con una serie de preparados que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria viene recomendando hace años para huertas y jardines domésticos.

El clima de estos días, templado y húmedo, es el caldo de cultivo ideal para que los hongos hagan de las suyas. Cuando llegue el verano y el ambiente se seque, el problema pasará a ser otro: insectos y ácaros, que además encuentran más frutos para alimentarse. Para bajar esas poblaciones a un nivel que no cause daño significativo, existen recetas de elaboración simple que, eso sí, no reemplazan a los productos químicos cuando el ataque es severo, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema.

Tres reglas básicas antes de empezar

  • Preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa.
  • Colar bien el líquido antes de pulverizar para no tapar la boquilla del rociador.

Las cinco recetas que recomienda el INTA

  • Purín fermentado de ortiga: un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de aplicarlo se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos y además aporta nutrientes al suelo. Conviene manipular la ortiga con guantes.
  • Macerado concentrado de ajo con alcohol: una cabeza entera de ajo licuada con medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se deja siete días en la heladera, se filtra y se diluyen 100 mililitros por litro de agua al momento de usar, con un poco de jabón blanco neutro como adherente. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos.
  • Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos. Sirve para pulgones y cochinillas.
  • Cebolla: se dejan reposar dos o tres cebollas medianas en agua hirviente durante hasta 48 horas. Funciona contra pulgones y hongos.
  • Infusión de ruda y salvia: en proporciones iguales, sin fermentación, para controlar pulgones.

Mientras le explico a María Inés cada una de las recetas, ella va tomando nota en un papelito que apoya sobre la reposera del patio. Le insisto en algo clave: estos preparados caseros no son magia, son herramientas, y funcionan mejor cuando se aplican con constancia y en los primeros síntomas. El purín de ortiga, por ejemplo, además de repeler insectos, fertiliza el suelo, así que es un dos por uno. El macerado de ajo, en tanto, tiene un olor penetrante que aleja a las plagas pero también puede resultar molesto para los vecinos, de modo que conviene aplicarlo al atardecer, cuando el aire empieza a calmarse en las calles de Villa del Parque.

Antes de despedirnos, María Inés me regala un manojo de ruda del fondo de su casa y me hace prometerle que voy a volver la semana que viene para contarle cómo le fue con el purín. Yo le prometo que sí, mientras guardo la ruda en una bolsa de papel y me cruzo la calle pensando que, en definitiva, cuidar un jardín sin química es casi un acto de defensa del barrio: se cuida la salud de los nenes que juegan en la vereda, la de las mascotas que olfatean el pasto y la de ese aire húmedo de octubre que todavía huele a jazmín.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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