Sabalenka reventó la raqueta en el banco y se quebró en el micrófono: el final que no quería repetir
La bielorrusa cayó ante Rybakina en tres sets y buscaba su tercer título consecutivo en Nueva York. Antes de la premiación, descargó la bronca contra el marco de la raqueta; durante la premiación, se le quebró la voz. La pregunta queda flotando en el aire: hasta dónde tolera el tenis las descargas de sus figuras.
La tenista ya estaba saludando a la rival y la raqueta terminó contra el piso del banco. Eso fue lo que dejó la final del US Open. Aryna Sabalenka buscaba el tricampeonato en Nueva York y se topó con Elena Rybakina, que le ganó 6-4, 5-7 y 6-2 y la dejó descompuesta en el instante más visible del circuito.
El golpe, el llanto y la palabra que pidió
Al segundo de estrechar la mano con la kazaja, Sabalenka volvió al banco, tomó la raqueta y la hizo pedazos. La dejó caer a pocos centímetros, se quedó en silencio y esperó la ceremonia con la mirada perdida. Cuando una cámara se acercó a filmarla en ese trance, la tercera del mundo le hizo un gesto con la mano para que se fuera de ahí.
Ya en la premiación, la voz se le cortó. El estadio la aplaudió de pie mientras intentaba hilvanar las palabras. Después, en conferencia, la bielorrusa explicó el estallido sin vueltas.
“Si las hubiera guardado dentro de mí, ahora mismo o en la pista, no habría podido decir una palabra. Me habría puesto realmente desagradable allá. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera.”Aryna Sabalenka
No es la primera vez: la otra raqueta rota en Nueva York
- En 2023, tras perder la final ante Coco Gauff, Sabalenka mantuvo la compostura frente a las cámaras pero rompió una raqueta al doblar hacia los vestuarios.
- Ese episodio aceleró la decisión de retirar las cámaras de los pasillos internos de los Grand Slams.
- Con la de este domingo, ya son dos finales seguidas en Nueva York con una raqueta rota como souvenir de la derrota.
Del otro lado de la red estuvo Rybakina, que viene de levantar Wimbledon 2022 y se plantó en el cemento neoyorquino con la solidez de siempre. Se llevó el primero con autoridad, cedió el segundo y cerró el tercero sin titubeos. La definición dejó al tenis con una nueva campeona y a Sabalenka con un estruendo en el banco y otro en la garganta.
El circuito profesional convive con estas imágenes hace rato: raquetas que vuelan, vasos de pelotas que terminan en la tribuna, maldiciones al viento. La pregunta que sobrevuela la jornada es dónde está la raya entre la descarga emocional de alguien que lo dejó todo en la cancha y el fair play que el tenis exige aun en los peores minutos. La de Sabalenka, al menos, eligió el banco y no el centro de la pista. La diferencia es chica, pero es la diferencia.
