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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Pastillas para vivir más: la promesa, el laboratorio y lo que la clínica todavía no avala

El negocio de los suplementos de longevidad crece sobre precursores del NAD+, vitaminas y omega-3 que modifican valores en sangre pero no demostraron alargar la vida en ensayos grandes. La evidencia más firme sigue siendo la de siempre: moverse, comer bien, dormir y no aislarse.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 1 h
Pastillas para vivir más: la promesa, el laboratorio y lo que la clínica todavía no avala

El placard de la cocina de Graciela, en Belgrano, tiene una caja de cápsulas con nicotinamida ribósido que le regaló su hija después de un viaje a Miami. La etiqueta promete, en inglés, "apoyo celular y energía mitocondrial". Ella, como tantas personas mayores de 50, empezó a tomarlas pensando que estaba haciendo una inversión preventiva, casi un seguro contra el paso de los años. La pregunta es si ese tipo de productos, que en los últimos dos años coparon las góndolas y las publicidades de Instagram, tienen realmente respaldo científico para sostener lo que prometen, o si estamos frente a otra moda que se vende con lenguaje de laboratorio.

Porque el mercado de la longevidad, según cuentan los propios vendedores, no para de crecer. Y lo hace sobre una idea atractiva: si en el laboratorio se puede envejecer mejor a una célula o a un ratón, ¿por qué no probar lo mismo en el cuerpo humano? La respuesta corta, coinciden los investigadores consultados, es que todavía no hay pruebas sólidas de que eso ocurra.

Qué es el NAD+ y por qué se volvió el centro del negocio

El NAD+ es una coenzima que está en todas las células del cuerpo y cumple un papel central en el metabolismo energético y en la reparación del ADN. Con el paso de los años, sus niveles bajan de manera progresiva, un dato que las empresas recogen para argumentar que reponerlo puede frenar el envejecimiento. En cultivos celulares y en modelos animales, aumentar esa disponibilidad mejoró ciertos parámetros metabólicos, y a partir de ahí nacieron los suplementos con NMN (nicotinamida mononucleótido) y con nicotinamida ribósido, dos precursores directos del NAD+ que se comercializan como inversión en más años de vida.

Lo que muestran los ensayos grandes en personas

El salto entre el laboratorio y la clínica es justamente el punto crítico. Los ensayos disponibles en humanos confirman que estos precursores elevan los niveles de NAD+ en sangre, lo cual es real y medible. Lo que todavía no está demostrado, pese a lo que sugiere el marketing, es que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, en una mejor función de los órganos o en una vida más larga. Que un valor suba en un análisis de laboratorio no equivale, automáticamente, a vivir más.

  • El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, evaluó selenio y vitamina E para prevenir cáncer de próstata. No sólo no halló beneficio: quienes recibieron vitamina E tuvieron mayor riesgo de desarrollarla durante el seguimiento.
  • El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, puso a prueba la vitamina D y el omega-3 en personas sin déficit previo. No encontró reducción de cáncer ni de eventos cardiovasculares como infartos o ACV.
  • Distintos trabajos con precursores de NAD+ confirman que elevan el marcador en sangre, pero no aportaron evidencia clínica suficiente sobre enfermedades concretas o sobre extensión de la vida.

Cuándo sí sirven las vitaminas y cuándo no

Esto no significa que vitaminas y minerales sean inútiles. Cuando hay una carencia real, corregirla tiene un impacto concreto y mensurable. Las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son bastante frecuentes en personas de edad avanzada, y tratarlas mejora la calidad de vida, el ánimo y la salud ósea. La diferencia clave está en el orden de los pasos: primero medir, con un análisis de sangre, y después suplementar si el médico confirma un déficit. Tomar a ciegas, sin indicación ni control, es otra cosa.

La lógica de fondo es la misma que distingue a la ciencia seria del marketing: la investigación avanza en tres escalones, lo que pasa en una célula, lo que se observa en modelos animales y lo que demuestran los ensayos clínicos con miles de personas. Casi toda la oferta comercial de suplementos se apoya en los primeros dos y se presenta como si ya hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado se convierte en una promesa que nadie demostró todavía en la clínica.

Lo que la evidencia sí avala, y que no viene en cápsulas

Lo que muestra respaldo sólido, coinciden los especialistas, no es tan nuevo ni tan llamativo como una pastilla anti-edad. Es el mismo listado de siempre, el que la medicina repite hace décadas, pero que por conocido suele caer en el olvido: actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, alimentación equilibrada con proteínas suficientes, buen descanso, no fumar, consumo responsable de alcohol y vínculos sociales estables.

En ese punto, Ernesto, vecino de Caballito y jubilado reciente, lo resume con una frase que repite cada vez que alguien le ofrece un suplemento milagroso: "Si todo lo que me cuida viniera en una caja, los médicos no me pedirían que camine". Tiene 67 años, camina todos los días por el parque Rivadavia y se juntó a almorzar con su hija después de nuestra charla. Como Graciela, en Belgrano, forma parte de una generación que todavía está a tiempo de elegir entre la promesa fácil de un frasco y el trabajo silencioso, cotidiano, de cuidarse. La ciencia, por ahora, elige lo segundo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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