San Sebastián se tiñe de celeste y blanco: dos películas con sello argentino van por la Concha de Oro
Glaxo, de Benjamín Naishtat, y Mis muertos tristes, de Pablo Larraín, encabezan una delegación que también lleva a Ricardo Darín, Mercedes Morán y Dolores Fonzi al festival español, además de documentales y proyectos en busca de financiación.
El Kursaal de San Sebastián ya empieza a palpitar con esa mezcla de expectativa y murmullos que precede a las grandes competencias, y esta vez el acento porteño se va a hacer sentir con fuerza en la lucha por la Concha de Oro. La edición 74 del festival español, que abrirá sus puertas el próximo 18 de septiembre con Geister, de Fati Akın, tendrá dos producciones con participación argentina en la carrera por el máximo galardón: Glaxo, la nueva película de Benjamín Naishtat que tiene a Lali Espósito como una de sus protagonistas, y Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de Pablo Larraín.
Lo que me parece particularmente atractivo de esta edición es que las dos películas argentinas de la competencia oficial se van a ver en jornadas consecutivas, como si el festival les hubiera reservado un duelo íntimo en la sala principal del Kursaal. El domingo será el turno de Glaxo, que arriba a San Sebastián después de su paso por el Festival de Toronto y antes de su prevista escala en Londres, una gira internacional que viene consolidando a Naishtat como uno de los directores más sólidos del cine argentino de las últimas décadas. Al día siguiente, lunes, le llegará el turno a Mis muertos tristes, con Mercedes Morán y Dolores Fonzi como protagonistas y con un plus muy especial: la presencia en el festival de Mariana Enríquez, la autora del libro que dio origen a esta historia y que se ha convertido en una de las voces más singulares de la literatura latinoamericana contemporánea.
Dos versiones de una misma historia
Hay un detalle que a mí, como espectadora, me resulta fascinante: San Sebastián va a permitir ver una versión distinta de la que llegará al público a través del streaming. El festival exhibirá un montaje en formato de largometraje, mientras que Netflix estrenará el 24 de septiembre la miniserie completa, de cuatro episodios. Es decir, quien tenga la suerte de estar en el Kursaal podrá disfrutar de una experiencia cinematográfica única, irrepetible, mientras que el resto del mundo tendrá que conformarse con ver la misma historia fragmentada en capítulos. Esas pequeñas asimetrías que existen entre el cine y las plataformas siguen dando debates interesantes.
Ricardo Darín, otra vez en pantalla grande
La delegación argentina no se agota en la competencia oficial. El martes está previsto el estreno mundial de Lo dejamos acá, que protagonizan Ricardo Darín y Diego Peretti, una dupla que a priori genera expectativa. Darín, según se informó, va a estar presente acompañando la función. Y acá viene otro dato que a mí, como argentina, me deja un sabor un poco agridulce: el festival será la única oportunidad de ver esta película en pantalla grande, porque su lanzamiento en Netflix está previsto para el 16 de octubre, sin estreno en salas comerciales en la Argentina. Es decir, si uno quiere verla como el cine manda, con butaca, pantalla gigante y palomitas, tiene que cruzar el Atlántico.
La presencia argentina se extiende por todo el festival
La programación del Zabaltegi-Tabakalera también tendrá sabor argentino. Esa sección abrirá con Pedro en el país, un documental dirigido justamente por el mismo Benjamín Naishtat, esta vez junto a María Alché, que se ocupa de la figura del recordado Pedro Lemebel. También fueron seleccionadas A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas. Y como si fuera poco, Albertina Carri presentará fuera de concurso Cine vivo, un artefacto, una propuesta que combina un corto, un libro y una performance, en ese cruce interdisciplinario que a Carri le gusta explorar.
- En Horizontes Latinos participarán Viajes y placeres, de Mariano Luque; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale.
- La presencia argentina se extenderá además al Foro de Coproducción Europa-América Latina, donde cinco proyectos buscarán respaldo internacional para poder terminar de concretarse.
Si me preguntan qué me deja esta noticia como cronista y como cinéfila, les confieso que una sensación que mezcla el orgullo con la melancolía. Orgullo, porque son cada vez más las películas argentinas que pisan los escenarios más importantes del mundo, con nombres como Naishtat, Larraín, Darín, Morán o Fonzi, que ya son patrimonio de nuestro cine. Y melancolía, porque varias de estas producciones nacen pensando en plataformas de streaming, lo que muchas veces significa que el público argentino no va a poder verlas en una sala como Dios manda. Pero bueno, al menos en San Sebastián, por unas pocas tardes, el cine va a ser eso: una sala, butacas, una pantalla enorme y la magia de las butacas compartidas. Que lo disfruten quienes estén allá.
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