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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Salto a salto: cómo sumar pliometría en la rutina diaria sin perderse en el intento

Un método basado en impulsos breves y explosivos gana lugar entre quienes entrenan en casa. Especialistas recomiendan empezar con poco, cuidar la técnica y no improvisar cuando falta base física.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 6 d
Salto a salto: cómo sumar pliometría en la rutina diaria sin perderse en el intento

El piso del living todavía guarda el calor del mediodía de octubre cuando María, vecina de Villa Urquiza, se calza las zapatillas y empieza a marcar el ritmo de la rutina: dos saltos, una pausa, dos saltos, una pausa. No es una clase de aeróbico ni una coreografía improvisada, sino un ensayo de pliometría, esa rama del entrenamiento que trabaja la potencia a fuerza de trancos cortos, recepciones medidas y mucho control. La práctica, explican los manuales de educación física, consiste en estirar el músculo a toda velocidad para que, de forma casi refleja, se contraiga con la mayor potencia posible. Esa sinergia es la que después se traduce en agilidad, coordinación y velocidad de reacción.

El método no requiere grandes inversiones ni un gimnasio a la vuelta de casa. Los saltos verticales, los desplazamientos laterales o las pasadas con cambio de dirección pueden ejecutarse sin material alguno. Si se incorpora algún objeto, conviene que sea bajo, firme y estable; nunca una superficie que ceda en el momento de la recepción. El espacio, detallan los instructores, debe estar despejado: hay que retirar mesas auxiliares, mascotas dormidas y, sobre todo, esas alfombras finas que patinan cuando el pie impacta. Sobre un piso resbaladizo, los ejercicios pierden precisión y el riesgo de torcedura se multiplica.

La técnica manda, incluso cuando las piernas piden parar

La tentación más común entre principiantes es apurar los tiempos para terminar antes. Error. Cuando el cansancio deteriora la postura, las rodillas tienden a caer hacia adentro y la recepción deja de ser un aterrizaje controlado para volverse un golpe seco contra el piso. Los entrenadores recomiendan interrumpir la serie apenas se nota esa pérdida de calidad, descansar uno o dos minutos y retomar solo cuando el cuerpo vuelve a responder con precisión. Más vale diez saltos bien hechos que treinta con técnica degradada.

Antes de empezar, los especialistas insisten en una entrada en calor específica: círculos de tobillos, rodillas flexionadas a medio recorrido, movilidad de caderas y rotación de hombros y muñecas. Es una forma de avisarle al cuerpo que viene intensidad corta, pero exigente. La pliometría, aclaran, no es una puerta de entrada para quienes recién se inician en el movimiento: conviene tener detrás algunas semanas de trabajo de fuerza y estabilidad para que caderas, rodillas y tobillos lleguen preparadas al impacto repetido.

En el barrio de María, la tarde termina con una mezcla de aire tibio y transpiración pegada a la remera. Ella guarda las zapatillas junto a la puerta y deja la rutina para el día siguiente, con la satisfacción de haber mantenido la técnica hasta el último salto. Antes de empezar, quienes arrastren molestias en rodillas, tobillos, caderas o zona lumbar deberían consultar a un profesional de la salud o de la educación física, porque los impactos sucesivos no negocian con antecedentes que ya vienen sonando.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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