Mate, café o agua fresca: qué tomar cuando el termómetro no da tregua
Un investigador británico explica por qué una infusión caliente puede refrescar el cuerpo en ciertos ambientes y por qué la hidratación sigue siendo la clave en jornadas de calor agobiante.
La mañana se presenta en Buenos Aires con un sol que pega de lleno sobre las veredas y un aire todavía tibio, de esos que anticipan una jornada pesada. En la cocina de cualquier hogar porteño, la duda de siempre: ¿se toma un mate bien caliente, un café recién servido o se estira la mano hasta la botella de agua con hielo de la heladera? La respuesta, según el profesor especializado en bienestar John Tregoning, no es tan simple como parece, y tiene menos que ver con la temperatura del líquido y más con el clima que rodea a quien lo bebe.
Conversando con vecinos del barrio de Belgrano mientras esperamos el colectivo, la primera en opinar es Marta, que vive sobre la calle Sucre: "Yo no suelto el termo ni en enero, ¿eh? Mi viejo decía que el mate caliente refresca más que el agua fría, y la verdad es que algo de razón le asiste, porque tomás diez mates y quedás fresca". Lejos de ser una locura de vecino antiguo, la intuición de Marta coincide con lo que Tregoning describe en su explicación sobre cómo el cuerpo gestiona el calor.
El doble juego de la bebida caliente
Para el especialista, la bebida caliente incorpora calor al organismo en un primer momento, pero al mismo tiempo estimula la transpiración. El punto decisivo es qué pasa después con ese sudor. Si el ambiente es seco y hay una corriente de aire, una brisa o directamente un ventilador funcionando, la transpiración se evapora y se lleva consigo energía térmica del cuerpo, lo que produce una sensación de alivio. En cambio, si la habitación está húmeda y sin ventilación, el sudor se acumula, empapa la ropa o chorrea sin evaporarse, y entonces el calor que aportó la infusión termina siendo más difícil de compensar.
“Lo que refresca no es la bebida en sí, sino la capacidad del cuerpo de liberar calor a través del sudor, y eso depende del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Esta diferencia explica por qué el mismo mate puede sentar bien en una plaza con algo de viento y resultar agobiante en un living cerrado después de una tormenta. La humedad del aire y la falta de circulación son, según la explicación, los dos factores que pueden transformar una estrategia reconfortante en una sobrecarga de calor.
La hidratación, siempre por encima de la temperatura
Más allá de la discusión entre frío y caliente, Tregoning es claro al ordenar las prioridades: lo fundamental es reponer líquidos con frecuencia. La temperatura de la taza o del vaso ocupa un segundo plano frente a la hidratación y a las condiciones del entorno. Las bebidas frías ofrecen una sensación inmediata de frescura y reducen la percepción de calor, mientras que las calientes pueden favorecer la pérdida de calor mediante una mayor transpiración, siempre que se den las condiciones ya mencionadas. Ninguna de las dos opciones es mejor en términos absolutos: todo depende del clima y del lugar.
- En un ambiente seco y ventilado, la bebida caliente puede favorecer la pérdida de calor a través de la transpiración.
- En un ambiente húmedo y sin circulación de aire, la bebida caliente puede sumar calor en lugar de aliviar.
- Las bebidas frías dan una sensación inmediata de frescura, aunque el efecto suele ser pasajero.
- La hidratación constante es la recomendación central, más allá de elegir una temperatura determinada.
Mientras el sol sigue subiendo y la térmica empieza a empujar los treinta grados, me despido de Marta con la promesa de volver a charlar cuando caiga la tarde. Antes de subir al colectivo, no queda más que hacerse la pregunta que dejó planteada Tregoning, y que también circuló entre los vecinos de la parada: ¿qué bebidas preferís para acompañar los días de calor? La ciencia ayuda a entender el mecanismo, pero la elección final suele ser tan personal como el sabor del primer mate de la mañana.
