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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Aftas que no dan tregua: la hora de distinguir lo pasajero de lo que alerta

Una molestia frecuente que muchas veces se cura sola, pero que en algunos casos esconde déficit nutricionales o enfermedades que conviene atender a tiempo.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 37 d
Aftas que no dan tregua: la hora de distinguir lo pasajero de lo que alerta

Es lunes a la mañana en el barrio de Caballito y en el consultorio de la odontóloga Marta Suárez, sobre la avenida Rivadavia, ya hay varios pacientes esperando. Una de ellas es Patricia Romero, vecina de Parque Chacabuco, que llega con la lengua lastimada y la cara de fastidio: hace tres semanas que tiene una llaga en la encía que no se le va y ya dejó de probar el mate caliente porque le arde demasiado. Me cuenta que pensó que era una afta común y se automedicó con buches de agua tibia con sal, pero el tiempo pasó y la lesión sigue ahí, firme, sin dar señales de mejorar. Su caso sirve para entender por qué no siempre conviene quedarse en casa esperando que la úlcera bucal desaparezca sola.

Qué son y cómo se presentan las aftas

Las aftas, también llamadas úlceras bucales, son lesiones que aparecen en el interior de la boca: en la cara interna de las mejillas, debajo o encima de la lengua, en las encías, en la parte interna de los labios o en el paladar blando. Suelen tener un centro blanquecino, gris o amarillento rodeado de un borde rojizo, y muchas veces vienen precedidas por una sensación de ardor u hormigueo en la zona. A diferencia del herpes labial, no se forman sobre la superficie externa de los labios y no se contagian de una persona a otra, algo que la gente suele confundir y que vale la pena aclarar de entrada para no asustarse ni asustar al resto de la familia.

Cuánto duran y por qué aparecen

La mayoría se resuelve en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento y suele dejar la mucosa sin marcas. Las más comunes son las pequeñas y redondeadas, llamadas menores. Existe una variante mayor, menos frecuente, más profunda, más dolorosa y cuya cicatrización puede estirarse hasta seis semanas. También hay una forma integrada por múltiples ulceraciones diminutas que tienden a agruparse, conocida como aftosa herpetiforme, un nombre confuso porque no tiene nada que ver con el virus del herpes.

Los desencadenantes más documentados son los traumatismos locales: morderse la mejilla por accidente, un cepillado demasiado agresivo, el roce con brackets o con una prótesis mal ajustada y las quemaduras por alimentos demasiado calientes. El estrés, el cansancio y los cambios hormonales ligados al ciclo menstrual o al embarazo aparecen también en la lista de factores asociados, algo que muchas mujeres descubren cuando notan que las aftas se repiten en la misma época del mes.

La alimentación y lo que aporta el cuerpo

La alimentación y el estado nutricional tienen un peso importante, sobre todo cuando las lesiones se vuelven recurrentes. Las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D figuran entre los factores relacionados. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas que reaparecen registran con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que esa asociación no implica una causa directa y que en algunos indicadores la evidencia disponible todavía es limitada, lo que no significa que haya que desatender la pista, sino que conviene estudiarla con análisis de sangre y el seguimiento de un profesional.

Cuándo consultar sin demoras

Hay señales que indican que la consulta con un odontólogo o con un médico no puede postergarse y que vale la pena repasar con calma porque a veces uno se acostumbra a convivir con la molestia y termina subestimándola.

  • Una llaga que persiste más de dos o tres semanas sin mejorar.
  • Lesiones más grandes de lo habitual, con bordes irregulares o que se extienden hacia los labios.
  • Dolor intenso que impide comer, hablar o dormir con normalidad.
  • Aparición de fiebre alta, diarrea, dolor de cabeza, erupciones en la piel o ganglios inflamados en el cuello.
  • Aftas que reaparecen con frecuencia o que aparecen en cantidad, varias al mismo tiempo.
  • Dificultad para tragar o sensación de que algo se traba en la garganta.

Enfermedades que pueden esconderse detrás

Cuando las lesiones son múltiples o se reiteran en el tiempo, una de cada varias explicaciones posibles apunta a una condición de base que merece atención. Entre las enfermedades asociadas se encuentran la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, diversas infecciones virales, bacterianas o fúngicas y los estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida. La idea no es sembrar alarma, sino entender que una afta persistente puede ser un indicio que el cuerpo está dando, algo así como una ventana para llegar antes a un diagnóstico.

La mañana en Caballito sigue avanzando y a Patricia Romero la atienden en el consultorio, le toman una muestra y le piden estudios de sangre para descartar déficit nutricionales y descartar, además, otras causas posibles. Cuando sale a la calle, algo más tranquila, me dice que pensaba que iba a ser algo sin importancia y que ahora se da cuenta de que tres semanas ya eran tres semanas de más. Le tomo el dato porque resume lo que uno muchas veces se repite: las aftas son habituales y casi siempre inofensivas, pero cuando no aflojan o cambian la rutina de comer, hablar o dormir, lo mejor que uno puede hacer es pedir turno en lugar de seguir esperando que el tiempo lo arregle solo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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