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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Por qué bajar de peso se sostiene cuando se atiende lo que pasa por la cabeza

La Organización Mundial de la Salud advierte que la obesidad es el resultado de una interacción entre lo biológico, lo emocional y el entorno, y un metaanálisis de 37 estudios confirma que las intervenciones psicológicas mejoran los resultados de los tratamientos convencionales.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 4 d
Por qué bajar de peso se sostiene cuando se atiende lo que pasa por la cabeza

El consultorio de Graciela es una pequeña oficina en el barrio de Belgrano, con un ventanal que da a una plaza donde esta mañana de martes el termómetro marca apenas catorce grados y una bruma fina se pega a las hojas de los jacarandás. Todavía no llegó nadie cuando empiezo a leer las carpetas de la semana, pero la escena me sirve para ordenar lo que vengo escuchando hace tiempo: que bajar de peso no es una cuestión de voluntad pura, ni de una cuenta matemática entre calorías que entran y calorías que salen, sino de algo bastante más grande que empieza en la cabeza y termina en la mesa de cada noche.

Lo vengo conversando con vecinos del barrio que pasan por el centro de salud y con pacientes que conozco de toda la vida. Marta, de Colegiales, me decía el otro día mientras tomábamos un café en la esquina de su casa que ella hizo todas las dietas imaginables y que cada vez que dejaba de comer lo que le gustaba terminaba comiendo el doble a la noche, cuando el cansancio y la angustia le ganaban. La historia de Marta no es un caso aislado ni un capricho: es un ejemplo de algo que la ciencia viene sosteniendo hace rato y que en la consulta clínica se ve a diario.

La OMS y el enfoque multimodal

La Organización Mundial de la Salud plantea que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que rodean a cada persona. Por eso recomienda una atención que integre de manera simultánea intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptadas a las necesidades de cada paciente, y no una serie de indicaciones genéricas que terminan en un folleto de tres carillas.

Qué dicen los estudios

  • Un metaanálisis que revisó 37 estudios, incluyendo 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso.
  • La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews.
  • La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona.

El dato no es menor: cuando se suman herramientas psicológicas a los planes tradicionales, la posibilidad de sostener los cambios en el tiempo mejora de manera considerable. La terapia de aceptación y compromiso, una de las líneas con más respaldo en ese metaanálisis, trabaja justamente sobre lo que Marta me contaba: en lugar de pelearse con la idea de tener hambre, con un antojo o con un día fuera del plan, propone registrar lo que pasa sin juzgarlo y volver a la rutina sin dramatizar.

Genética, hambre y metabolismo

La carga genética tampoco se puede dejar afuera de la conversación. Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, es decir, en la forma en que el cuerpo le avisa a una persona que ya comió suficiente o que necesita algo más; otras variantes intervienen en el metabolismo, en cómo el organismo usa y almacena la energía que recibe de los alimentos. Esto ayuda a entender por qué dos vecinos de un mismo edificio, con planes alimentarios casi calcados, pueden tener resultados muy distintos y por qué la frustración aparece tan rápido cuando uno se compara con el de al lado.

“Una respuesta rígida puede generar la sensación de haber perdido el control por completo y derivar en comer de forma desinhibida; una respuesta más flexible permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el abandono de todo el proceso.”Lectura clínica del material de Obesity Reviews

Estrés, cansancio y vida cotidiana

El estado emocional y el nivel de cansancio del día a día afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación, y eso lo cuenta cualquiera que haya vuelto a la cocina a las once de la noche después de una jornada larga. La especialista que consulta el equipo del centro de salud de Palermo me explicaba que el hambre no es solo una señal del estómago, sino que está atravesada por el sueño, por el humor, por las preocupaciones laborales y por la vida familiar, y que un plan que ignora todo eso suele quedar lindo en el papel y muy difícil de llevar a la práctica.

Por eso la recomendación de los organismos internacionales va en una dirección bastante concreta: tratar la obesidad como lo que es, un problema crónico y complejo, y no como una falta de esfuerzo personal. Eso implica aceitar los equipos de salud para que trabajen juntos, aceitar también la escucha en el consultorio y aceitar, sobre todo, la paciencia: los cambios que se sostienen en el tiempo no nacen de un arranque espectacular, sino de acuerdos pequeños y realistas con uno mismo, atravesados por el cuerpo, la genética y la historia de cada uno.

Vuelvo a la ventana de la oficina y la plaza ya está llena de gente que cruza con bufandas y termos en la mano. Pienso que a veces la solución más transformadora no es agregar una prohibición más a la lista, sino sumar una palabra, una escucha, un profesional que ayude a entender por qué se come como se come. Si la cabeza no se acomoda, difícilmente lo haga la balanza, y los números que muestran los estudios empiezan a confirmar lo que Marta y tantos otros vecinos ya sospechaban desde hace rato.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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