Recalentar la comida en el microondas: por qué los toxicólogos piden mudar el recipiente antes de darle play al horno
Especialistas de dos hospitales de Estados Unidos sugieren pasar la comida del envase plástico a uno de vidrio o cerámica antes de ponerla en el microondas. Qué se sabe hasta ahora sobre los microplásticos y la salud.
Son las doce y media en mi departamento de Caballito y el microondas empieza a girar con un tupper que sacé de la heladera hace diez minutos. El ruido se mezcla con el ruido de la calle, con el rumor de un colectivo que frena en la esquina y con el aroma, apenas tibio, del arroz con pollo que me dejó mi vecina Marta en un recipiente de plástico. Antes de darle play, esta vez, voy a hacer una pausa: pienso en lo que vienen recomendando dos toxicólogos norteamericanos y, en lugar de poner el tupper directo, sirvo la comida en un plato de cerámica antes de meterla al horno.
La recomendación, simple y doméstica, aparece en las últimas semanas a partir de los dichos del toxicólogo Wells Brambl, especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island de Northwell Health, y de su colega Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist. La idea central es directa: cuando se calienta comida en el microondas dentro de un envase plástico, el calor puede favorecer el desprendimiento de partículas muy pequeñas del propio material y de sustancias que se incorporaron durante su fabricación, y esas partículas pueden terminar migrando al plato.
Cambiar el recipiente, bajar la potencia, leer la etiqueta
- Pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de encender el microondas, en lugar de llevarla en su envase plástico original.
- Si no queda otra opción que usar plástico, programar el horno en la potencia mínima necesaria para templar el alimento, no para cocinarlo, y así reducir la exposición al calor.
- No confiar ciegamente en la leyenda "apto para microondas": los especialistas aclaran que esa aprobación habla de seguridad del material para almacenar comida, no de la cantidad de partículas que puede liberar al calentar.
- Revisar de a poco los utensilios, las tapas y hasta las esponjas de plástico de la cocina, y empezar a reemplazarlos por opciones de otros materiales cuando se pueda.
- A la hora de comprar, elegir productos con menos envolturas plásticas, una decisión chica pero que suma a la hora de reducir la exposición cotidiana.
Oyewole lo explica con una imagen que ayuda a entender la química de lo que pasa dentro del horno: cuando la temperatura sube, las moléculas del plástico vibran cada vez más fuerte y la estructura de polímeros puede terminar fracturándose. En ese proceso, pedazos muy chicos del material y aditivos como colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas se desprenden y quedan en condiciones de pasar a la comida. La recomendación de bajar la potencia apunta, justamente, a atenuar ese movimiento molecular y, con él, la liberación de partículas.
“La leyenda "apto para microondas" no elimina la posibilidad de que se liberen microplásticos. Aprobación para almacenar alimentos y preguntas abiertas sobre la ingesta de esas partículas con el paso del tiempo son dos cosas distintas.”Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist
Mientras tanto, en la otra punta del mostrador, Marta me cuenta desde el palier que ella ya hizo el cambio hace rato, después de leer algo parecido en el celular. "Dejo el tupper vacío en la mesada y la comida, al plato, va al microondas", dice, mientras se acomoda el pelo y mira de reojo el ascensor. Me cuenta que también empezó a fijarse en las cucharas y en los vasos que usa su hijo más chico, y que de a poco fue reemplazando lo que pudo. La escena, en realidad, es la misma que se repite en cocinas de todo el país: una decisión chica, hogareña, que no resuelve el problema de fondo pero que, según los especialistas, ayuda a bajar la exposición cotidiana a algo que todavía se está estudiando.
Qué se sabe y qué todavía no sobre los microplásticos
Brambl reconoce que la literatura científica ya documentó la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el organismo humano. Algunos estudios encuentran asociaciones con procesos inflamatorios, pero, como aclara, una correlación no prueba que esas partículas sean la causa. Es decir, que aparezcan junto a una inflamación no significa que la hayan provocado. Los efectos de la exposición a largo plazo, insiste, siguen bajo investigación y todavía no hay respuestas definitivas.
El propio Brambl pone paños fríos y advierte que estas decisiones tienen un alcance limitado: la contaminación ambiental puede poner a los alimentos en contacto con microplásticos antes incluso de su procesamiento o de su envase. Cambiar el recipiente antes de recalentar es un paso, no una solución, y forma parte de una serie de hábitos pequeños que, sumados, pueden hacer alguna diferencia en la cocina de cada día.
Vuelvo al microondas. El arroz con pollo ya está tibio, servido en un plato de cerámica que mi madre me dejó cuando me mudé. El tupper plástico queda lavado y apoyado junto a la bacha, listo para guardarse en la alacena sin volver a entrar al horno. Afuera, en Caballito, el sol se filtra por la ventana y el barrio sigue con su ruido de siempre. Es un cambio mínimo, casi invisible, pero cada vez que lo hago pienso en lo que recomiendan los toxicólogos y en que la cocina, también, es un lugar donde se cuida la salud.
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