Un hallazgo que cambia la mirada sobre el ovario después de la menopausia
Un equipo de Estados Unidos demostró que el órgano sigue activo décadas después de la última menstruación: fabrica proteínas, se modifica y envejece de manera gradual
El consultorio está fresco esta mañana, con la luz de julio entrando por la ventana y una señora de Flores que se sienta y me dice, mientras acomoda el bolso, que siempre quiso entender qué pasa con su cuerpo después de la menopausia. Me quedo pensando en esa pregunta mientras reviso el paper que acaba de aparecer en la revista Aging Cell y que, lejos de quedarse en el laboratorio, toca de lleno lo que muchas mujeres sienten y se preguntan sin encontrar respuestas claras.
El estudio, llevado adelante por la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en Estados Unidos, se propuso algo puntual: mirar qué hace el ovario cuando ya no libera óvulos. Para eso, los investigadores analizaron 28 muestras de tejido ovárico sin enfermedad maligna, tomadas a mujeres operadas por causas benignas y agrupadas en tres franjas: de 50 a 59, de 60 a 69 y de 70 años en adelante.
Una foto del ovario en números
Mediante espectrometría de masas, el equipo cuantificó 5.812 grupos de proteínas y comparó los perfiles entre los tres grupos. Lo que vio fue un cambio progresivo: a mayor edad, crecieron las proteínas asociadas a la inflamación, la respuesta inmunitaria innata y el recambio de la matriz extracelular, esa red de moléculas que sostiene a los tejidos. Al mismo tiempo, bajaron las vinculadas a la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas.
Qué pasa a partir de los 70
En el grupo de mujeres de 70 años o más, los autores identificaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las más jóvenes: 84 disminuyeron y 33 aumentaron. El patrón describe un tejido que pasa de mantener su estructura a poner en marcha procesos de reparación y señalización más pronunciados, como si el órgano reorientara su energía hacia otros roles.
La voz de la investigadora principal
Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del trabajo, fue clara al explicar el hallazgo. Dijo que la pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no significa que el ovario quede sin función. Según explicó, los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas que siguen a la menopausia, y eso obliga a repensar al órgano como algo dinámico y no como una estructura que se apaga.
La conexión con el cáncer de ovario
El equipo también cruzó los perfiles proteicos con datos de investigaciones previas sobre cáncer de ovario y encontró que las muestras de mujeres de entre 60 y 69 años mostraban mayor presencia de algunas proteínas antes vinculadas a ese tipo de tumor, cerca de la edad mediana de diagnóstico. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de cáncer y que la coincidencia no implica causalidad, pero sí marca un punto de atención para los próximos estudios.
- Se analizaron 28 muestras de tejido ovárico de mujeres entre 50 y 75 años, sin enfermedad maligna.
- Se cuantificaron 5.812 grupos de proteínas con espectrometría de masas.
- En mayores de 70 se detectaron 117 proteínas con cambios relevantes: 84 bajaron y 33 subieron.
- Aumentaron proteínas asociadas a inflamación, respuesta inmunitaria y recambio de la matriz extracelular.
- Disminuyeron proteínas de arquitectura celular, filamentos y queratinas.
Antes de cerrar la nota vuelvo a la sala de espera, donde Marta, la vecina de Flores que me había contado su curiosidad, hojea una revista mientras espera su turno. Le digo que la ciencia acaba de confirmar lo que su cuerpo le viene diciendo hace rato: que el ovario no se apaga con la menopausia, sino que se transforma. Ella me mira, se acomoda los anteojos y me pregunta si eso quiere decir que tiene que seguir cuidándose. Le respondo que sí, que entender este proceso es la mejor manera de acompañarlo, y que investigaciones como esta sirven para que la medicina deje de tratar al ovario posmenopáusico como un órgano en silencio.
“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función; los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en Northwestern y coautora del estudio
