Carillas dentales: las filtraciones que nadie ve y que pueden arruinarte el diente desde adentro
El cemento que las une al esmalte se desgasta con los años y deja una puerta abierta a la humedad y las bacterias. Un especialista describió las señales para detectarlas a tiempo y las salidas que existen antes de que la pieza quede demasiado comprometida.
El consultorio está en penumbra, apenas roto por la luz amarillenta de la lámpara del sillón. La paciente de hoy llegó con una molestia sorda en el molar del lado izquierdo, esa que aparece cuando se toma algo frío y se queda un segundo más de lo razonable. No es dolor, todavía no, pero ella ya sabe que algo no anda bien. Yo la miro y pienso que, muchas veces, el problema no está en el diente mismo sino en el borde de la carilla que le colocaron hace más de una década. El odontólogo Jigar Gandhi, especializado en odontología biológica, lo explica con una imagen que cualquiera puede entender: la unión entre la carilla y el esmalte se parece al sellador de una bañera, que con los años se va gastando y pierde continuidad.
Cuando ese borde se rompe, queda un espacio mínimo donde se cuelan humedad, restos de comida y microorganismos. En algunos casos, cuando la zona queda casi sin oxígeno, también pueden aparecer hongos, aunque eso lo decide el diagnóstico de cada paciente. La filtración, como se la conoce en el consultorio, suele avanzar en silencio durante meses antes de dar señales claras.
Cómo se detecta sin sacar la carilla
Gandhi trabaja con iluminación clínica de alta potencia, una suerte de lupa con luz dirigida que permite revisar milímetro a milímetro los márgenes de la restauración. Lo que busca son bolsas de aire, cambios de color y alteraciones en el material de adhesión. "Si hay decoloración, el cemento se lavó", resume el especialista, y agrega que en ese caso no queda otra que reparar. La buena noticia es que para llegar a ese punto no hace falta retirar la carilla: alcanza con un control visual bien hecho en el consultorio.
El profesional aclara algo que muchos pacientes confunden: colocar una carilla no implica hacer una endodoncia. Bajo el material estético quedan dentina y parte del esmalte original, de modo que el diente conserva su vitalidad. Eso significa que una filtración no afecta solamente un cuerpo extraño, sino tejido vivo, y por eso duele, inflama o se oscurece con el tiempo.
Qué se puede hacer cuando la filtración ya está
- Si el diente fue poco intervenido y la estructura remanente es razonable, se puede reemplazar la carilla por una nueva, previa limpieza del cemento deteriorado.
- Cuando el daño avanzó y la estructura remanente no alcanza, la salida es una corona de cobertura total, que reemplaza toda la cara visible del diente.
- En todos los casos la decisión se toma después de revisar si hay caries, fracturas, inflamación de encías y los resultados de los estudios por imágenes.
Para quienes todavía no tienen restauraciones estéticas y están pensando en hacerse una, Gandhi recomienda evaluar opciones menos invasivas cuando el caso lo permita. Y deja una advertencia que vale la pena repetir: cualquier intervención con instrumental rotatorio sobre esmalte sano genera microgrietas, un detalle a tener en cuenta antes de avanzar con cualquier tratamiento.
El dato que muchos olvidan
Identificar una filtración a tiempo amplía las opciones disponibles antes de que la estructura dental quede más comprometida. Las limpiezas profesionales periódicas y los controles de los márgenes de las restauraciones son la mejor manera de llegar a tiempo. En el sillón del consultorio, mientras le reviso los bordes a la paciente con la lámpara potente, pienso que en odontología la diferencia entre un arreglo simple y una corona completa suele medirse en meses: los que pasan entre un control y otro. Graciela Berardi, Sociedad y vida.
