The Good Place: la comedia que se atreve a preguntar qué significa ser buena persona después de muerto
La serie de Michael Schur cierra su recorrido con un elenco enorme y una pregunta que no se deja responder fácil: ¿se puede cambiar aunque la oportunidad llegue tarde?
Imaginate llegar a un lugar que parece un country club perfecto, con vecinos amables, casas impecables y un tipo con traje que te recibe con una sonrisa enorme y te dice que te lo merecés. Ahora imaginá que sabés, en el fondo, que no es así. Esa es la primera imagen que dejó The Good Place cuando arrancó, y a mí, cada vez que la recuerdo, me parece una de las mejores aperturas que tuvo una comedia en los últimos años. La serie de Michael Schur —que ya había creado junto con otros proyectos como Parks and Recreation y Brooklyn Nine-Nine, dos comedias con sello muy reconocible— eligió empezar por ahí: por el vértigo de descubrir que te dieron un premio que no te corresponde.
Eleanor Shellstrop, interpretada por Kristen Bell, llega al llamado Lugar Bueno después de morir y se topa con esa contradicción enorme: fue destinada a un paraíso reservado para gente que actuó bien en la vida, aunque ella misma reconoce que su paso por el mundo estuvo marcado por el egoísmo y la falta de consideración hacia los demás. A partir de ese desfasaje, la serie arma una comedia que no se conforma con hacer chistes y que, temporada tras temporada, va sumando capas.
Cinco personajes, cinco formas de pensar lo que está bien
- Ted Danson como Michael, el arquitecto del vecindario donde transcurre la nueva vida de los protagonistas.
- William Jackson Harper como Chidi, un profesor de filosofía que busca actuar siempre de manera moralmente correcta y que se convierte en el motor intelectual de la historia.
- Jameela Jamil como Tahani, cuya apariencia de perfección oculta inseguridades profundas y un pasado familiar complicado.
- Manny Jacinto como Jason, poco preparado para resolver debates filosóficos pero con una lógica propia que desarma varios dilemas.
- Eleanor Shellstrop, la protagonista que sabe que no merece estar donde está y que, justamente por eso, empieza a preguntarse cómo cambiar.
Lo interesante es que la serie no se queda en el sketch inicial. A lo largo de sus cuatro temporadas y sus 53 episodios, los personajes se ven forzados a convivir, a estudiarse, a discutir y a acompañarse. En ese ida y vuelta van apareciendo preguntas sobre qué significa actuar bien, cuánto pesan las consecuencias de un acto y qué posibilidades tiene alguien de modificar su manera de ser. La preocupación de Chidi por elegir correctamente comparte espacio con las limitaciones y contradicciones de sus compañeros, y ahí aparece el cruce más arriesgado de la propuesta: utilitarismo, consecuencialismo y ética deontológica conviven con criaturas fantásticas, chistes absurdos y situaciones imposibles. Las referencias a Kant conviven con tortas voladoras y vecinos que desaparecen. Funciona, y funciona porque Schur nunca pierde el tono de comedia.
Con el paso de los capítulos, la historia incorpora giros que cambian lo que el espectador cree saber. La ficción cuenta con un desenlace que cierra el recorrido de sus protagonistas y, a lo largo del camino, las preguntas sobre la moral se van entrelazando con otras más terrenales: el paso del tiempo, la pérdida y la importancia de quienes acompañan a cada persona. Esa mezcla, que en otra serie sonaría pretenciosa, acá aparece envuelta en gags y en un ritmo muy cuidado.
Una despedida que se gana el aplauso
Si me preguntan a mí, lo mejor que hizo The Good Place fue tomarse en serio las preguntas grandes sin dejar de hacerse cargo de que es una sitcom. Pocas veces una comedia se animó a tanto sin perder la risa, y pocas veces un final cerró de manera tan emotiva un recorrido de cuatro temporadas. Me quedó la sensación de que, más allá del humor, la serie se anima a decir algo que a veces nos cuesta escuchar: que la oportunidad de hacer las cosas distinto suele llegar, y que lo que hacemos con esa oportunidad define bastante más que cualquier destino asignado.
Firmado: Florencia Cabral, Cultura y espectáculos.
