Travis Knight, el artesano de Laika: defender el stop motion como un acto de fe en lo humano
A días del estreno de Wildwood, el director de Kubo y las dos cuerdas mágicas volvió a poner el dedo en una discusión cada vez más caliente: para qué sirve el arte si no lleva el sello de quien lo hace. Acá, por qué su pelea contra la inteligencia artificial no es un capricho nostálgico sino una toma de posición que atraviesa los 140 minutos de su película más ambiciosa.
Llegué imaginándome la sala de proyección casi vacía, ese silencio absoluto que tienen los cines antes de que la luz caiga y empieza la magia, y lo primero que me quedó dando vueltas en la cabeza fue una frase que Travis Knight dijo como al pasar, pero que en realidad condensa todo lo que viene cocinando Laika desde hace años. El director estadounidense, que en 2016 debutó en la pantalla grande con Kubo y las dos cuerdas mágicas, una película de stop motion que se llevó una nominación al Oscar y le valió un lugar en la mesa grande de la animación contemporánea, presentó en las últimas horas un argumento que va mucho más allá de la nostalgia por lo artesanal. Dijo, ni más ni menos, que la inteligencia artificial carece de humanidad. Y que esa falta, lejos de ser un detalle técnico, es lo que la vuelve incompatible con lo que entiende por arte.
Antes de meterse en la discusión, vale recordar dónde está parado Knight hoy: a los 52 años, después de saltar a la acción real con Bumblebee y de hacerse cargo del esperado reboot de He-Man y los Masters del Universo, vuelve al stop motion de la mano de Laika con Wildwood, que se estrena el 23 de octubre y que el propio estudio calificó como el proyecto más difícil de su historia. Son 140 minutos filmados cuadro a cuadro, a mano, con cada fotograma construido físicamente antes de ser capturado, como se ve en el tráiler que ya viene circulando y que muestra una factura visual donde se nota, a simple vista, el tiempo invertido y las marcas del proceso humano.
Una pelea que no es contra la tecnología, sino por el lugar del artista
“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista. El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad. Y la IA carece de humanidad. Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que haces.”Travis Knight
Lo que Knight defiende no es un rechazo cerril al progreso, ni mucho menos. Él mismo reconoce que la inteligencia artificial es una tecnología asombrosa. Lo que discute es qué hacemos con ella y, sobre todo, qué entendemos por hacer arte. Para el director, la diferencia entre un cuadro de stop motion, con sus mínimas imperfecciones, con el temblor de una mano que mueve un muñeco y la paciencia infinita que eso exige, y una imagen generada por un programa, no es solo de procedimiento. Es una diferencia de fondo, casi filosófica: una lleva el rastro de alguien, la otra sale de una máquina que no tiene nada adentro que dejar.
- Wildwood se estrena el 23 de octubre y es el proyecto más ambicioso de Laika en su historia, con 140 minutos de animación cuadro a cuadro.
- Travis Knight, de 52 años, viene de la nominación al Oscar por Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), su debut como director en stop motion.
- Después pasó a la acción real con Bumblebee (2018) y prepara He-Man y los Masters del Universo.
- Para Knight, la IA es contraria a los valores de Laika porque descoloca al artista del centro del proceso creativo.
- La distinción que traza el director es conceptual: el stop motion exhibe sus marcas humanas, la IA produce resultados sin ese rastro.
- La pregunta que sobrevuela el estreno es si apostar por lo artesanal, en plena expansión de la IA, cambia la forma en que el público valora una película de animación.
Si me dejan cerrar con una opinión, que es lo que suelo hacer en estas notas, les confieso que me sale celebrarle a Knight la valentía de defender esto en voz alta y en público, en un momento en el que la industria audiovisual corre cada vez más rápido a meterle IA a todas las etapas del proceso. Wildwood, por todo lo que se vio hasta ahora, parece dispuesta a demostrar que 140 minutos de trabajo minucioso, físico, con tiempos humanos, todavía pueden pararse de igual a igual contra cualquier película generada en una pantalla. Y que, justamente por eso, cada vez pesan más. Empieza hoy el ojo a ver de qué están hechas, no solo qué muestran.
