Treize atrapados en un hotel: así se mira “El problema final”, la nueva apuesta de Netflix con sabor a Christie
José Coronado encarna a un actor que fue Sherlock Holmes y ahora debe resolver un crimen en un alojamiento aislado por un temporal. La miniserie, basada en la novela de Arturo Pérez-Reverte y dirigida por Félix Viscarret, llega el viernes 25 de septiembre.
Me imagino la escena antes de que arranque el capítulo piloto: un vestíbulo de madera oscura, la lluvia golpeando los ventanales y, en alguna mesa del comedor, un grupo de personas que todavía no sabe que compartirán techo con un muerto. Esa imagen es la que me queda dando vueltas después de leer lo que viene con “El problema final”, la nueva miniserie que Netflix tiene previsto estrenar el viernes 25 de septiembre, con el sello de MOD Producciones y la dirección de Félix Viscarret, un realizador con el que la pantalla ya nos había cruzado en relatos sensibles como “El mal del ciervo” o “Bajo el mismo cielo”. Cuatro episodios y a la cama, que la paciencia para el suspenso ajeno no es infinita.
La propuesta adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte y propone un policial clásico de esos donde las tormentas no son sólo clima: en 1959, un temporal deja a trece personas aisladas en un pequeño hotel de una isla. Entre ellas aparece muerta Edith Mander, una turista inglesa. Todo parece suicidio hasta que las contradicciones de la escena empiezan a hacer ruido. Si la fórmula le suena conocida, es porque lo es: un grupo varado, un crimen entre las paredes y la imposibilidad de que entre la policía hasta que escampe. El viejo truco del misterio de cuarto cerrado, que tantos dividendos le dio a Agatha Christie, vuelve a escena con voluntad de homenaje.
Un detective que ya no es detective
El que toma las riendas de la pesquisa no es un policía ni un avezado investigador, sino un actor que alguna vez fue Sherlock Holmes en la pantalla. Lo interpreta José Coronado, un nombre que los lectores de esta sección conocen de sobra: aquí le puso el cuerpo a tipos rotos como el juez de “El Reino” o el padre torcido de “No es país para viejos”, y volvió a cruzarse con Viscarret en “Bajo el mismo cielo”. El detalle no es menor, porque explica el punto de partida: su personaje, Basil, vive una carrera en declive después de haber alcanzado popularidad como el detective creado por Arthur Conan Doyle. Esa experiencia frente a cámara es su única credencial para que los demás huéspedes lo conviertan, a la fuerza, en quien esclarezca la muerte de Edith. Hay algo de melancólico en ese desplazamiento: alguien que fingió resolver casos toda su vida ahora tiene que hacerlo de verdad, sin libreto y sin posibilidad de salir corriendo.
El resto del elenco completa el mapa con nombres que el público ibérico reconoce al pasar lista: María Valverde como Adela Figueroa, Maribel Verdú, Martiño Rivas, Gonzalo de Castro, Pepón Nieto, Cristina Kovani y José Condessa. La selección sugiere que la miniserie no pone todas sus fichas únicamente en el enigma, sino también en el retrato coral de quienes quedaron a merced de la tormenta. Cada huésped carga con su propio signo de interrogación, y la serie parece dispuesta a explotar esa galería de pasados cruzados en pocas horas de pantalla.
Lo que se dijo puertas adentro
En la previa del estreno, Coronado habló del proyecto y trazó un puente directo con la tradición anglosajona del género. “Es de detectives al estilo de los relatos de Conan Doyle, incluso Agatha Christie”, resumió, y agregó que la historia se diferencia de otros thrillers que encaró en su carrera por algo que, como espectador, celebro: la decisión de contar todo en cuatro capítulos. La brevedad, sostuvo, obliga a no desperdiciar plano. Es un razonamiento que uno celebra como televidente: menos relleno, más idea, menos trampas para estirar la novela original.
Como lectora y, lo confieso, fan declarada de los policiales de habitación cerrada, “El problema final” me llama por donde más le duele al género: por la limitación del espacio y por la certeza de que el responsable está adentro, esperando que alguien lo delate. Me gusta también que el detective sea un actor y no un policía, porque añade una capa extra de impostura a la pesquisa: alguien que conoce los trucos del relato, pero debe aplicarlos sin red. Veremos si la serie sostiene la promesa hasta el cuarto episodio, pero la combinación Coronado-Viscarret-Reverte, en un envoltorio que pide ventana cerrada y mate de por medio, es, al menos, una razón suficiente para reservar el sillón del viernes 25. Y a ustedes, ¿qué les interesa más de un policial así: saber quién mató a Edith, o entender por qué nadie puede salir del hotel? Cuentenme, que la conversación sobre misterios de cuatro episodios siempre suma.
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