Una madrugada de terror en La Sirena: el fuego se llevó la planta baja de una casa y la familia salvó su vida de milagro
Una pareja y su hija pequeña escaparon de las llamas en el barrio La Sirena de Neuquén; los bomberos trabajaron más de tres horas, los vecinos actuaron con una manguera y una vela o un hornillo de aromaterapia aparece como el origen del siniestro
La noche del miércoles en el barrio La Sirena, en Neuquén, se quebró de golpe. Poco antes de la una de la madrugada, cuando la ciudad ya dormía y la calma parecía instalada, un resplandor naranja empezó a trepar por las paredes de una casa de Pasaje Petróleo al 850, a metros de la Ciudad Deportiva, y en cuestión de minutos la planta baja quedó convertida en un horno. Yo me acerco al lugar en plena madrugada, con un frío húmedo que se mete en los huesos, y todavía se siente en el aire ese olor agrio a plástico quemado, a madera carbonizada, a algo que ya no es una casa sino un recuerdo humeante.
Adentro vivían una pareja y su hija pequeña. La familia logró salir por sus propios medios antes de que el fuego avanzara hacia el piso superior y, sobre todo, antes de que alcanzara las garrafas que había en el interior, una imagen que todavía les eriza la piel a los vecinos que ayudaron en los primeros minutos. Ninguno de los tres sufrió lesiones físicas; la mamá, eso sí, terminó contenida por el personal del SIEN después de una crisis de angustia que se entiende sin esfuerzo: ver tu casa ardiendo con tu hija adentro es algo que no se borra.
Vecinos, manguera en mano, antes que llegara el autobomba
Carlos, que vive a dos cuadras y bajó corriendo cuando escuchó los gritos, me cuenta todavía con la voz acelerada que la escena era desoladora. “La vimos a la mamá en la vereda envuelta en una manta, pidiéndonos ayuda a los gritos, y no lo pensamos dos veces”, dice parado en la esquina, mientras señala el frente ennegrecido de la vivienda. Fue él quien tomó la manguera de su casa y empezó a tirar agua sobre la puerta mientras otros vecinos retiraban las garrafas para impedir una tragedia todavía mayor y activaban la alarma vecinal, ese sistema de llamado que en los barrios populares de Neuquén funciona como un segundo cuerpo de bomberos improvisado.
Cuando los servidores públicos del cuartel llegaron, las llamas ya estaban concentradas en la planta baja, un ambiente de dimensiones reducidas que quedó destruido por completo. Trabajaron más de tres horas, hasta cerca de las 4.30 de la madrugada, y recién entonces pudieron retirarse, aunque dejaron una consigna policial en el lugar para custodiar lo que quedaba. La planta alta, según me confirman los bomberos en el lugar, no sufrió daños estructurales de consideración: apenas el paso del humo, esa ceniza finísima que se mete en cada rincón y que después cuesta meses sacar.
Una vela o un hornillo de aromaterapia, en la mira de la investigación
La causa exacta del incendio todavía está bajo peritaje, pero los vecinos que actuaron en los primeros minutos coinciden en señalar un dato que me hiela la sangre: en la planta baja había una vela mal apagada o un hornillo de aromaterapia que la familia utilizaba de manera habitual. Esa es, por ahora, la principal hipótesis que manejan quienes relevan el siniestro, aunque la investigación recién comienza y será la Justicia la que determine con precisión el origen del fuego.
En la misma madrugada, el cuerpo de bomberos debió atender un segundo foco, a pocas cuadras de allí, en una vivienda de calle Chocón al 2044. En ese caso las llamas afectaron un sillón del living y fueron sofocadas antes de que se propagaran; fue la propia familia la que dio el aviso por prevención y, otra vez, no hubo que lamentar heridos.
- Revisar antes de dormir que no quede ninguna vela, hornillo o sahumerio encendido.
- Nunca dejar garrafas ni aerosoles dentro de los ambientes donde pueda haber una fuente de calor.
- Probar las alarmas vecinales y tener a mano el número de bomberos, porque los primeros minutos valen una casa entera.
- Si el fuego ya se descontroló, no intentar apagarlo uno mismo: salir, cerrar la puerta y llamar a emergencias.
Me voy del barrio La Sirena cuando todavía es de noche, con el cielo todavía oscuro y un viento que corta la cara. Mientras camino, pienso en la imagen con la que llegué: una madre envuelta en una manta, parada en la vereda, mirando cómo se quemaba su casa. Por eso, antes de cerrar esta nota, les hago la misma pregunta que me quedó dando vueltas en la cabeza durante toda la madrugada: ¿tenemos en casa algún objeto de llama abierta que solemos olvidar apagar? Contanos en los comentarios, porque a veces una vela encendida de más es la diferencia entre volver a dormir o no volver a dormir nunca más.
