Mirtha, en primera persona: la llamada tras el alta que encendió las alarmas en el canal
La conductora de 99 años pasó 18 días internada por una neumonía bacteriana y al salir reconoció ante un amigo cercano que esta vez la pasó mal. Su contrato televisivo vence en semanas y la continuidad queda en suspenso, mientras su nieta Juana Viale sostiene el ciclo en su lugar.
Lo primero que uno imagina al escuchar que Mirtha Legrand volvió a internarse es el sanatorio de siempre, el Mater Dei de siempre, y la puerta que se abre al final del pasillo con ella del otro lado, como si nada hubiera pasado. Esta vez no fue tan simple: 18 días dentro, una neumonía bacteriana que la mantuvo a maltraer, y un alta que el seis de octubre llegó como un suspiro contenido. Pero lo que más llamó la atención no fue el parte médico, sino el teléfono que sonó minutos después de cruzar la puerta del sanatorio y la voz, del otro lado, diciendo sin adornos lo que todos querían saber en voz baja.
Quien atendió esa llamada fue Carlos Rottemberg, productor teatral de largo recorrido y amigo de la casa desde hace décadas. Rottemberg estaba firmando libros en la Feria de Rosario cuando le preguntaron por Mirtha, y entonces contó algo que él define como un gesto muy de ella: lo llamó apenas salir del Mater Dei y fue directa, sin prensa, sin familiares, sin produc delegation. Esta vez la pasé mal, le dijo. La frase, tan breve como cortante, le cambió el ánimo al productor, que igual se apuró en aclarar que hoy está muy bien, ya en su casa, con controles periódicos y con la energía que se le conoce cuando decide aparecer.
Un contrato que vence y un futuro abierto
El teléfono de Rottemberg no terminó ahí. Lo que vino después fue casi una noticia dentro de la noticia: el vínculo contractual de Mirtha con su ciclo de televisión vence en las próximas semanas, y nada está firmado para después. Ante la consulta sobre la rehabilitación y la eventual continuidad del programa, el productor eligió el camino corto y respondió con apenas dos palabras: eso se verá. Y remató con una frase que en su estilo suena a sentencia: a veces más es menos. Traducido al lenguaje de los pasillos de Canal, significa que nadie quiere apurar un regreso que no le haga bien y nadie quiere dejar vacante un horario que hace décadas sostiene la pantalla del domingo.
Mientras tanto, del otro lado del mostrador, la histórica ya avisó cómo quiere pasar estos primeros días fuera de la clínica. El sábado pasado, su nieta Juana Viale, que conduce el ciclo en su lugar, contó al aire que Mirtha, al recibir el alta, no se fue derechito a dormir la siesta. Salió a dar una vuelta en auto con su nieto Nacho y, según el relato familiar que bajó al living del canal, pidió seguir hasta Mar del Plata. La imagen, casi de película hogareña, habla de una mujer que eligió volver a la calle antes que a la cama, y que probablemente está eligiendo cada paso con la misma precisión con la que eligió cada cámara durante casi seis décadas.
La frase que se repite y el cumplido inverso
El mismo Rottemberg deslizó, casi al pasar, otra perlita que merece ser destacada. Comentó que, en lugar del saludo clásico de bienvenida al sanatorio, él le repitió una frase que hace más de veinte años fue tapa de varios noteros y motivo de largas discusiones en las mesas de los domingos: qué país le vamos a dejar a Mirtha. Cuando la dijo por primera vez, recordó, parecía una afrenta; hoy, con la conductora a punto de cumplir cien años el 23 de febrero próximo, esa pregunta suena menos a denuncia y más a balance. El productor, que conoce a la diva desde los tiempos en que los almuerzos se filmaban en otro canal y otra época, asegura que la ve entera, lúcida y con el mismo pelo blanco repeinado contra el viento del Paraná que se gasta cada vez que vuelve a su casa en la costa.
Yo, que llevo años mirando a Mirtha por sin haberme sentado nunca en su mesa, confieso que esta última internación me dejó con la sensación de que el tiempo no es un número sino un enemigo a veces demasiado consentido. Y a la vez con la certeza de que mientras haya alguien dispuesto a contar lo que pasa cuando una leyenda de cien años vuelve a su casa y pide seguir camino hasta Mar del Plata, todavía vale la pena sentarse un domingo a la noche a ver qué pasa.
“Esta vez la pasé mal”Mirtha Legrand, según el relato de Carlos Rottemberg
