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El parador neuquino que no cierra en primavera y apuesta a reinserir

A dos meses de su apertura, el refugio nocturno de Neuquén atendió a 400 personas y registró un picos de 120 asistentes por noche. Con la llegada del calor no bajará las persianas: se transformará en un dispositivo por etapas para acompañar a sus usuarios hacia el trabajo y la familia, tras una visita de inspiración a Ciudad Oculta.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · 27 de agosto de 2026 · hace 2 h

La mañana neuquina amanece templada, casi sin rastros del frío que durante semanas obligó a abrigarse hasta los dientes. En la puerta de la Catedral María Auxiliadora, un par de voluntarios acomodan termos y frazadas mientras conversan con quienes, poco a poco, se acercan a preguntar cómo es el parador. Yo los miro y pienso que, en esta ciudad donde el viento suele cortar la cara, la noticia de que el refugio no cerrará con la primavera suena casi como un alivio para los vecinos del centro y, sobre todo, para quienes duermen a la intemperie.

Porque esa es, precisamente, la novedad que trae este final de invierno: el dispositivo que abrió hace dos meses en Neuquén llegó a atender a 400 personas y sostuvo un promedio de 100 asistentes por noche, con picos que tocaron los 120. Así lo cuentan los organizadores, que ahora confirmaron que el parador no bajará las persianas cuando empiecen a subir las temperaturas. La idea, me explican, es reconvertirlo en un refugio que funcione todo el año bajo un nuevo formato, pensado para acompañar a cada persona en un camino que vaya mucho más allá de una cama y una cena caliente.

Un modelo por etapas para salir de la calle de verdad

El esquema que se viene, me detalla una de las coordinadoras mientras revisa una planilla en una oficina prestada, prevé distintos niveles de atención según el estado y los tiempos de cada persona. El primer nivel, el de bajo umbral, es el que ya funciona: se recibe a cualquier vecino en situación de vulnerabilidad tal como llega, sin exigir condiciones ni preguntar por consumos problemáticos. A partir de ahí, el dispositivo ofrece etapas de mediano y alto umbral a medida que cada usuario avanza hacia dos metas centrales: conseguir un empleo o retomar el vínculo con su familia.

  • Bajo umbral: ingreso voluntario y sin requisitos, con comida, ducha, lugar para dormir y guarda de pertenencias.
  • Mediano umbral: acompañamiento de equipos de salud, psicólogos y trabajadores sociales, con participación del Ministerio de Salud.
  • Alto umbral: orientación laboral, articulación con otros refugios de la ciudad y preparación para acceder a un alquiler o regresar al entorno familiar.

Para hacerlo posible, el punto de partida del traslado nocturno cambiará. Ya no será únicamente la Catedral: funcionará un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde los usuarios podrán dejar sus pertenencias de manera segura. Desde allí serán trasladados al refugio, aunque quienes estén en condiciones podrán movilizarse por sus propios medios. Se trata, me dicen, de ordenar un circuito que hoy, a fuerza de urgencia, se improvisa sobre la marcha.

Quiénes son y de dónde vienen los que pasan la noche allí

Los números que difundió el equipo del parador permiten dimensionar la problemática y, sobre todo, desarmar prejuicios. El 92% de las personas que pasaron por el refugio son varones y el 81% tiene domicilio registrado en Neuquén capital, según datos cruzados con el Registro Nacional de las Personas. Es decir, no estamos hablando de gente de paso: en su enorme mayoría, son vecinos de la ciudad que por distintos motivos quedaron a la intemperie.

“La idea es que cada uno pueda empezar un camino propio, sin apurarlo ni dejarlo solo. Algunos vienen a comer caliente, otros a ducharse y, de a poco, se animan a pensar en un trabajo o en volver a ver a su familia.”Coordinadora del parador

Mientras camino por la cuadra de la Catedral, me cruzo con Marcelo, del barrio Belgrano, que se acercó para dejar una bolsa con ropa de abrigo. Me cuenta que desde chico ve gente durmiendo en las veredas y que este año, por primera vez, sintió que el Estado y los vecinos estaban haciendo algo distinto. Yo le digo que la transformación del parador en un dispositivo por etapas nació de una visita de trabajo de dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, donde organizaciones con mayor trayectoria en este tipo de atención compartieron su experiencia. Y Marcelo asiente, como si la sola idea de mirar hacia otros lugares ya fuera una buena señal.

Salud, psicología y trabajo, los ejes del nuevo formato

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En materia de servicios, el parador ya cuenta con atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y equipos de psicólogos que realizan abordajes individuales. A partir del cambio de formato se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y una participación más activa del Ministerio de Salud, además de un trabajo coordinado con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad. El objetivo, me insisten, no es solo dar cama: es construir un puente hacia afuera.

El acceso al parador, aclaran, sigue siendo estrictamente voluntario: las personas se acercan a la Catedral María Auxiliadora para ser trasladadas al lugar. Todavía hay quienes duermen en la calle y no utilizan el espacio, y dentro del refugio rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para permanecer. Esa combinación de puertas abiertas y normas claras, confían los coordinadores, es la que permite sostener el dispositivo durante todo el año sin perder el cuidado del conjunto.

Cuando me voy de la puerta de la Catedral, el sol ya entra de lleno sobre la vereda y la temperatura empieza a subir, como para confirmar que la primavera llegó. Pienso que, en esta ciudad donde el frío suele ser cruel, la decisión de no cerrar el parador y, más aún, la de transformarlo en un refugio por etapas es, en definitiva, una apuesta a fondo: la de entender que la calle no se resuelve con una sola noche a salvo, sino con un proceso largo, paciente y humano para que cada vecino pueda, alguna vez, dejar de necesitarla.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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