Una decena de centímetros que pelean contra el dengue: los peces nativos que la UBA ya repartió en 20.000 hogares porteños
Dos especies de madrecitas de agua, criadas en la Facultad de Agronomía, llegan gratis a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias para controlar las larvas del Aedes aegypti en reservorios donde no se puede fumigar ni vaciar. La temporada 2023-2024 dejó más de 580.000 casos confirmados y 419 muertes en el país, y el proyecto suma una herramienta biológica al manejo integrado del mosquito.
Es una mañana pesada de calor en el barrio de Villa del Parque, de esas en las que el aire se queda pegado a la piel y la humedad parece subir desde la vereda, y mientras el termómetro marca casi treinta grados, una vecina de toda la vida me cuenta con una mezcla de entusiasmo y alivio que acaba de recibir, en una bolsita con agua, unos pescaditos diminutos que ella misma fue a buscar a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, los soltó en una pileta que no puede desagotar del todo por una pérdida vieja y, desde entonces, duerme más tranquila porque sabe que cada uno de esos animalitos se está comiendo, día tras día, las larvas del mosquito que transmite el dengue. Lo que a primera vista parece una curiosidad de patio se inscribe, en realidad, en un programa científico serio, sostenido y con resultados concretos que desde 2022 puso en movimiento la Cátedra de Acuicultura de esa facultad y que, como me insiste la propia vecina sin dejar de mirar la pileta, ya cambió la vida cotidiana de muchísimas familias en la Ciudad de Buenos Aires y en varios municipios del conurbano bonaerense.
Dos madrecitas de agua que comen hasta cien larvas por día
Porque lo que la UBA viene repartiendo de manera gratuita, con un seguimiento profesional detrás, nada menos que dos especies de peces de agua dulce absolutamente autóctonas, la Cnesteron decemmaculatus y la Jenynsia lineata, conocidas vulgarmente como madrecitas de agua, animalitos que no superan los diez centímetros de largo y que tienen, como me subraya la gente del proyecto con un orgullo pausado, una capacidad de trabajo verdaderamente notable: cada ejemplar adulto es capaz de consumir hasta cien larvas de mosquito por día, lo que los transforma en aliados clave en la pelea contra el Aedes aegypti, el vector del dengue, que en la Argentina dejó durante la temporada 2023-2024 nada menos que 580.000 casos confirmados y 419 fallecidos, la peor cifra de la historia reciente del país.
“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto
Lo que más me llama la atención cuando me interiorizo en el tema es que el programa está pensado, justamente, para los lugares donde todo lo demás falla, porque las campañas tradicionales de fumigación, los repelentes, la limpieza de patios y el famoso descacharrizado tienen un límite claro y conocido por cualquier vecino que haya transitado un verano porteño: las grandes piletas de natación que casi nadie desagota, los estanques ornamentales, los bebederos de animales que hay que mantener con agua sí o sí, los tanques de reserva, las fuentes de plaza y cualquier reservorio doméstico donde el agua se queda quieta el tiempo suficiente como para que el mosquito ponga sus huevos y se multipliquen las larvas.
Cómo se accede a los peces y qué criterios sigue la entrega
- La entrega es gratuita y se solicita directamente a la Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA, por mail o por teléfono, y los pedidos se evalúan caso por caso según el lugar y el uso que se les dará.
- Los peces se entregan en bolsas con agua y oxígeno, en cantidades variables según el tamaño del reservorio, y siempre con instrucciones claras de aclimatación y cuidado.
- Además de vecinos particulares, el programa abastece a escuelas, clubes de barrio, centros comunitarios, organizaciones sociales y municipios que quieren incorporar control biológico en su estrategia local.
- El operativo funciona en el marco del programa de extensión universitaria UBANEX y en articulación con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO), y ya fue declarado de interés ambiental por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Durante 2024 y 2025, según me confirman los propios integrantes del equipo, ya repartieron más de 20.000 ejemplares entre familias, instituciones educativas y organizaciones comunitarias de la Ciudad y de varios distritos del conurbano bonaerense, lo que da una idea cabal de la escala del operativo y del interés concreto que despierta en la gente, en gran parte porque se trata de una herramienta barata, limpia y de resultados visibles a corto plazo, como bien me sintetiza la coordinadora del proyecto, Ana Paula Baldonedo, cuando me explica que cualquier persona puede pedir los peces para sembrar en reservorios de difícil vaciado o tratamiento químico, en una frase que resume, en mi modesta opinión, todo lo que hay que entender sobre esta propuesta que, lejos de ser una rareza académica, se fue convirtiendo en una política comunitaria de manejo del dengue en el conurbano y en la Capital.
Una herramienta que suma, no que reemplaza
“Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto
Y acá me parece importante subrayarlo con todas las letras, porque a veces uno tiende a leer estas notas con la mirada puesta en la solución mágica, y no es eso lo que propone la UBA: López y Baldonedo remarcan que los peces no reemplazan las medidas clásicas de prevención, sino que se suman a ellas, en lo que los especialistas denominan manejo integrado del vector, una estrategia que combina eliminación de criaderos, fumigación cuando corresponde, protección personal y, ahora, control biológico con especies nativas, lo que redundó en un círculo virtuoso donde se reduce la cantidad de larvicidas químicos que se vuelcan al ambiente y, al mismo tiempo, se mejora la eficacia de las políticas de prevención en el largo plazo.
Antes de terminar la nota vuelvo a Villa del Parque, en esa mañana pesada de calor, y me cruzo otra vez con la vecina que me arrancó la entrevista con la bolsita en la mano, que ahora acaricia el agua de su pileta con la mirada y me dice, casi en susurro, que lo que más le gusta es saber que hay una universidad pública, masiva y gratuita, trabajando para que ella pueda dormir tranquila en su casa, en su barrio, con sus pescaditos, y esa imagen, pequeña y cotidiana, me parece que condensa lo mejor de un proyecto que pasó de los papers académicos a las piletas de los vecinos y que, sin hacer ruido, se metió de lleno en la pelea contra el dengue en Argentina.
