Una estancia centenaria de Península Valdés abre sus 7.328 hectáreas a los avistajes de ballenas desde la costa
Fundada en 1924 sobre el golfo Nuevo, Las Charas ofrece caminatas por la estepa, navegación opcional desde Puerto Pirámides y una colonia de lobos marinos todo el año, en una jornada que puede extenderse hasta dieciséis horas.
A 35 o 40 minutos de Puerto Madryn, después de transitar 50 kilómetros de asfalto y otros cinco de tierra, aparece el casco de una estancia fundada en 1924 sobre 7.328 hectáreas de Península Valdés, en Chubut. El establecimiento, que en otra época sostuvo majadas de piña y que hoy ya no cuenta con hacienda propia porque sus administradores decidieron retirar los alambrados para favorecer la recuperación de la vegetación autóctona, abrió una puerta al turismo de naturaleza con propuestas que combinan observación de fauna, caminatas interpretativas y visitas gastronómicas con vista al golfo Nuevo.
Cuatro experiencias con la ballena franca como protagonista
El corazón de la oferta es la Bahía de las Ballenas, sobre el golfo Nuevo, adonde la estancia tiene acceso directo. Allí, guías naturalistas conducen caminatas costeras durante las cuales se interpretan las características del ambiente y se reconocen restos óseos de ballenas que forman parte del paisaje, testigos mudos de varamientos antiguos que la erosión fue exponiendo a lo largo de décadas.
“La salida de día completo comienza a las 8.30 y suele terminar alrededor de las 16.”Guillermo Paats, encargado de la gestión turística de Las Charas
- Costa de Gigantes: observación desde la costa, mantenimiento interpretativa y navegación opcional en Puerto Pirámides, de 8.30 a 16. $225.000 por adulto y $185.000 por menor de 12, sin la entrada a Península Valdés. Programa disponible hasta el 15 de octubre.
- Navegación en Puerto Pirámides como opción adicional: $195.000 por adulto, con 50% de descuento para menores de 12. No incluye almuerzo.
- Recorrido hasta la colonia de lobos marinos, observable todo el año. Demanda entre cuatro y cinco horas y llega a acantilados de aproximadamente 15 metros de altura.
- Visita al casco con almuerzo o té con vista al golfo Nuevo.
Para los traslados y las caminatas, Paats recomienda vestirse en capas, llevar calzado de trekking, gorra, anteojos de sol y protector solar, y advierte que algunas pendientes del recorrido pueden presentar dificultades para personas con movilidad reducida. La estancia, mientras tanto, ya no carga el peso simbólico ni material de la ganadería ovina: los alambrados que dividían las 7.328 hectáreas y apuesta a que la estepa se recomponga por sí sola, un dato que dialoga, en clave regional, con la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso Mendoza c. Estado Nacional —derivado de los reclamos de la provincia por el río Atuel—, que recordó que el agua, la tierra y los ecosistemas son bienes colectivos cuya preservación no se negocia.
En un mapa donde la ballena franca austral sigue siendo la vedette de la temporada, propuestas como Las Charas corren con ventaja: permiten avistarla sin embarcarse, sumando el valor agregado de caminar una estancia centenaria, almorzar frente al golfo y, de yapa, asomarse a una lobera que funciona los 365 días del año. Falta, claro, lo de siempre: que Chubut termine de ordenar la oferta turística de Península Valdés con criterios ambientales explícitos, que se reglamente la capacidad de carga en cada punto de avistaje y que el Estado provincial asegure controles efectivos sobre los prestadores. Mientras tanto, la bienvenida la da un puestero del oeste que conoce el campo de memoria y que repite, ante cada visitante, la misma frase: “Acá la ballena manda, y uno se acomoda”.
