Pamela Voorhees antes de la máscara: Linda Cardellini le pone cuerpo y alma a la madre de Jason en la nueva serie de HBO Max
La precuela de "Viernes 13" que imagina el origen del asesino más famoso del slasher vuelve a la pantalla con ocho episodios, estética setentosa y una protagonista femenina que se roba la escena.
Hay una cocina de campamento, ollas al fuego y una mujer que mira fijo el agua del lago como quien le hace una promesa. Esa imagen, la primera que la serie "Crystal Lake" le planta al espectador en la cara, es la misma que se repite durante los ocho episodios disponibles en HBO Max: la de Pamela Voorhees, la madre de Jason, parada entre el fuego y el lago, entre lo que cocina para los demás y lo que guarda para sí. A primera vista parece un detalle de producción, un decorado de utilería, pero a la larga termina siendo la metáfora exacta de lo que esta serie quiere contar: una historia de mujer que sostiene un duelo mientras el mundo del campamento sigue funcionando a su alrededor como si nada hubiera pasado.
Para los que ya peinamos algunas canas, la saga de "Viernes 13" es vieja conocida: la vimos en el cine, en el videoclub, en los ciclos de medianoche, y hasta nos cruzamos con alguna secuela o remake bastante olvidable. Pero "Crystal Lake" no es "Viernes 13" versión 2024 ni un reboot con el mismo título: es una precuela, una serie que se anima a imaginar cómo se llega a ser la madre del asesino más icónico del cine de terror antes de que la máscara de hockey se convierta en la imagen definitiva del mal. Es un punto de partida riesgoso, porque el mito pesa, y la serie lo sabe.
Una Pamela Voorhees con cara y voz propia
El motor central de la propuesta es Linda Cardellini, una actriz con oficio y recorrido, que acaba de sumar un Emmy por otro trabajo y que acá le pone el lomo a un personaje que en las películas originales era apenas un fantasma del pasado. Acá Pamela tiene cuerpo, pasado, hambre y bronca. Cardellini sostiene la serie aun cuando el guion acumula demasiados elementos en los primeros episodios, que es justo donde uno empieza a preguntarse si la historia sabe hacia dónde ir. La respuesta llega, pero se hace esperar.
Detrás de cámara, la firma principal es la del showrunner Brad Caleb Kane, conocido por "It: Bienvenidos a Derry", que tomó la posta de un germen inicial escrito por Bryan Fuller, el creador de "Hannibal". Esa combinación se nota: hay una obsesión por la mitología interior, por construir un mundo con reglas propias, que en algunos momentos la serie paga y en otros la deja un poco a pata. La idea, según lo que cuenta la fuente, fue expandir el universo del slasher original con conspiraciones y un lore propio, en una movida comparable a lo que hizo "Bates Motel" con "Psicosis" o la reciente adaptación de "Carrie" a partir de Stephen King. Aviso: si uno entra buscando la continuidad estricta con las películas, va a salir un poco desconcertado. La serie prefiere construir un relato autónomo con lógica propia antes que hacerle un guiño constante alfanumérico a los fans de siempre.
Estética setentosa y un lago que se siente
Donde la serie no negocia nada es en la imagen. El director Michael Lennox imprime una estética de época deliberada: la fotografía parece teñida con el mismo amarillo de las luces de motel de los films norteamericanos de los años setenta, y la violencia aparece sin eufemismos pero también sin exceso gratuito. Hay sangre y hay gore, sí, pero con criterio, en equilibrio con un anclaje en el realismo que la propia historia lo permite. No es una serie que parodie el slasher ni que lo caricature: lo mira de frente, con respeto y sin nostalgia vacía.
El tramo medio pierde algo de impulso, no voy a mentirles: hay capítulos que se sienten como si la serie estuviera buscando su propio tono entre el drama maternal, el terror paranormal y el thriller conspirativo, y no siempre lo encuentra. Pero el tramo final recupera el ritmo, le da espacio al joven Jason interpretado por Callum Vinson y termina poniendo en valor a un reparto grande que sostiene la historia en bloque. La duración total hace que los ocho capítulos sean fáciles de ver de corrido un domingo a la tarde, con mate de por medio si la tarde lo permite.
Sinceramente, creo que "Crystal Lake" es una de esas apuestas que le hacen bien al género: no porque reinvente nada, sino porque se atreve a mirar una saga conocida desde un ángulo incómodo, el de la madre, y le pone a ese lugar una actriz que le da entidad. Puede no convencer a los fans más puristas de "Viernes 13", y puede aburrir a quien entre esperando únicamente el conteo de víctimas. Pero si uno se entrega al ritmo lento, a la cocina del campamento y a un lago que parece guardarlo todo, termina encontrando una serie con voz propia, que se banca su propia leyenda sin pedir permiso. Y eso, en el género, ya es muchísimo.
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