Recuperarse del agotamiento laboral: cinco claves cotidianas para volver a regular el cuerpo
La nutricionista Jessica Shand explica cómo el estrés sostenido desordena el descanso y propone hábitos simples para empezar a salir del pozo, siempre sin reemplazar la consulta médica.
Son las siete de la tarde en una oficina de Palermo y la pantalla todavía parpadea. Marta, que vive en San Telmo y trabaja hace quince años en el rubro administrativo, me cuenta por teléfono que duerme ocho horas, pero igual se levanta destruida. Esa es, justamente, la trampa del burnout: no es solo cansancio, es un desajuste que se mete con el sueño, con el ánimo y hasta con la digestión, según la nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook.
Shand sostiene que la exposición prolongada al estrés activa de manera sostenida la producción de cortisol, la hormona vinculada a la respuesta de alerta. Cuando esa fábrica permanece prendida durante semanas o meses, el organismo prioriza los mecanismos de supervivencia y relega funciones que parecen menores, pero son básicas: dormir bien, digerir bien, mantener el equilibrio reproductivo. El resultado se traduce en cansancio continuo, dificultad para conciliar el sueño, cambios de humor y esa sensación tan frecuente de no recuperarse ni después de un fin de semana libre.
Cinco hábitos para empezar a revertir el cuadro
Frente a ese panorama, la especialista propone cinco medidas que se pueden sumar a la rutina diaria. Ninguna reemplaza la consulta médica ante síntomas persistentes, pero todas apuntan a regular el organismo y devolverle previsibilidad.
- Alimentación regular: sostener comidas que combinen proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos, para evitar los picos de glucosa que durante la fatiga profundizan la irritabilidad y la falta de concentración. Saltear comidas o apoyarse en ultraprocesados suele empeorar la sensación de desgaste.
- Sueño protegido: armar una rutina previa a acostarse, con un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura, como señales que separen las obligaciones del momento de descanso. La regularidad de horarios puede ser tan importante como la cantidad de horas dormidas.
- Plantas asociadas a la relajación: manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, que pueden integrarse a la rutina nocturna como un puente hacia el sueño.
- Adaptógenos: sustancias como la albahaca sagrada y la ashwagandha, empleadas para mejorar la tolerancia al estrés. Shand aclara que no conviene empezar a consumirlas sin hablar antes con un profesional, sobre todo en casos de embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos.
- Reconocer los propios ciclos de energía: aceptar que la energía varía a lo largo del día y del mes, y ajustar la exigencia a esos ritmos en lugar de forzarlos.
Lo que Shand describe, y lo que Marta reconoce al pasar lista de sus propias rutinas, es que el agotamiento laboral rara vez se resuelve con un feriado al otro lado. Se resuelve, o al menos empieza a aflojarse, cuando se le devuelve al cuerpo una cierta previsibilidad: horarios de comida estables, horarios de sueño estables, señales claras de que la jornada terminó. Es, en el fondo, un ejercicio de honestidad con los propios ciclos.
En Palermo, afuera de esa oficina donde arrancó esta nota, el termómetro marca veinticuatro grados y el aire todavía huele a café de la tarde. Marta se despide y me dice que esta noche va a probar lo de las sales de magnesio. Yo me quedo pensando que, detrás de cada pantalla que sigue parpadeando después de hora, hay alguien que podría necesitar, antes que cualquier suplemento, que alguien le recuerde que está permitido parar.
