Por qué dos hermanos criados bajo el mismo techo pueden llevar adentro infancias que parecen de otra familia
La edad de los padres, la economía, la salud y los duelos que atraviesa cada generación pesan de manera distinta en la vida de cada hijo. Cuando en la adultez los recuerdos no se parecen, la discordia suele explicarse más por el contexto de cada nacimiento que por la mala memoria.
A veces, en una sobremesa cualquiera de domingo, alguien dice una frase de la infancia y el hermano de al lado lo mira como si le hubieran contado la vida de un desconocido. No hay mala fe, ni siquiera mala memoria: hay, simplemente, dos infancias distintas vividas bajo un mismo techo. Esa sensación, que aparece en incontables familias argentinas, tiene más explicación de la que uno quisiera admitir a simple vista, y conviene repasarla con cuidado antes de volver a discutir en la próxima sobremesa.
Los padres que nacieron con cada hijo no son los mismos
Un padre o una madre de 25 años no es, de ninguna manera, la misma persona cuando cumple 40. En el medio pueden haber pasado duelos, crisis de pareja, problemas de plata, cambios de trabajo, mudanzas, enfermedades propias o de alguien cercano, y hasta movimientos internos que nunca se contaron en la mesa familiar. Cada hijo, entonces, llega al mundo en un momento distinto de esa historia, y conoce una versión distinta de quienes lo criaron, lo que se traduce en recuerdos que, muchas veces, parecen incompatibles.
“Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja.”Ana Paula Rivadero, psicóloga
Los roles que cada hermano hereda desde chico
A la diferencia generacional entre hermanos se le suma algo que los psicólogos describen como el lugar simbólico que cada uno ocupa dentro de la familia desde edad muy temprana. Esa distribución de papeles, que suele instalarse sin que nadie lo decida formalmente, tiñe la vida cotidiana y la manera en que cada chico procesa lo que le pasa. Algunos de los roles más habituales que se repiten en los consultorios son:
- El responsable, aquel al que siempre se le pide que dé el ejemplo o que se haga cargo.
- El sensible, al que se lo percibe como más débil o más vulnerable desde chico.
- El que necesita ayuda, al que la familia mira con preocupación constante.
- El exitoso, al que se le reconoce cada logro y se lo compara con los otros.
- El rebelde, al que se le cuestiona casi todo y que aprende a defenderse por su cuenta.
Una investigación publicada en la revista The Journals of Gerontology entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias y encontró que la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerdan de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, sobre todo en lo referido al afecto recibido, a la disciplina y a los conflictos que se vivían en la casa. La diferencia, según los autores del trabajo, no aparece solo en los recuerdos más emotivos, sino también en los más cotidianos, como quién festejaba los cumpleaños con mayor entusiasmo o a quién se le permitía cierta libertad que al otro le estaba vedada.
Cuando esas divergencias salen a la luz en la adultez, la tentación más frecuente es preguntar quién de los dos miente, una búsqueda que, según la psicóloga Ana Paula Rivadero, no lleva a ningún puerto razonable. Sería más productivo, propone, abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y empezar a preguntarse qué representa para cada uno aquello que recuerda, porque la memoria, en estos casos, no es un archivo objetivo de lo que pasó, sino una construcción de sentido que cada hermano fue moldeando a partir del lugar que le tocó ocupar. Entenderlo así no borra los desencuentros, pero al menos les quita el peso de la acusación y les devuelve el aire de lo que realmente son: dos miradas distintas sobre una misma historia, las dos legítimas, las dos dignas de ser escuchadas con la misma atención en esa sobremesa de domingo.
