Olímpico le pasó por encima a Boca y cortó la mala racha con un show de triples en el Rosales
El Negro de La Banda se floreó en su cancha, ganó 93-80 ante un Xeneize que nunca le encontró la vuelta y celebró por primera vez en la Liga. Wrighten fue una aplanadora: 27 puntos y cinco bombas de larga distancia.
Lo de anoche en el Vicente Rosales fue una declaración de intenciones. Olímpico salió a comerse la cancha y a los cinco minutos ya ganaba 22-9, con Paz y Wrighten haciéndose un festín desde el perímetro. Yo lo vi desde la popular y te juro que hacía mucho que no veía un arranque así de arrollador en La Banda: el primer cuarto cerró 35-17 y el estadio entero ya empezaba a olerse que la noche iba a terminar en fiesta.
El Negro manejó el partido de punta a punta, con Leo Costa moviendo las piezas como un relojero y un banco que respondió cuando le tocó entrar. Mariani aportó lo suyo en ese primer tiempo demoledor y al descanso la diferencia ya era de 21 puntos: 55-34. Para el hincha que va a la cancha a pasarla bien, esos primeros veinte minutos fueron una caricia.
Boca intentó, pero no le alcanzó
En el tercer cuarto el Xeneize empezó a mostrar las uñas. Monacchi se cargó el equipo al hombro desde el perímetro y Cáffaro hizo daño en la pintura, achicando la diferencia a 74-63. En los últimos diez minutos se pusieron a cinco y por un instante hasta se olía la hazaña visitante. Pero Olímpico, con la paciencia que da la veteranía, administró la ventaja, Pérez ordenó el juego y Frontera no falló desde la línea. Final 93-80 y desahogo en la Ribera del Paraná.
- Austin Wrighten: 27 puntos y 5/9 en triples, la gran carta ofensiva del local.
- Ezequiel Paz: 18 puntos y un primer tiempo de lujo.
- Lucas Pérez: 14 puntos y 9 asistencias, el cerebro del equipo en el cierre.
- Jeremías Frontera: 14 puntos, decisivo desde la libre.
- En Boca: 26 puntos y 10 rebotes de su interno principal, bien acompañado por Monacchi con 15.
Con esta victoria, Olímpico respira y se mete en la conversación. El próximo compromiso será clave para ver si esto fue un golpe de suerte o el arranque de algo serio. Yo, la verdad, me fui del Rosales con una sonrisa vieja: la de cuando tu equipo te hace acordar por qué te hiciste hincha. Volvió el Negro, volvió la ilusión.
