Un tipo peleó contra un robot, se lastimó la mano y ahora la Justicia de California quiere meterle un cachetazo a los organizadores
La Comisión Atlética de California le envió una carta de cese y desistimiento a REK, la startup que organizó tres combates entre el influencer Frankie LaPenna y humanoides teledirigidos por control remoto. La empresa, lejos de achicarse, ya piensa en nuevos eventos.
¿A alguien le sorprende que alguien se haya metido a pelear contra un robot y haya terminado con la mano hecha polvo? A mí no. Pero vayamos al hueso de la cuestión, que es bastante jugoso.
El 18 de septiembre pasado, en una jaula octagonal montada en San Francisco, el influencer Frankie LaPenna —un metro sesenta y cinco con casco y protecciones, todo un gladiador moderno— se cruzó con un humanoide de un metro ochenta y tres, estructura de acero, teledirigido por un piloto que manejaba al bicho con un visor de realidad virtual. Piense en el muchacho que vuela los drones profesionales en la plaza del pueblo, pero en versión boxeador de ciencia ficción.
¿Qué pasó adentro de la jaula?
Fueron tres combates. LaPenna firmó antes una exención legal que, básicamente, decía que si moría tampoco pasaba nada. Dentro de la jaula le fue como le iba a ir: conectó varios puñetazos, tiró a los robots más de una vez al piso —y ya quisiera yo tener esa coordinación— pero el problema es que el acero, señoras y señores, no se queda quieto. Los humanoides se levantaban en segundos y seguían como si nada.
En una de esas arremetidas, LaPenna se llevó por delante el armazón metálico de uno de los rivales y se fracturó —o lesionó, el parte no es del todo claro— la mano. Unas cien personas vieron el show en vivo y el resto lo vio en video, que es donde la cosa se complicó para los organizadores.
¿Por qué se desató el quilombo legal?
Porque en California, donde se hacen las películas de ciencia ficción y muchas de las noticias insólitas que terminan leyendo, existe un ente llamado Comisión Atlética del Estado. Una sigla más: la CSAC, o sea, la gente que regula el boxeo, el kickboxing y las artes marciales mixtas. Y, como cualquier comisión de pueblo que controla qué ferias y qué festivales se pueden hacer, esta comisión dice que para hacer un combate con un ser humano hace falta pedir permiso.
REK —Robot Entertainment Kombat, la sigla más marketinera del universo— no pidió absolutamente nada. Operó sin autorización, difundió los videos y la Comisión, ni lerda ni perezosa, le envió una carta de cese y desistimiento. El texto es claro como el agua: participar o promover un evento no autorizado en California constituye un delito menor. Traducción: ojo, muchachos.
¿Y el dueño de REK qué hizo?
Tomátelo con soda. El CEO, Cix Liv, recibió la carta, la leyó y publicó en sus redes un textual: "Lo logramos, muchachos". Vamos, lo leyó como si fuera una mención honorífica. Después salió a explicarse con un razonamiento jurídico de manual: dijo que la normativa vigente define "combate" como un enfrentamiento entre dos personas, así que, según él, pelear contra un robot no encaja en la definición y no hace falta permiso alguno.
La Comisión, mientras tanto, avisó que va a ir actualizando sus directrices a medida que la tecnología robótica avance. O sea, le reconocen al CEO que tiene un punto, pero también le avisan que la van a aggiornar.
¿Qué dejó todo esto?
- Un influencer con la mano lesionada que, al menos, le va a dar para varios videos más.
- Una empresa que ya anunció nuevos eventos y que entiende las intimaciones regulatorias como marketing gratuito.
- Una Comisión Atlética estatal que se comió un garrón existencial: cómo se regula a alguien que pelea contra una máquina que no es ni persona ni animal.
- Un debate nuevo sobre qué hacer cuando la tecnología se adelanta al papel que firma el inspector de turno.
La pregunta de fondo queda flotando: si un humano pelea contra un robot teledirigido, ¿es un combate de boxeo, una demostración tecnológica o un truco publicitario con pronóstico reservado? La Comisión dice que, para ellos, es un combate. REK dice que no. Y mientras tanto, seguimos esperando la fibra.
