Such Brave Girls vuelve a Filmin con una segunda temporada que no le huye a la oscuridad
La comedia creada por Kat Sadler suma seis episodios centrados en Josie, Billie y Deb, una madre y dos hijas que se hacen trampa entre ellas con la salud mental y los mandatos familiares como combustible de cada chiste
Volví a sentarme frente a la pantalla con esa mezcla de curiosidad y recelo que aparece cuando una serie te ganó con la primera temporada y no sabés si la segunda va a sostener la fórmula. La sala, en este caso, es la pantalla chica: el living de la casa de Deb, con la alfombra gastada y la cocina como territorio de disputa permanente, donde las tres protagonistas de Such Brave Girls se mueven como si el living fuera un ring y la familia fuera el público que no las deja irse.
La serie, creada y escrita por Kat Sadler, estrenó su segunda temporada en el catálogo de Filmin en España con una demora de unos catorce meses respecto a su debut original. Son seis capítulos de media hora cada uno, con Lizzie Davidson, la propia Sadler y Louise Brealey retomando a Billie, Josie y Deb, el triángulo de madre e hijas que sostiene la historia desde el inicio.
Un arranque que marca el pulso de toda la temporada
El primer episodio condensa el ADN del resto de la entrega. Billie y Deb secuestran a Josie para llevarla a casarse con Seb, el personaje de Freddie Meredith. La escena tiene algo de comedia de enredos y algo de situación límite: funciona como declaración de principios sobre hasta dónde están dispuestas a llegar estas tres para sostener una ilusión de familia funcional.
- La presión del grupo por encima de la decisión individual de cada una de las protagonistas.
- Las parejas de las tres como campo de batalla de los conflictos que no se hablan en la casa.
- La salud mental y el trauma como material central del humor, no como adorno.
- La negativa a cerrar cada conflicto con una reconciliación edulcorada.
Ese último punto es clave para entender por qué Such Brave Girls no se parece a la comedia familiar habitual. Sadler ya había marcado esa línea en la primera temporada, y acá la profundiza: no hay promesse de que las cosas terminen bien, ni una música que avise que la escena va a resolverse con un abrazo. Las protagonistas esquivan los problemas, los desplazan, los entierran, y la serie los deja hacer.
Sadler herself said en distintas entrevistas que la escritura nace de su propia experiencia, y eso se nota en cómo trata los antecedentes psiquiátricos de Josie y los diferentes modos en que Billie y Deb también lidian con sus propios naufragios internos. No hay glamourización del sufrimiento: hay consecuencias, hay torpeza, hay decisiones lamentables tomadas con la mejor de las sonrisas.
Lo que busca el público cuando se ríe de una familia disfuncional
Después de maratonear los seis capítulos, me quedó una pregunta que vale la pena devolverles: ¿qué espera cada uno cuando se sienta a ver una comedia sobre relaciones familiares difíciles? Porque Such Brave Girls no ofrece respuestas reconfortantes, ofrece el espejo deformado de una casa donde nadie termina de salvarse, y sin embargo uno se queda hasta el final.
