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Un solo número para saber cómo envejece el cuerpo: la métrica que promete cambiar los controles médicos después de los sesenta

La capacidad intrínseca combina cognición, movilidad, sentidos, ánimo y energía en un puntaje único. La formalizó la OMS en 2015 y hoy se prueba en ensayos clínicos en Francia y Estados Unidos para detectar deterioros antes de que se conviertan en enfermedad.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · 28 de agosto de 2026 · hace 1 h

El consultorio está en silencio, apenas cortado por el zumbido del aire acondicionado y el ruido lejano de la calle. En la sala de espera, Don Carlos, vecino de Belgrano y jubilado bancario de setenta y tres años, hojea una revista mientras espera su turno para el control anual. Cuando la médica lo hace pasar, en lugar de preguntarle por las enfermedades que ya tiene registradas, le pide que se pare, camine unos metros por el pasillo, le toma la fuerza del apretón de manos, le lee una serie de números para que los repita y le pregunta cómo durmió y si le sobra energía para subir las escaleras. Son pruebas que ya existen hace años, pero que hoy empiezan a mirarse juntas, como una foto completa, bajo una lógica nueva que la Organización Mundial de la Salud bautizó en 2015 con un nombre todavía poco conocido: capacidad intrínseca.

Cinco dimensiones en lugar de una sola enfermedad

Cinco dimensiones en lugar de una sola enfermedad

Medir la salud de una persona mayor con un solo número parece ambicioso, y por eso mismo la idea resulta atractiva: en lugar de controlar por separado la presión, el colesterol o la glucemia, un único puntaje reúne cinco dimensiones del funcionamiento humano. Es lo que propone la capacidad intrínseca, un indicador que la OMS formalizó como parte de su programa de envejecimiento saludable y que empieza a discutirse en congresos de geriatría y en ensayos clínicos de Europa y Estados Unidos.

  • Cognición: memoria, atención y velocidad para procesar información, evaluadas con tests breves de detección de deterioro cognitivo.
  • Locomoción: fuerza y movilidad, medidas con pruebas como la velocidad al caminar una distancia corta o la fuerza de agarre con un dinamómetro.
  • Capacidad sensorial: visión y audición, dos sentidos clave para la autonomía cotidiana.
  • Bienestar psicológico: estado de ánimo, ansiedad y satisfacción con la vida.
  • Vitalidad: niveles de energía, cansancio percibido y tolerancia al esfuerzo físico.

Por qué importa mirar antes de que aparezca la enfermedad

Lo que cambió no son las pruebas, que varias ya se usan en los consultorios geriátricos, sino la decisión de combinarlas en un índice único y, sobre todo, de seguirlo a lo largo del tiempo. John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y uno de los impulsores del concepto, lo resume con una frase que me quedó dando vueltas: «Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad.» Esa mirada permite, según Beard, pensar en intervenciones mucho antes de que aparezcan problemas serios, cuando todavía hay margen para revertir el deterioro con ejercicio, cambios en la alimentación o ajustes en los medicamentos.

“Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad.”John Beard, profesor de la Universidad de Columbia

En la práctica, esa lógica ya se está probando. En Francia se lleva adelante un ensayo en el que adultos mayores completan cuestionarios periódicos sobre su capacidad intrínseca y reciben recomendaciones personalizadas; si el puntaje baja, se los deriva a un médico o a un especialista en geriatría para pruebas adicionales. En paralelo, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud de Estados Unidos financia un programa que busca demostrar que la capacidad intrínseca refleja cómo se siente y funciona una persona, y que puede mejorar con ejercicio o con fármacos ya existentes. Los resultados, por ahora, todavía no son concluyentes.

Mientras tanto, en la sala de espera de Don Carlos, la médica termina de anotar los resultados en la historia clínica. Le explica que el conjunto de esas cinco dimensiones se está probando como una suerte de «termómetro» del envejecimiento, capaz de mostrar cambios sutiles que un chequeo clásico dejaría pasar. Carlos se acomoda los anteojos, firma el consentimiento y vuelve a la calle, donde el sol de la tarde entra oblicuo por los balcones de Belgrano. «Mientras me digan que estoy bien para seguir yendo a buscar a mi nieto al colegio, todo lo demás viene solo», dice, despacio, mientras se aleja caminando con paso firme. La escena, casi cotidiana, es quizá la mejor síntesis de lo que persigue esta nueva métrica: que el paso de los años se mida por lo que una persona puede hacer, y no solo por las enfermedades que ya tiene anotadas en el carnet.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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