Tirante le ganó a Djokovic en Cincinnati, saltó al 42 del mundo y va por el US Open
El platense venció al serbio en segunda ronda del Masters 1000, alcanzó su mejor ranking y ya piensa en Flushing Meadows. Detrás del golpe, un cambio de raqueta, dos psicólogos y un aprendizaje que se cocinó en la Copa Davis.
Arrancó con el quiebre que lo cambió todo. Thiago Tirante entró al court central de Cincinnati con la rigidez lógica de quien tiene a Novak Djokovic del otro lado de la red y el público, casi todo, del lado del dueño de casa. El primer set se le fue sin encontrarle la vuelta a la pelota. Pero en el arranque del segundo hubo un game que se estiró cerca de dieciocho minutos y funcionó como bisagra. A partir de ahí, el platense empezó a disociar el peso del apellido que tenía enfrente y jugó como juega habitualmente. Cuando se quedó con ese set, el partido estaba igualado y el escenario era otro.
Cuenta Tirante que pensó algo simple en ese momento: que todo estaba uno a uno, que se iba a un tercer set y que se iba a ver quién manejaba mejor los momentos importantes. El tercero, según su propio análisis, fue el mejor set que jugó en todo el partido. La confianza creció game a game hasta que llegó la pelota que cerró el cruce más grande de su carrera.
Lo que pasó en la red
El diálogo fue corto. Djokovic lo felicitó y le deseó suerte. Tirante le agradeció todo lo que hizo por el tenis y le dijo que había sido un placer compartir la cancha con él. Las emociones estaban arriba y ninguno estiró la charla. A veces alcanza con eso.
Las claves del salto, según el propio Tirante
- Un cambio de raquete: dejó el modelo Blade, que sentía demasiado rígido para su estilo, y pasó a otro que le da más efecto y potencia.
- Una semana de prueba con ese nuevo equipo, con resultados positivos antes de tomar la decisión.
- Trabajo con dos psicólogos deportivos, con foco en su proceso y en dejar de mirar tanto al resto del circuito.
- Mayor concentración en lo propio y menos atención a lo que hacen los demás jugadores del circuito.
- La experiencia de la serie de Copa Davis en Corea del Sur, donde fue primera raqueta visitante, cargó con la presión y terminó perdiendo: un punto de inflexión que, dice, lo hizo crecer más en lo mental que cualquier victoria.
Lo concreto: con este triunfo Tirante trepó al puesto 42 del ranking ATP, su mejor marca histórica, y el próximo objetivo ya está en el calendario. El US Open espera, y el platense llega con la confianza que deja haberle ganado a uno de los más grandes de la historia en una cancha de Masters 1000. Para mí, que lo vengo siguiendo, lo más interesante no es sólo el resultado: es que por primera vez se lo vio dueño de su propio juego frente a un rival gigante. Veremos si Flushing Meadows confirma que este salto tiene consistencia.
