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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una tarde de sábado y el ruido en el entretecho: la plaga silenciosa que muchos subestiman en casa

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas explica por qué tapar un agujero no alcanza, cuáles son los accesos que se suelen pasar por alto y el procedimiento seguro para limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 8 h
Una tarde de sábado y el ruido en el entretecho: la plaga silenciosa que muchos subestiman en casa

El sol cae a plomo sobre la vereda de un barrio porteño y, aunque la mañana arrancó fresca, el termómetro ya pasó los treinta grados cuando el vecino me cuenta lo que le viene pasando desde hace semanas. «Yo escuchaba unos ruidos arriba del cielorraso y pensaba que eran gatos», dice Marcelo, que vive en una casa antigua de Villa del Parque, mientras señala con el dedo hacia el techo del comedor. «Hasta que un día abrí un armario de la cocina y encontré todo manchado, con unos pellets negros que no sabía qué eran. Ahí me cayó la ficha». Esos pellets, pequeñas heces dispersas en rincones y detrás de muebles, suelen ser la primera señal visible de una infestación de roedores que, mientras tanto, viene ocurriendo desde hace tiempo dentro de las paredes.

Lo que Marcelo atravesó es una situación muchísimo más común de lo que parece, y detrás de cada caso hay un denominador que se repite casi siempre: se subestima la biología de un roedor y se confía en soluciones que, en el mejor de los casos, dan una ilusión. Porque, como me lo explica con una paciencia que parece infinita, lo que ocurre en una vivienda no es solo un problema de agujeros: es un problema de accesos mal cerrados, de alimentos al alcance, de humedad que sobra y, sobre todo, de desconocimiento sobre cómo se limpia lo que estos animales dejan atrás.

Por qué tapar un agujero no resuelve nada si el material puede ser roído

La espuma de poliuretano es, probablemente, el sellador más usado por cualquier persona que agarra una pistola aplicadora y se propone cerrar una hendija por cuenta propia. El problema, me cuenta el responsable técnico de una empresa de control de plagas con quien hablo para esta nota, es que esa espuma «tiene una limitación muy concreta: los roedores la pueden roer». Es decir, sirve para rellenar el volumen, pero no como barrera final. Para que un cierre sea efectivo de verdad, el material blando tiene que ir combinado con una malla metálica o con lana de acero, y recién después aplicarse la masilla por encima. Sin esa barrera física, el ratón o la rata vuelven a abrirse paso en cuestión de días, y lo que quedó como trabajo terminado es, en la práctica, una invitación a volver.

Los accesos que casi nadie mira

Porque los agujeros visibles, esos que se ven a simple vista en la pared o en el zócalo, son apenas una parte del problema. Hay otros puntos de ingreso que, por estar a la vista de todos, suelen quedar ignorados durante meses. Los burletes deteriorados debajo de las puertas son una vía frecuente, sobre todo en casas antigas donde la madera ya no ajusta como debería. La vegetación pegada a la fachada funciona como puente hacia el techo o hacia las ventilaciones. Las cajas de cartón apiladas en depósitos y garages ofrecen refugio y material para roer. Las pequeñas fugas de agua, incluso un goteo que nadie se ocupa de arreglar, atraen a los roedores porque resuelven parte de sus necesidades básicas. Y los alimentos de mascotas que quedan al alcance durante la noche —el plato de comida del perro en el patio, las bolsitas abiertas en una mesada— terminan siendo un imán silencioso. Por eso, una vivienda ordenada y limpia puede perfectamente tener una infestación: alcanza con que uno solo de esos accesos quede abierto para que el problema se sostenga en el tiempo.

Por qué los remedios caseros no funcionan

En las redes sociales circulan, como en casi todos los temas, una cantidad de soluciones mágicas que prometen resultados inmediatos. La menta y el vinagre aparecen una y otra vez como repelentes naturales infalibles. Los dispositivos de ultrasonido se venden como la solución moderna y limpia, sin químicos ni trampas. Las trampas de resorte, las trampas adhesivas y hasta el famoso «gato de la casa» forman parte del catálogo de creencias populares. Lo cierto, me explica el especialista, es que ninguna de estas alternativas resuelve un foco instalado. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida; los ultrasonidos no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores pueden acostumbrarse al estímulo sonoro con el tiempo; las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una infestación; y las trampas adhesivas, además de generar sufrimiento innecesario en el animal, no atacan el foco del problema. Ninguna de estas opciones reemplaza lo que sí funciona: localizar y cerrar los puntos de entrada, algo que, en la mayoría de los casos, requiere una inspección profesional.

Cómo limpiar excrementos sin riesgo

Una vez que aparecen rastros, la limpieza deja de ser una tarea doméstica más y pasa a ser un procedimiento con reglas específicas. El primer paso, y el que muchos saltean por impaciencia, es ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al lugar afectado. Luego hay que colocarse guantes y protección para vías respiratorias —un barbijo adecuado, no cualquier trapo colgado del cuello— y humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado. Hay que esperar a que el producto actúe y retirarlos con papel, siempre sin contacto directo. Lo que no debe hacerse bajo ningún concepto, y acá la advertencia es tajante, es barrer en seco ni usar aspiradora: ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo. Es un riesgo silencioso que muchísimas personas desconocen, y que puede traer consecuencias serias para la salud.

Porque los roedores no son únicamente una molestia hogareña: pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, y además introducen en el ambiente parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. Si los indicios se repiten o se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado, lo recomendable es recurrir a un servicio profesional de control de plagas. Volviendo a la escena de la tarde, Marcelo me dice mientras mira el techo con cara de estar planeando la próxima mudanza o, mejor dicho, la próxima obra: «Yo pensé que con poner veneno en el placard alcanzaba. Ahora sé que lo que tenía que haber hecho desde el principio era tapar todo y limpiar como me dijeron. La próxima, lo hago bien».

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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